El fetichismo de Trump por los zapatos Pilar Portero
Lo detallista que es Trump y lo que se preocupa por los pies ajenos. Otro fetichismo que añadir a la lista, el retifismo, que es el apellido de esta parafilia. Mucho menos perverso que tener en el objetivo a adolescentes menores de edad, por ejemplo. En el muestrario de erotopatías de este hombre, la obsesión con los zapatos ha sido tema de conversación esta semana, lo que nos ha resultado mucho más aceptable que bombardear Irán. Con las dificultades propias de la edad para consumar el acto, los zapatos masculinos parecen haberse convertido en su mayor fuente de placer sexual.
Ahora se ha dedicado a regalar zapatos de caballero a su equipo, sencillamente porque le excita sentarse en una cumbre y saber que más de uno está sufriendo, ya sea por pequeños o demasiado holgados, pues el jefe elige la talla a ojo para que sea una sorpresa. Y exige además que se los calcen, preguntando dónde están en caso de no verlos en los pies. Le pone tanto, que a Marco Rubio le obsequió un par dos números mayor y con pinta de haber sido usados ya por el presidente, con las marcas en el empeine típicas del desgaste y un ancho especial que coincide con los pies hinchados de Trump. Ni tan siquiera los payasos los llevan tan grandes. Estaba demasiado en el foco con tanta invasión y había que ridiculizarlo. Se habrá creído este hijo de inmigrantes cubanos que puede rivalizar en popularidad con el líder.
El modelo elegido es el prototipo de lo que un americano hortera considera elegante y adecuado para su estatus. Es una versión del clásico modelo Oxford, serio y con cordones, que en la versión de la marca estadounidense, Florsheim, incorpora detalles que le despojan del toque british. La punta es más afilada, la piel brilla por encima de sus posibilidades con un toque acharolado y el brogue o perforado resulta burdo. Perfectos para la panda de secuaces de la Casa Blanca y aledaños. Como curiosidad, los fabricantes mantienen un litigio por las tasas locas impuestas por la Administración y el consiguiente impacto en la cuenta de resultados.
En los zapatos es en lo que más coinciden Sánchez y Feijóo, que no es poco. “Oye, ¿qué talla usas?, porque igual podemos intercambiarnos los zapatos”. Que es una metáfora de ponerse en el lugar del otro
Aquí en España, a nuestros políticos les gusta que su calzado pase desapercibido, y no se atreven a romper las reglas no escritas de que con traje mejor unos tradicionales zapatos negros de cordones. En los zapatos es en lo que más coinciden Sánchez y Feijóo, que no es poco. “Oye, ¿qué talla usas?, porque igual podemos intercambiarnos los zapatos”. Que es una metáfora de ponerse en el lugar del otro. Menos da una piedra. De hecho serviría para romper el hielo en caso de que algún día vuelvan a reunirse.
Abascal los usa con hebilla lateral simple o doble, de pijo repijo, muy de Feria de Abril, y en color marrón. El dirigente de Vox les saca menos brillo que otros, será por lo vago que es. Como es un zapato que cuesta domar, cuando lo logra no se los quita de encima y por eso la puntera suele estar desgastada. Estos días que están de gira por Castilla y León, es el único que sigue con ellos, no sabemos si se los quita para dormir. Y no será por dinero, porque según han denunciado diversos miembros territoriales de Vox que acusan a Abascal de forrarse, el desvío de fondos parlamentarios a la fundación Disenso es una práctica habitual.
Feijóo en modo informal se planta mocasines de ante marrón y Sánchez de sport elige deportivas de tejido cómodo, como de jubilado, igual para crear un vínculo. Sufrir lo justo y que no sea por unos zapatos. Los ex presidentes son más de mocasines, como Felipe, Aznar, Rajoy y Zapatero. No tienen estilistas que les susurren al oído. Ya quisiera el equipo de Trump tener esa libertad para poder decidir qué se pone. Ellos se lo han buscado, ahora son el blanco de los apetitos del jefe.
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