Muros sin Fronteras

¿Un Israel cada vez más antipático, extremista y xenófobo?

Ramón Lobo nueva.

Benjamin Netanyahu ganó el asalto militar en Gaza, pero ha empezado a perder la batalla del relato de lo que sucede en Palestina. No es algo definitivo, solo una tendencia, pero las cosas comienzan a deslizarse en contra de este Israel cada vez más antipático, extremista y xenófobo que tanto gusta a los grupos de extrema derecha de Europa y EEUU. Esta vez han sido 248 palestinos muertos, entre ellos 66 niños y 39 mujeres, además de 1.948 heridos, según los datos del ministro de Salud de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). The New York Times ofrece mucha información en este enlace con mapas y datos de interés. El diario neoyorquino reduce la cifra de muertos a 212.

Es una suerte disponer de un campo de tiro de 365 kilómetros cuadrados, pese a que esté habitado por dos millones de personas, en el que activar la propaganda en caso de urgencia política. Un Gaza dominado por Hamas es una maniobra de distracción permanente. Permite vender que los palestinos son un grupo de barbudos intolerantes que lanzan misiles contra civiles israelíes y acelerar el proceso de ocupación en Cisjordania y Jerusalén Este. La ONG Action on Armed Violence, que ha estudiado varios conflictos, concluye que el 91% de los muertos en un ataque con explosivos en un medio urbano son civiles.

Existe una pulsión suicida en la política cortoplacista del primer ministro Netanyahu. Israel está obligado a ser siempre el más fuerte, más fuerte que todos sus vecinos juntos, de ahí su obsesión con Irán, un enemigo superior. Cualquier aventura militar contra Teherán necesitaría el apoyo material de EEUU. Tener que ser el más fuerte siempre supone una debilidad.

Hay tres cambios de fondo en lo sucedido hace unos días. Es posible que no ayuden a la causa palestina, que se quedó desde hace años sin el amparo de la comunidad internacional, pero perjudican gravemente a Israel.

PRIMER CAMBIO: Hamás se ha presentado como protector de todos los palestinos, más allá de los de Gaza. Dio un ultimátum a Israel para que retirara su Ejército de la explanada de las mezquitas en Jerusalén, el tercer lugar más sagrado del islam tras la Meca y Medina. Esto sirvió de excusa a Netanyahu para provocar la escalada del conflicto en busca de la ganancia política personal. Esta mini guerra en Gaza le ha permitido desbaratar los intentos de formar gobierno alternativo al suyo (ya había fracasado) y garantizarse la continuidad como primer ministro en funciones hasta unas quintas elecciones en poco más de dos años. El plazo para formar gobierno expira el 2 de junio. ¿Habrá sorpresas?

La ANP es una ficción. No es Nacional ni es Autoridad. Está maniatada por la ocupación israelí de Cisjordania y de Jerusalén Este. No tiene un líder carismático desde la muerte de Yasir Arafat. El dirigente de la OLP más importante está en la cárcel. Se llama Marwan Barghouti. Es extremadamente popular entre los palestinos.

Netanyahu afirma que Hamas es un grupo islamista radical. Lo cierto es que ha sido un dique de contención frente a la penetración en Gaza de Al Qaeda, ISIS y grupos similares. Israel apuesta por Hamas frente a la ANP (dominada por la OLP) para dejar claro al mundo que no es posible la paz negociada ni la solución de los dos o tres Estados.

Israel reclama el derecho a defenderse, un derecho que niega a los palestinos aunque sea de manera pacífica. Un ejemplo es lo que sucede en el pueblo cisjordano de Nabi Saleh, y su lucha semanal por el agua con mujeres como Manal Tamini en la vanguardia. Este es el reportaje que publiqué en El Periódico de Catalunya.

SEGUNDO CAMBIO: El estallido de la violencia interna entre judíos y palestinos israelíes en las ciudades mixtas como Lod (la de la estatua de sal bíblica) augura un futuro difícil. Demuestra que no existe una convivencia entre las dos comunidades. Lo que hay es una mera coexistencia repleta de tensión. No hay puentes.

La política israelí ha encallado en la extrema derecha. Está dominada por los colonos armados y los ultra ortodoxos. Netanyahu es su apóstol y su rehén. Perdieron peso los sionistas realistas (Ben Gurion, primer presidente de Israel y Chaim Witzmann) y los sionistas socialistas (Isaac Rabin y Shimon Peres), incluso perdieron peso los centristas como Tipi Livni. Entre los ultra ortodoxos hay un grupo que no reconoce a Israel y simpatiza con los palestinos porque solo Dios les puede entregar la tierra, no basta la conquista militar.

Todo lo que queda son matices dentro de una política de judaización masiva de Israel. La ONG Human Rights Watch lo llama apartheid. No es correcto afirmar que Israel se comporta como la Sudáfrica blanca y racista porque no son casos comparables. Sería una etiqueta, y las etiquetas no explican los contextos.

