Desde la tramoya

En el lugar de Rajoy

Vaya por delante que yo pienso como prácticamente cualquier ciudadano a quien se le pusieran delante los datos que ya conocemos. Rajoy era el máximo responsable de un partido que ha convivido con la corrupción de manera sistemática; que se ha financiado ilegalmente; que ha repartido sobresueldos procedentes de donativos probablemente ilegales; que en Madrid y en Valencia fue epicentro político del clientelismo y el mamoneo sistemáticos.

Y vaya por delante que lo que digo aquí no es en su descargo, sino un intento por desvelar sus trampas mentales –que son similares a las de cualquier otra persona en su situación–.

Está en primer lugar la escenografía. ¿Cómo puede un país serio someter a su presidente al oprobio de sentarse en un banquillo, aunque sea como testigo, en supuesta igualdad con el resto de los ciudadanos? Pues como lo hizo el Tribunal. Sí, al testigo se le llama "testigo", sin más, e incluso se le somete a alguna presión y se le regaña ligeramente. Pero al mismo tiempo se le coloca en un estrado a la misma altura que el Tribunal, para evitar la humillación de la mirada alta de la Justicia sobre el sometido. Se le deja entrar por el garaje para evitarle el paseíllo humillante, se le organiza un perímetro de seguridad con la coordinación de Presidencia y de la Audiencia Nacional (por si alguien aún creía que Montesquieu estaba vivo), para evitar manifestaciones de gritones en los alrededores. Se le cita en verano y se le recibe en la puerta "por respeto institucional".

Nos gustará o no, pero eso es lo que ha pasado. Supongo que el Tribunal y el propio presidente, por supuesto, piensan que eso es lo que tiene que suceder. Que un presidente, que está citado como testigo y no como imputado, no puede ser tratado como uno más.

Segundo, está el "framing" o el enmarcado de sus respuestas ante las preguntas de los fiscales y abogados. No, el presidente jamás recibió "sobresueldos", sino "complementos" salariales. Que alguien explique cuál es la diferencia, aunque es obvio que un sobresueldo es muy feo y un complemento es bonito. Para Rajoy, eran complementos. Allí se repartían, el presidente lo ha confesado sin pudor, "complementos" a los salarios que muchos de los beneficiarios ya tenían como diputados, senadoras, o lo que fueran. Según parece, porque además nadie lo ha negado, en sobres de papel, cada mes. Que se declaraban a Hacienda, dice Rajoy. ¿Y bien? El punto no es que se declararan a Hacienda, sino de dónde venían los billetes.

¿Caja B? Rajoy no sabe nada. Recordemos que para Bárcenas era contabilidad "extracontable". "Caja B" es caca, cantidades "extracontables" suena mejor. Rajoy no se dedicaba a la "contabilidad" sino a la "política". Lo repitió muchas veces. Pío García Escudero dijo exactamente lo mismo. Y yo les creo. Ellos seguramente ni preguntaban de dónde venía el dinero ni a dónde iba. Para eso tienen poderes notariales los tesoreros. Para que sean ellos quienes administren, y ya de paso para agotar e ellos las responsabilidades legales.

Es alucinante que quien dirigiera las campañas del PP durante una década, pueda decir que no se dedicaba a las cuestiones "contables". Pero es probablemente cierto. Cada cual hace el trabajo que le toca, y al jefe no le tocaba el trabajo sucio. En cualquier rincón del mundo se sabe que la culpa de las tropelías de un subordinado es también de su jefe, por responsabilidad política. Pero yo creo que Mariano Rajoy debe pensar: "Toda esa gente con sus sobres, sus donativos y el lío contable, eran gente de Aznar. Y yo puse fin. Que paguen otros". Por eso Correa se convierte simplemente en un "proveedor", al que quizá saludó en un acto, cosa que el presidente ni recuerda. Y yo le creo. Probablemente su cerebro ha olvidado alguno de esos encuentros. Correa estaba en la boda imperial de la hija de Aznar en El Escorial, y en todos los mítines grandes que se organizaban en las grandes ciudades españolas, en los que también hablaba Rajoy, por supuesto. Es imposible –tampoco él ha negado tal cosa– que Rajoy no supiera quién era ese "proveedor", tan eficaz que montaba actos a la americana, con grandes focos, globos y banderas, pagados con dinero donado por constructores y generosos empresarios de otros sectores. Pero una cosa es saber de la existencia de un "proveedor" y otra preguntar de dónde saca el dinero para tanto marketing. No se pregunta y ya está. Y cuando la cosa se complica, como además el tipo es "de los de Aznar", se le echa y punto.

Rajoy salió indemne de su cita con la Justicia a cuenta de la vista número 101 del caso Gürtel, tras años de resistencia pegado a la roca como un percebe gallego (metáfora de Rosa María Artal), por dos motivos:

Primero, porque cree lo que dice. Convierte a Correa, una suerte de testaferro de las campañas del PP, en un simple proveedor. Como seguramente no preguntaba de dónde venía el dinero, porque el no está en la contabilidad, sino en la política, puede decir que no sabía. El y su gente no recibían sobresueldos sino complementos que declaraban a Hacienda. Y además, todo eso sucedió en la época de Aznar, el presidente chulito y arrogante tan distinto de él.

Y segundo, porque como hace ya dos décadas demostró John Zaller en un libro brillante (The Nature and Origins of Mass Opinion), por mucho que incrementes la información, a partir de cierto umbral, más datos redundantes no tienen ya efecto. Ya sabemos que la tierra es redonda o que el PP se financió ilegalmente mientras Rajoy lo dirigía. Por mucho que repitamos ya una cosa o la otra, la opinión pública no va a cambiar mucho. De manera que Rajoy puede permitirse el lujo de irse a veranear a la gallega. Porque no va a veranear a la riojana, claro. Es de sentido común.

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