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La inflación también vota en las europeas

Buzón de voz

El fracaso es todo un éxito

Petros Márkaris, el Vázquez Montalbán griego, el otro Camilleri de la novela negra mediterránea, sitúa la tercera entrega de su trilogía sobre la crisis en la nochevieja de 2013. La gente llora o celebra en Atenas la salida del euro y la vuelta al dracma. En la plaza Syntagma ondean algunas banderas españolas, porque también España se ve obligada a salir del euro y volver a la peseta. Italia está en camino de recuperar la lira.

Que no se cumpla el escenario dibujado por Márkaris es el primer argumento de éxito que proclaman en las filas del PP. "Pudo ser mucho peor; estuvimos al borde del rescate total y de la ruptura del euro", asegura un miembro del Gobierno. Lo cual se parece mucho a lo que sostuvo Zapatero después de aquel 10 de mayo de 2010, cuando inició la senda de los recortes y "reformas" hasta llegar al verano de 2011, cuando introdujo con nocturnidad y con apoyo de Rajoy el compromiso de estabilidad presupuestaria en la Constitución. Lo cierto es que estos días andan de visita en Madrid los inspectores de la Troika que examinan periódicamente la salud de la economía española y muy especialmente de su sistema financiero.

El concepto de éxito es muy flexible, pero mantiene un parentesco directo con las expectativas creadas. Mariano Rajoy acaba de corregir al alza la previsión de crecimiento para 2014, en coherencia con lo que el lunes declaró a The Wall Street Journal: "España ha salido de la recesión, pero no de la crisis". Conviene recordar que la economía española había salido de la recesión a principios de 2010, y volvió a caer en ella en 2012, con Rajoy ya en la Moncloa y como consecuencia de las medidas de austeridad impuestas desde Bruselas, Berlín y Francfort desde mediados de 2010.

Verdades y mentiras

Desde el entorno mediático del PP no sólo arropan el mensaje de que la recesión ya es pasado sino que algunos ven brotes verdes como si los fumaran. Es cierto que ha mejorado el sector exterior, pero sería ceguera no relacionar el comportamiento de las exportaciones con el hundimiento de las importaciones, es decir con la parálisis del consumo interno. Es cierto que la prima de riesgo ya no está en la estratosfera, pero resulta imposible meter debajo de la alfombra el dato de que la deuda pública española ha superado el 92% del PIB en el segundo trimestre. Es cierto que ha crecido el turismo extranjero este verano, pero no el volumen de dinero que se han dejado esos turistas.

La argumentación de Rajoy consiste en que los recortes están siendo positivos para la economía, lo que pasa es que la gente aún no percibe esos efectos. No puede percibirlos porque quizás no existen. Porque el crédito sigue tan congelado como el consumo y sobre todo porque la EPA dice que hoy hay 633.500 ocupados menos que hace un año. Y por mucho que alguien se agarre al menor crecimiento del paro registrado, todo el mundo sabe que esa tasa tiene que ver con una mayor emigración, una menor inmigración, un efecto desánimo entre la gente que no encuentra trabajo desde hace años y una caída de la cobertura de desempleo porque hay más parados que han agotado la prestación. Más oscuros no pueden ser los "brotes" en lo que se refiere a empleo, pese al aumento de la precariedad laboral y las reducciones salariales. Todo ello bajo el mandato de quien se presentó como "la solución" al paro.

¿Estamos ante una incipiente recuperación o ante una salida en falso de la crisis, como apunta en un detallado informe el economista Juan Laborda en estas mismas páginas? Esta es la cuestión. Si habrá una fase de recuperación anémica (a pesar de y no por los recortes) que puede conducir a una mayor depresión, como advierten distintos especialistas. 

La brisa de optimismo que se pretende aventar tiene un obvio sentido político, que el propio Rajoy explicaba al influyente diario norteamericano: "Si la gente aprecia que lo que hemos hecho da resultados... si (los votantes) ven que la economía se está moviendo... creo que estaremos en condiciones de recuperarnos". Preguntado por la posibilidad de repetir como candidato del PP, más claro imposible: "No tengo intención de retirarme".

Se diría que Rajoy sigue la máxima de Churchill: "El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin desesperarse". Y nunca se le ha visto desesperado. Ni tras derrotas electorales ni tras ser sorprendido en flagrantes mentiras sobre el caso Bárcenas o en clamorosos silencios sobre sus ingresos como registrador. Tiene dos años largos para intentar exprimir brotes, con la inestimable ayuda de potentes altavoces y confiando en que no se construya una alternativa creíble desde la oposición. Para Woody Allen, "el 80% del éxito consiste en estar allí". Y Rajoy tiene previsto estar, pase lo que pase.

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