Muros sin Fronteras

El mosquito de los pobres llama a la puerta

Es posible que pese a esta primavera invernal en España, que vaticina un 2016 más caluroso que los récords anteriores de 2015 y 2014, haya aún personas que nieguen la realidad del cambio climático. No voy a escribir hoy sobre ellos, ni sobre los informes de encargo patrocinados por petroleras y demás empresas contaminadoras para rechazar lo que es una evidencia científica, sensorial y visual. Prefiero escribir sobre el aumento de las temperaturas favorecerá la aparición o la reaparición de enfermedades tropicales, como la malaria, erradicada en España en 1964. En el caso del zika, la última amenaza, está claro que el cambio climático favorece su expansión por las Américas.

No sabíamos mucho del zika hasta hace algo menos de un año, cuando las autoridades de Brasil lanzaron una alerta en el noreste del país. En este enlace, la BBC informa sobre el virus: cuáles son sus síntomas y cómo se transmite. Ya existen casos documentados en Brasil, Chile (Isla de Pascua), Colombia, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Surinam, Venezuela y EEUU. Solo el Chile continental y Canadá, uno por los Andes y el otro por el frío, parecen estar fuera de esta alerta lanzada por la OMS.

No hay medicinas preventivas contra el zika, que se transmite mediante la picadura del mosquito Aedes Aegypti, el mismo del dengue y la chikungunya; sus síntomas son parecidos y tienden a confundirse. El primer caso de zika se detectó en 1947 en un mono en el bosque Zika (Uganda), de ahí su nombre.

De momento se sabe que es peligroso para las mujeres embarazadas, ya que puede producir malformaciones congénitas y alteraciones neurológicas en el feto. Hay varios países, como El Salvador, que recomiendan a las mujeres evitar el embarazo durante este año. Las principales aerolíneas que vuelan a las Américas aceptan sin recargo cancelaciones de mujeres que esperen un bebé. El zika puede acabar teniendo efectos demográficos, más por la epidemia del miedo que por la enfermedad en sí.

No existen vacunas, por ahora. Solo cabe una cierta prevención. La industria farmacéutica suele centrarse en los mercados del dolor donde el beneficio está asegurado, no donde lo exige la persistencia de enfermedades graves. Sucedió con el ébola, sucede con la malaria. Los pobres son un mal negocio para el capitalismo salvaje: carecen de dinero para afrontar el pago de los tratamientos. Esto que acabo de escribir puede parecer demagógico, pero es la realidad cotidiana de millones de personas que padecen este tipo de enfermedades.

Según Médicos Sin Fronteras (MSF) cinco enfermedades –malaria, neumonía, sarampión, diarrea y sida– son responsables de la muerte de 10 millones de niños menores de cinco años. Estas enfermedades se agravan en las zonas más pobres debido a la desnutrición. La situación empeorará con la entrada en vigor del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que MSF califica como el peor acuerdo comercial de la historia para el acceso a los medicamentos en los países en desarrollo.

El zika ha saltado a todos los medios de comunicación porque dejó las zonas alejadas de Brasil, país que nos llama la atención porque es la sede de los Juegos Olímpicos. De Brasil ha comenzado a extenderse por el continente, o por los dos si seguimos la contabilidad geográfica de EEUU, un continente en sí mismo obviando Canadá y México, mitad norteamericano, mitad centroamericano. Hasta Obama ha decretado la alerta.

Ahora que amenaza al hombre blanco del norte se convierte en una emergencia global y una noticia de relieve en casi todos los medios. El Gobierno de Brasilia ha movilizado a decenas de miles de soldados, pese a que el mosquito se desarrolla en las aguas insalubres y en medio de la pobreza y poco pueden hacer las armas contra él. Estos gestos tienen más de teatralidad que de rigor; el objetivo de las autoridades brasileñas es que los turistas olímpicos se sientan seguros.

A las autoridades sanitarias mundiales les preocupa la rapidísima expansión del virus. Pese a ser una enfermedad catalogada se sabe poco de ella; no se sabe cómo y por qué causa tanto daño al feto.

En España se han detectado dos casos de dos mujeres latinoamericanas que viven en Cataluña y que debieron contraer el virus en un viaje a sus países de origen. Según las autoridades no representan riesgo alguno para la población. El ministro de Sanidad en funciones, Alfonso Alonso, afirma que la posibilidad de que el mosquito llegue a España es muy remoto. Es una declaración un tanto osada.

Se dan habitualmente dos tendencias contradictorias que se retroalimentan: la exageración noticiosa, a veces impulsada por los responsables políticos (ejemplo: España en la crisis del ébola), y la exageración en dar seguridades a la población. Las enfermedades no conocen fronteras. Aunque las condiciones de salubridad de España son comparables al resto de Europa, la crisis deja un país empobrecido y víctima del cambio climático. Veremos.

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