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El dinosaurio todavía estaba allí

Sandra Delaporte: “Una ciudad sin cultura de salas de conciertos es una ciudad pobre”

  • La cantante y compositora hace un llamamiento a la sociedad: “Tenemos que seguir luchando para que más gente entienda el feminismo como algo natural”
  • Este agosto, distintos creadores y trabajadores de la cultura miden los efectos de la pandemia en sus sectores y en sus propias vidas
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Publicada el 25/08/2021 a las 06:00
Sandra Delaporte junto a Sergio

Sandra Delaporte y Sergio Salvi, componentes de Delaporte.

EP

Sandra Delaporte (Madrid, 1994) está cada día más presente en la escena de la música electrónica. La cantante y compositora es solista del dúo Delaporte, al que da vida junto a su compañero Sergio Salvi. Pese a las dificultades vividas en los meses pasados cree que las cosas van a ir a mejor: “Tengo muchas ganas de todo lo que viene. A priori parece que todo se está normalizando, podemos viajar y empezamos a tener más libertad”, dice.

Su último álbum, Las montañas (octubre, 2020) fue publicado durante la pandemia y dio pie a un proyecto consecutivo, Titanas, que reúne a diversas artistas como Amaral, Rozalén o Zahara para cantar algunos de los temas del disco a dúo con Sandra: “Llevábamos tiempo queriendo hacer algo de piña con otras mujeres de la industria musical. Hablamos con Amaral, le propuse hacer esto y dijo que sí, y a partir de ahí se fue sumando gente al proyecto”, relata la artista.

P. Dígame un destino de verano al que soñara con ir durante el confinamiento, para sobrellevarlo, y uno al que irás este año… ¿Coinciden?

R. Sí que coinciden. Es Kirguistán, un país muy montañoso de Asia Central. Cuando empezó la pandemia tenía un viaje planeado para finales de marzo. Se pospuso, pero este verano lo he podido realizar.

P. Ahora que supuestamente encaramos el fin de la pandemia… ¿Tiene miedo de lo que viene? En caso afirmativo. ¿Se lo ha infundido de alguna manera el coronavirus?

R. Casi nunca tengo miedo al futuro. De hecho tengo muchas ganas de todo lo que viene. Primero, porque podemos viajar y empezamos a tener más libertad. Segundo, porque a priori parece que todo se está normalizando. Sé que hay cosas que han cambiado, pero hemos crecido a muchos niveles. Y yo he salido más reforzada de cara al futuro. Y respecto a lo que es nuestro trabajo, la música, las giras, implica que vamos a poder volver a tocar en buenas condiciones.

P. ¿Cómo ve el futuro cercano? ¿Nos esperan los brindis de los “felices 20” o más bien lágrimas de una larga crisis?

R. Hay gente que lo está pasando super mal, a nivel personal y económico. En la industria musical ha sido desastroso, road managers, técnicos, backliners… se han visto muy apretados. Recuperar todo esto es lento y costoso, pero lo veo como una entusiasta. Ahora bien, soy consciente de que hay personas que están en una situación muy precaria, que hay que enfrentar una crisis económica y se van a requerir muchas ayudas para salir adelante. Cuanto más mayor eres menos capacidad de empleo tienes. A los jóvenes nos es relativamente más fácil, pero no es igual para todos.

P. ¿Cómo le ha cambiado la pandemia? ¿Ha cambiado de alguna manera lo que considera importante en su día a día o vuelve a ser la de antes?

R. Sí que he cambiado bastante. Antes vivía bastante más acelerada, vivía para lo urgente y no para lo importante. Me sentía un poco títere para llegar a tiempo a todo, cuando en realidad esos compromisos no eran tan relevantes. Prefiero estar un poco más conmigo misma, soy un poco más intransigente. Y creo que la pandemia me ha ayudado a entender lo realmente mal que está alguna gente y empatizar más, ver la dimensión de la precariedad real que hay. Viene de hace años, pero se ha acentuado muchísimo en los últimos meses.

Y también, a raíz de todo esto, me llevo mejor conmigo misma y me concentro mejor en mí. Y hay personas que son vampiros energéticos a los que mantengo lejos: he aprendido a decir que no.

P. Los festivales van regresando, pero las salas siguen cerradas y el otoño espera… ¿Tiene prevista una temporada de salas?¿Cuándo cree que pueden aguantar usted, y el sector, sin este circuito?

R. Tenemos bastantes cosas este otoño, en previsión de que se va a poder hacer. Con la sala Apolo aplazamos la fecha hasta que reabrió. Y el problema es que muchas salas y bares de conciertos de Madrid están cerrando y creo que una ciudad sin cultura de salas es una ciudad pobre, porque allí es donde surge todo. Es muy triste, espero que el resto resistan.

