Desde la tramoya

Carniceros en el quirófano

El relato del Gobierno lo entiende hasta mi hijo de cinco años. España estaba muy enferma y gracias a las manos expertas del cirujano Rajoy y su equipo, ahora ya se recupera. No ha habido en estos cuatro años de legislatura ninguna otra historia que contar. Era previsible. Hace tres años y medio, en el diario El País y con el título Cien días en el quirófano, se anticipaba la narrativa: “Pase lo que pase, basta con que la situación dentro de un par de años sea algo mejor que hoy para que el ufano presidente Rajoy y su equipo puedan decir que su tratamiento ya produce efectos. Digamos que allá por 2014 es probable que empiece a hablarse del milagro Rajoy, como sin rubor se habló por el año 2000 del milagro Aznar.”

El vídeo que presentó el miércoles el PP para hacer balance de estos años, cuenta exactamente eso. No importa mucho que el spot sea idéntico al usado en la República Dominicana por Leonel Fernández hace unos años. Hay por ahí algún asesor del PP que tiene la costumbre de repetir las mismas piezas en distintos países, pero lo cierto es que la creatividad en los materiales electorales es muy conservadora y reiterativa. Y puede perdonarse por eso que el PP no sea imaginativo.

Más allá de la mofa que el vídeo suscitó de inmediato en los adversarios del PP, lo cierto es que la metáfora del quirófano expresa muy bien lo que Rajoy quiere contar en los próximos dos meses, hasta las elecciones del 20-D: a) Sólo importa la economía. b) El Gobierno ha salvado a España de la quiebra. Y c), sería un error dejar que gobernara ahora cualquiera de esa pandilla de neófitos inexpertos de enfrente, que podrían provocar “una recaída”.

Siguiéndole el juego al PP, podríamos sin embargo imaginar otro vídeo alternativo. Frente a la España curada, joven y guapa que los populares presentan mirando esperanzada al horizonte con la rojigualda pintada en la cara, los supuestos médicos dejan una España achacosa. Con una Cataluña enfadada y con un bloqueo político sin precedentes. Con un nivel de desempleo que es prácticamente el mismo que Rajoy recibió de Zapatero. Con niveles de desigualdad nunca vistos. Con una clase media y trabajadora empobrecida en su economía y también en sus derechos, mientras los más ricos incrementan ganancias, se benefician de amnistías fiscales o se llevan la mejor parte de las muy selectivas bajadas de impuestos de última hora. Más que un médico minucioso e impoluto como el que muestra el vídeo –barbado como Rajoy, por cierto–, el presidente se ha comportado como un carnicero solícito: “¿Por dónde quiere que se lo corte, señora Merkel?”.

En lugar de un equipo de cirugía integrado y profesional, como el que se nos presenta en la narrativa del PP, lo cierto es que hemos visto que los médicos fumaban en el quirófano y jugaban a las cartas mientras el paciente sufría en la camilla. La muy aznarista Cayetana Alvarez de Toledo denunciaba el mismo miércoles de la presentación del spot, en un artículo en El Mundo, la desidia, el desdén y la impasibilidad con que Rajoy se ha movido estos años. Ella no lo mencionaba en su artículo, pero hay que recordar además el increíble nivel de corrupción, clientelismo y suciedad que ha inundado al PP, incluyendo trampas como destruir pruebas en los ordenadores de su sede central.

El PP nunca ha sido muy habilidoso con sus vídeos. Tampoco con éste, que lleva la metáfora demasiado lejos. En Twitter alguien tardó muy poco en señalar que el vídeo se había rodado con seguridad en un hospital privado, porque en los públicos hay lista de espera. En la política se juega tanto con la verdad como con lo meramente verosímil. Y ese quirófano impecable y esa joven recuperada y ese médico adorable, no se parecen en nada a lo que el indolente Rajoy deja a nuestro país.

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