A la carga

El elefante en la habitación

En inglés se utiliza la expresión de “el elefante en la habitación” para referirse a algo obvio que pasa desapercibido o de lo que nadie quiere hacerse cargo. En la política española tenemos uno de esos “elefantes”, bien grande y hermoso, por cierto.

En la siguiente tabla se muestran los resultados de las elecciones autonómicas de mayo de 2015 en Aragón y los resultados de las elecciones generales de diciembre de 2015 en el conjunto de España:

 

Elecciones autonómicas en Aragón (mayo 2015) Elecciones generales (total nacional) (diciembre 2015)
PP 27,5% 28,7%
PSOE 21,4% 22,01%
Podemos 20,5% 20,7%
Ciudadanos 9,4% 13,9%

Los porcentajes de apoyo a los partidos en Aragón en las autonómicas de 2015 y en el conjunto de España en las generales de ese mismo año fueron prácticamente idénticos. Las consecuencias políticas, sin embargo, no pudieron ser más distintas. En Aragón, PSOE y Podemos llegaron a un sencillo acuerdo de investidura y se constituyó un gobierno socialista con apoyo parlamentario de los podemitas. En España, en cambio, no se dio un entendimiento entre las dos fuerzas políticas y hubo que repetir elecciones.

Tras las elecciones autonómicas y municipales de 2015 se produjeron acuerdos tanto a nivel autonómico como municipal allí donde fue posible: gracias a dichos acuerdos, el PSOE gobierna en Aragón, Baleares, Castilla-La Mancha, Extremadura y Valencia y, a su vez, Podemos gobierna en varios municipios grandes.

Lo que a nivel autonómico y municipal funcionó, a nivel nacional fue inviable. Los dos partidos se encargaron a conciencia de que no hubiera posibilidad de acuerdo. El PSOE de Pedro Sánchez prefirió firmar un pacto con Ciudadanos para presentárselo a Podemos como un hecho consumado. Y Podemos, con sus provocaciones pueriles, se esforzó todo lo que pudo en sacar de sus casillas al PSOE y en cargar de razones al sector más derechista del partido, que veía con horror una alianza de izquierdas. Desde entonces, los dos partidos han jugado a acusarse entre sí de ser responsables de la continuidad del PP.

¿Por qué lo que funcionó a nivel municipal y autonómico ha resultado imposible a nivel nacional? Se ha repetido una y otra vez que la necesidad de contar con el apoyo de algunos partidos nacionalistas en la formación del gobierno nacional complicaba las cosas. A mí esto, sin embargo, me parece un pretexto (sobre este asunto escribí en su día). Al fin y al cabo, este obstáculo se  superó en el pasado: el PSOE formó gobierno en 2004 con el voto favorable de ERC, que ya entonces era un partido independentista: ahora solo era necesaria su abstención, siempre que un partido de orden como el PNV votara a favor. Conseguir la abstención de ERC no requería necesariamente aceptar la celebración de un referéndum en Cataluña y, además, habría permitido dar los primeros pasos para desatascar el conflicto catalán. En todo caso, habría que haberlo intentado en una mesa de negociación, cosa que no llegó a suceder. Cuando circularon rumores, tras las elecciones del 26-J, de que Sánchez podía estar avanzando por esa vía, lo fulminaron sin contemplaciones.

Al actuar de forma tan miope, dejándose llevar por la animosidad tradicional entre partidos de izquierdas, ambas formaciones políticas actuaron en contra de las preferencias de sus votantes, que querían ante todo echar al PP del poder mediante un entendimiento entre PSOE y Podemos. Así lo demostraron varias encuestas en su momento.

Tras la formación del gobierno de Rajoy, los dos partidos han entrado en un proceso introspectivo que les aleja de la ciudadanía. Podemos anda enfrascado en polémicas internas, mirándose el ombligo y encantado de reproducir los comportamientos sectarios que acabaron con IU. El PSOE, por su parte, sigue perdido, tratando sin demasiado éxito de superar el trauma de haber facilitado la continuidad en el gobierno de un partido corrupto hasta la médula.

Da la impresión de que cada uno de los dos partidos está más preocupado por marcar su territorio electoral que por ofrecer una alternativa real al PP. Tanto PSOE como Podemos actúan como si prefirieran asegurar su cuota de representación, aun si eso supone que el PP pueda continuar en el poder un buen número de años. Ninguno de los dos partidos es capaz de ofrecer en estos momentos una explicación razonable de cómo se va a producir la alternancia en el poder mientras el PP continúe fuerte y la izquierda esté dividida en dos fuerzas de tamaño parecido que no están dispuestas a pactar en el Congreso de los Diputados. La idea de que uno los dos partidos de izquierda vaya a despegar electoralmente y en cuatro años pueda superar al PP es una ensoñación. El peligro que se corre con este tipo de estrategias fantasiosas es que el PP acabe protagonizando el periodo más largo de gobierno de nuestra historia democrática.

No tiene sentido que PSOE y Podemos alcancen acuerdos a nivel municipal y autonómico pero luego fracasen a la hora de formar gobierno en España. Ese es el “elefante en la habitación” de la política española. ¿Por qué cortan el paso al PP en los parlamentos regionales y en las grandes ciudades pero no en el Congreso? ¿Acaso no era un imperativo democrático desalojar del poder a un partido carcomido por la corrupción, que ha abusado del poder y que ha puesto en práctica políticas regresivas? ¿No merecía un objetivo así superar desconfianzas, recelos y miedos?

Los conservadores están encantados: han recuperado la tranquilidad, pues saben que Podemos ha iniciado un proceso de ensimismamiento auto-destructivo y el PSOE ha apostado por garantizar el gobierno de la derecha. No podían figurarse hace tan solo dos años que las cosas les saldrían tan bien.

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