P. Con la llegada del covid, muchos currantes de la música se quedaron sin trabajo y sin paro. ¿Cómo fue su situación? ¿Qué cree que tiene que cambiar para que el gremio de la música esté más protegido?

R. Creo que tiene que haber ayudas, eso de entrada. Y tendría que haber un sindicato de músicos o algo por el estilo para proteger y ayudar a entender nuestro trabajo. Si de entrada una sala dice: “Pago setenta euros por músico en la Jam Session” y los músicos aceptan, cuando dos meses antes estaban cobrando el doble, pues se abarata el precio de tu trabajo. Los que están acostumbrados a cobrar 150 se quedan sin currar, porque cogen a chavales jóvenes que aceptan los 70.

También hay que promover todo esto desde la política, la ciudadanía tendría que entender la música como un sector de empleo tan importante como cualquier otro.

P. Antes de la pandemia muchos advertían sobre el peligro del modelo de grandes festivales que depende del turismo masivo. ¿Estamos volviendo a lo mismo? Y en ese caso… ¿Le preocupa?

R. A mi los festivales me encantan. Es un modelo prácticamente vacacional. Nunca voy a criticar los festivales porque son apuestas que traen mucho dinero a determinadas zonas. Y como artista, nosotros hemos hecho muchísimo público a raíz de girar en festivales. Y los festivales nos han contratado mucho por eso, porque hacemos música divertida a la que la gente se puede enganchar, y puede disfrutar, aunque no nos conozca.

P. De los comportamientos que ha visto en la sociedad en los últimos meses. ¿De qué se enorgullece y de que se avergüenza?

R. Me enorgullece la capacidad de la gente para unirse a una causa y la solidaridad que ha habido con la gente que lo ha estado pasando mal. Las asociaciones de vecinos, comedores sociales… toda esta ayuda ha sido mucho más palpable. Cuando la cosa ha sido urgente he visto una respuesta social muy fuerte y eso ha salvado a muchas personas.

Por otro lado, me avergüenzan otras situaciones. Tengo un amigo que es conductor de metro y siempre va a trabajar en bici. Durante el confinamiento no paraban de insultarle, le tiraban agua y huevos desde los balcones, hasta que tuvo que dejar de ir en bici por estas agresiones. Estos comportamientos, que juzgan y persiguen en base al miedo a los demás, me da bastante pena y me asusta porque retrata una realidad que me pone muy triste.

P. En los últimos meses ha gestado y presentado Titanas, un proyecto feminista que aglutina a artistas como Amaral, Anaju, Belako, Dora, Rigoberta Bandini, Rozalén y Zahara y que busca visibilizar y reivindicar a las mujeres en el espacio de la música en directo. Todo ello en el marco de su último álbum, Las Montañas, que es un viaje de reflexión sobre los obstáculos a superar provenientes de tantos siglos de patriarcado, según tu propia explicación. ¿Cómo lo planteó en sus inicios? ¿Cómo le dio forma e incluyó a las demás artistas?

R. Nosotros llevábamos tiempo queriendo hacer algo de piña con otras mujeres de la industria musical, pero no terminaba de salir adelante por falta de tiempo. Cogimos una lista de titanas con las que nos gustaría hacer cosas y nos pusimos a ella. Hablamos con Amaral, le propuse hacer esto y dijo que sí, y a partir de ahí se fue sumando gente al proyecto. Lo grabamos todo en dos días y salió muy bien, estoy muy contenta y agradecida.

Queremos hacer algún concierto de Titanas pero aún no hay nada cerrado, por la pandemia y los calendarios de cada una de nosotras. Lo que es casi seguro es que estos temas saldrán en formato vinilo.

P. ¿Cuáles son sus expectativas del futuro de las mujeres en la industria musical?

R. Yo creo que el futuro está mejorando para nosotras, hay mejores expectativas, menos prejuicios y menos obstáculos. Cada vez hay que pedir menos permiso para poder ser artista si eres mujer. Se entiende que una artista pueda hacer lo que quiera al igual que cualquier artista hombre. Pero aun así me encuentro constantemente con cosas que recalcan que llevamos siglos y siglos de patriarcado que no se desmontan en 30 años de lucha.

Tenemos que seguir luchando para que más gente entienda el feminismo como algo natural, y más artistas jóvenes comenzarán sus proyectos en un marco muy distinto al que me encontré yo cuando empecé.

P. Si pudiera enviarle un mensaje desde el futuro a su “yo” de marzo de 2020. ¿Qué le diría?

R. Me diría, para ahorrarme la ansiedad y la incertidumbre durante toda la pandemia, que me lo tome todo con más calma, que no me fustigue, y que eventualmente todo irá a mejor. Y que cuando vengan las oportunidades, las aprovecharé.

 

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