Plaza Pública

El machismo entra en campaña

Mercedes Domenech Salinas

"Estuve desafortunado en la forma de expresarme. Si he ofendido a alguien, por supuesto que le pido disculpas". De esta manera se ha excusado el cabeza de lista del Partido Popular para las elecciones europeas seis días después de haber patinado con unas palabras que difícilmente dejarán de perseguirle en su carrera política: "El debate con una mujer es complicado. Si demuestras superioridad intelectual o la acorralas, es machista".

Sus declaraciones se han propagado en medios de comunicación (Financial Times incluido) y a lo largo y ancho del universo virtual, pero quizá haya que analizar el mensaje de Cañete más allá de los titulares.

El exministro:

  1. Reconoce: “Si soy yo mismo, me temo. Porque entraría a matar”. Si no es él mismo, ¿de qué sirve tanto mitin en campaña con su ‘yo’ verdadero oculto ante la ciudadanía que debe elegirle? Demasiado tarde para jugar al ‘Quién es quién’.
  2. Desaparece: Anula entrevista en EsRadio y rechaza solicitudes en LaSexta, Cadena Ser, El País, Efe, El Confidencial y eldiario.es
  3. Enmudece: Evita responder a los periodistas que le esperan a la salida de los actos programados en su agenda. Llegando incluso a usar la burda estrategia de salir por el garaje.

Si esto es así antes del 25-M, ¿cómo podría ser después? ¿Por qué Ana Mato, ministra de Igualdad, asegura no tener que “enmendar la plana a nadie”? Es lógica la duda: ¿qué hubiera acontecido en otros países europeos?

Cañete se ha situado como claro vencedor en todas las encuestas, realizadas previo resbalón. Los resultados del domingo evidenciarán hasta qué punto el electorado castiga a golpe de voto su salida de tono.

Evidentemente la gran beneficiada por este clima electoral ha sido su oponente socialista. Principalmente porque el argumentario político de Valenciano gira (y vuelve a girar) en torno a temas que inciden directamente sobre las mujeres. Ataque a la derecha, defensa de la mujer. Resulta curioso observar sus movimientos estos días. Ella, que siempre ha rechazado la imagen de mujer débil presa de cautiverios, reitera hasta un punto desagradable la frase de Cañete, esa que le permite alojarse en un lugar cercano al victimismo.

María Teresa Fernández de la Vega, siendo vicepresidenta del Gobierno de Zapatero, dijo a raíz de la aprobación de la ley integral contra la violencia de género: “Cada vez que una mujer da un paso, todas avanzamos”. Debería plantearse Valenciano si, con la actitud que ha mantenido estos días, no nos ha hecho retroceder.

Este desliz patriarcal ha zarandeado la monótona y previsible campaña, amén del asesinato de Isabel Carrasco y de la decisión de Interior de investigar mensajes en las redes sociales. Alejados de los continuos cantos de sirena sobre una posible gran coalición, los partidos minoritarios se abren hueco gracias a la pérdida de apoyos de PP y PSOE. Se atisba una leve fractura del bipartidismo.

Una cosa está clara: el poder se mantiene por la hegemonía. La participación el 25-M determinará si se modifican o preservan los territorios simbólicos actuales de la política española.

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