Al final se han impuesto las tesis de los sionistas revisionistas, que habían perdido en 1935 frente al resto de las corrientes sionistas. Son ultraconservadores, defienden una patria judía en los territorios bíblicos, incluida Cisjordania, pero sin palestinos. El padre de Netanyahu fue un estrecho colaborador de Vladimir Jabotinsky, fundador de esta corriente que ahora domina la política y el lenguaje de Israel. Tras la II Guerra Mundial despreciaron a los judíos asesinados en el Holocausto porque no se defendieron. Sus héroes eran los luchadores del Gueto de Varsovia. Después descubrieron la fuerza paralizante del Holocausto. Europa sigue presa en su memoria: unos participaron en el genocidio; otros, miraron para otro lado. Este enlace del blog de Mered Hakadosh profundiza en este asunto.

Netanyahu ha trabajado para destruir cualquier opción de un Estado palestino sostenible. El retroceso es tal, que solo hablar de esa posibilidad se considera un desafío. Israel tiene bula porque incumple de manera sistemática e histórica las resoluciones de la ONU. Actúa como si estuviera en el Far West. El problema, como decía al principio, es que el Lejano Oeste obligaba a los pistoleros y a los sheriffs a ser los más rápidos siempre. La única garantía de futuro para Israel es la paz, un acuerdo que respete las aspiraciones palestinas reconocidas en los hoy difuntos Acuerdos de Oslo.

Existen cuatro categorías de palestinos: los refugiados en otros países, los de los territorios ocupados, los de Gaza y los palestinos israelíes. Estos últimos representan el 20% de la población de Israel. Son los que no se fueron en 1948 y sus descendientes. A los sionistas revisionistas les encantaría expulsarlos a Jordania y Líbano, o a donde sea, como sucedió hace 73 años, pero los tiempos y el contexto han cambiado.

Además del peligro de una violencia entre comunidades en Israel (judíos y palestino israelíes) está el peligro de una violencia entre judíos. Ya sucedió en los tiempos de la creación del Estado. Estos son los principales grupos. Un libro esencial: Las tribus de Israel de Ana Carbajosa.

Están ocupadas las tierras y el lenguaje. A los territorios palestinos ocupados, Israel los llama “territorios”. Al perder el adjetivo dejan de aplicar (nunca lo hicieron) las Convenciones de Ginebra que obligan al ocupante a cuidar de la población ocupada.

Antisemitismo es otra palabra ocupada. Los palestinos también son semitas. En realidad se puede decir que los palestinos son los judíos de los árabes. Tienen más en común con los judíos de Israel que con gran parte de los árabes de Oriente Próximo y Magreb. La calle árabe admira su coraje; los gobiernos árabes los detestan. Solo han sido un arma, una excusa, jamás una causa común.

Israel tiene una emigración negativa desde 2009. Hay más judíos que deciden irse que judíos que optan por trasladarse a la tierra prometida. Es un peligro estratégico porque los palestinos tienen más hijos. Escribí en 2005 un reportaje titulado Los 129 hijos de Latifi. Lo publicó El País.

Han decidido irse muchos judíos no religiosos o poco religiosos, y los de izquierda que creían en la promesa de Ben Gurion de una tierra para las dos comunidades. Ese Israel cada vez más antipático, extremista y xenófobo que tanto gusta a los grupos de extrema derecha de Europa y EEUU empieza a ser irrespirable para muchos israelíes.

TERCER CAMBIO: una parte de la juventud estadounidense y europea ha dejado de percibir a Israel como la nación ejemplar que lucha por su supervivencia y defiende a los judíos. Ahora lo perciben como un Estado represor que maltrata a parte de la población, practica el apartheid en Cisjordania y Jerusalén Este y bombardea zonas civiles. Las imágenes de los niños muertos son hechos inapelables. Que Hamas y Hezbolá (en Líbano) sean grupos armados o terroristas no da permiso para matar civiles. Esta historia de Ahmed al Mansi y de su hija es demoledora.

La última crisis ha desvelado un cambio de percepción en EEUU, el principal sostenedor de Israel. Además de los congresistas insurgentes del Partido Demócrata (Ocasio-Cortez y otros), están los medios de comunicación. El muy proisraelí The New York Times ha publicado informaciones y artículos impensables hace un par de años. Este Israel de Netanyahu que gusta tanto a las extremas derechas resulta incómodo para muchos demócratas y judíos. Algunos enlaces:

-Qué están pagando tus impuestos en Israel, de Nicholas Kristof.

-Los inquebrantables lazos de la amistad con Israel están temblando, también de Kristof.

-Este tuit de David Axelrod, uno de los principales asesores de Obama:

-Anthony Zurcher escribe sobre un cambio tectónico en las relaciones de los demócratas con Israel.

-Este otro artículo de Bret Stephens, en el que sostiene que antisionismo es antisemitismo, sigue la estela del apoyo incondicional a Israel.

-El conflicto de Gaza aviva la crisis de identidad de los judíos estadounidenses.

El significativo y reciente caso de Emily Wilder, despedida de Associated Press tras la presión de la extrema derecha estadounidense y del lobby sionista porque en su época universitaria escribió algunos tuits en favor de la causa palestina. Wilder es judía.

El intelectual palestino Edward Said sugirió renunciar a los dos Estados y pedir ser israelíes. Los palestinos israelíes representarían entonces el 50% y el sueño sionista de una patria solo judía saltaría por aires. Además de esta, hay tres alternativas: paz y acuerdos, limpieza étnica como en el Kosovo de Milosevic o apartheid. Parece que Netanyahu escogió la tercera.

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