En color, mucho mejor

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Ver la vida en blanco y negro es reducir la realidad a un binomio muy simple. La vida es mucho más compleja, mucho más rica que dos colores, mucho más diversa, mucho más interesante. Pero a veces lo olvidamos.

La historia, la más reciente, nos ha llegado así, en blanco y negro, gracias a la magia de la fotografía. Todo lo que ocurrió a partir del siglo XIX empezó a inmortalizarse con esas primeras cámaras fotográficas, instantáneas que recogían personajes, calles, paisajes y, poco a poco, los grandes hitos de la historia: la primera guerra mundial, la liberación de París, los campos de exterminio… La primera foto que se tomó fue en 1826, en Francia. Desde entonces, nuestra percepción de lo que ocurrió en aquella época se ha quedado grabada así, en esas instantáneas desdibujadas, de personajes que nos parecen muy lejanos, un tanto grises, fragmentos de lo que pasó que alguien decidió que pasaran a la historia gracias a un click. Y que, desde luego, recogen un momento, un instante, de una realidad mucho más compleja.

Hace unos días, la fotografía de un chico, apoyado en una pared, dio la vuelta al mundo. Parecía un modelo de una revista de moda, posando con las últimas tendencias primavera-verano de alguna firma conocida. Pelo estudiadamente despeinado, jersey suelto, mirada perdida, un tanto seductora... No tenía nada de novedoso, excepto por su pie de foto: la imagen se había tomado en 1865. El tipo no era modelo, era uno de los hombres que atentaron contra Abraham Lincoln y, si te fijabas bien, justo por donde se cortaba la imagen, se veía que llevaba unos grilletes en las manos. La imagen se tomó justo tras su detención y semanas antes de ser ejecutado, ahorcado.

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Esa foto forma parte de la colección de un libro titulado El color del tiempo.El color del tiempo Ahí se ve el desembarco de Normandía con su cielo plomizo anunciando la masacre que iba a suponer aquella operación, también el Palacio de Versalles repleto de gente, testigos de la firma del tratado con el que se puso fin a la Primera Guerra Mundial, a Marie Curie en su estudio…

Estos días en los que todo parece dividirse así, en blancos y negros, deberíamos aprender a darle un poco de color, a entender que la vida es mucho más que dos colores tan opuestos, que no todo se dirime entre antagónicos y que encontrar y reconocer a los iguales en una gama tan amplia suma.

Los análisis de lo que ha pasado en Madrid, del triunfo de Ayuso, de la derrota del PSOE, de la desaparición de Ciudadanos, también se están haciendo en ese blanco y negro. Hay una cascada de declaraciones que van desde la euforia hasta el ninguneo del rival. Creo que, pasado el ruido, el enorme ruido y estruendo que ha supuesto esta campaña, llega el momento de meter sonidos a este día a día, meterle mucho color para dejar de mirar al pasado en blanco y negro y entender que esto no va de bandos, de extremos, sino de matices maravillosos que nos hacen cambiar la perspectiva. Espero que todos lo entendamos así porque de esto va la convivencia, de esto va evitar cometer los mismos errores de esas fotografías que nos enseñaban cómo ha sido nuestra historia más reciente. Hay que meterle color a este tiempo tan gris.

Ver la vida en blanco y negro es reducir la realidad a un binomio muy simple. La vida es mucho más compleja, mucho más rica que dos colores, mucho más diversa, mucho más interesante. Pero a veces lo olvidamos.

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