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La izquierda aplaude la respuesta a los ultras franceses, pero se distancia de la idea del Frente Popular

Muros sin Fronteras

¿Necesitamos perder más libertades o tener menos incompetentes?

Reconozcámoslo: no tenemos ni idea por dónde empezar en la lucha contra el islamismo radical. Desplegamos un teatro de eficacia con el fin de calmar a la opinión pública, no para garantizar su seguridad: miles de policías y militares en las calles, controles exhaustivos en aeropuertos, estaciones de tren, estadios y lugares de concentración de masas; envío de aviones de combate para bombardear Siria; proclamas grandilocuentes sobre la democracia a la vez que se redactan leyes que la cercenan, en las que prima la seguridad sobre la libertad. Quizá habría que pararse un poco y reflexionar, un valor en desuso.

Definir qué es terrorismo para saber contra qué luchamos

No es tan sencillo: nos parecen terrorismo los atentados de París y Bruselas, y el de Lahore por aquello de que son cristianos; de los otros en Bagdad, Saná, Kabul, etc. nos acordamos menos. Decimos que son terrorismo porque su objetivo eran civiles. En el mundo islamista radical, el que promueve personas dispuestas a perder la vida a cambio de matar decenas de infieles, están convencidos de que los terroristas somos nosotros. Dicen que impulsamos invasiones en Afganistán e Irak, bombardeamos Siria, Somalia y Libia en los que también mueren civiles. A los palestinos les puede parecer que Israel es un Estado terrorista que emplea una fuerza desproporcionada para aterrorizar a la población; a los israelíes les parece terrorismo que jóvenes palestinos acuchillen o intenten acuchillar a soldados y civiles judíos. Todo depende del punto de vista.

Para vencer en el ajedrez y en la guerra es necesario meterse en la mente del rival, saber cómo piensa, anticipar sus movimientos, saber qué va a hacer y por qué con el fin de protegernos. Para vencer es esencial no despreciar al contrario, sino engrandecerle, considerarle un igual. En el caso del Daesh, Al Qaeda y otros grupos de corte islamista preferimos la propaganda. El problema es que además de emitirla nos la creemos. Nuestros líderes deberían leer o releer El arte de la guerra de Sun Tzu (siempre citado aquí).

Si aceptamos que el enemigo tiene razones objetivas para defender la justicia de su lucha, un paso inteligente sería eliminar o mitigar esas razones. Empecemos por Palestina y la doble moral que se aplica a las acciones de unos y otros. Los palestinos perdieron la tierra, ser noticia y las palabras; cuando hablamos de antisemitismo olvidamos que los palestinos también son semitas. Sería mejor decir antijudaísmo o antisionismo, según el contexto. Los palestinos no cuentan en el juego de Daesh, pero sí en el imaginario del musulmán común. Las palabras son esenciales.

Para lograr que el musulmán común se alinee con nosotros en la lucha contra los salafistas deberíamos disimular nuestros intereses y fomentar un mundo más justo. Las guerras se hacen con armas. Los principales fabricantes de armas se sientan en el Consejo de Seguridad de la ONU; son los que tienen derecho a veto y asiento permanente. ¿Quiénes son los intachables? Sin auctóritas (prestigio, autoridad moral) hay poco que hacer.

Las prisas de Francia no son las de Europa

Proclamar como hacen con François Hollande y Manuel Valls que estamos en guerra es una prueba de su incapacidad, o peor: de su cinismo. Guerra hay en Siria, Irak, Afganistán y Yemen. Francia fue potencia colonizadora en Oriente Próximo tras el hundimiento del Imperio Otomano. Es, junto al Reino Unido, responsable de la creación de países y del trazo de fronteras en defensa de sus intereses particulares. Después entraron en juego EEUU y la URSS.

Francia no es inocente en el genocidio de Ruanda. Sus tropas no se encuentran en Mali, Níger y Republica Centroafricana para defender ninguna democracia frente a Al Qaeda en el Magreb Islámico y grupos como Soldados del Califato, aliados de Daesh, sino para proteger a su multinacional Areva y a las minas de uranio necesarias para sus centrales nucleares.

Saber qué está fallando

¿Dónde ha estado la UE en los atentados de París y Bruselas? El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, fue claro: necesitamos una Unión de Seguridad, palabras que causaron cierto malestar. La UE debe decidir si es una Unión eficaz en la que priman los ciudadanos o un club de primas donas que solo piensan en su silla y en defender lo mandan los mercados.

La UE es la consecuencia del sueño de unos políticos valientes y visionarios que tras la II Guerra Mundial idearon un sistema de unión voluntaria con el fin de crear mecanismos de entendimiento y evitar nuevas contiendas. Se empezó por lo fácil: una unión aduanera y los intereses comunes en el carbón y el acero. El final de la utopía eran los Estados Unidos de Europa. Con la excusa de la crisis de 2008 hemos desandado el camino alejándonos de las posibilidades de una UE política para enrocarnos en la económica. Ambas se necesitan para crecer.

Un FBI europeo

Más Europa significa la coordinación de las policías de los 28 países miembros, intercambio de información, compartir alertas, buscas y capturas. En España tenemos Policía Nacional, Guardia Civil, Ertzaintza, Mossos d'Esquadra y diversas policías locales. ¿Cómo funciona la cooperación entre esos cinco cuerpos y fuerzas? ¿Comparten programas informáticos? ¿Hay protocolos conjuntos para luchar contra el islamismo radical? Si en España tenemos cinco policías, ¿cuántas hay en Europa? ¿65, 70, 80? ¿Trabajan de manera conjunta? ¿Disponen de bases de datos comunes sobre personas radicalizadas, imanes que prediquen el odio y la violencia o combatientes con pasaporte europeo retornados de Siria e Irak?

La respuesta es obvia; el camino, también.

La acumulación de despropósitos por parte de la policía belga –dos cuerpos divididos a su vez en flamencos y valores, escasa cooperación y mucha incompetencia– es solo una muestra de lo que debe ser en el resto de la UE. Los europeos tenemos suerte de que el 87% de los muertos en atentados islamistas desde el año 2000 sean islamistas. Nos protege que no somos el único objetivo, ni siquiera el principal.

The New York Times informó de que la policía belga recibió en diciembre un soplo con la dirección en la que se escondía Salah Abdeslam, el atacante huido de los atentados de París. Le detuvieron tres meses después en el mismo lugar indicado por el soplo. ¿Por qué no se actuó antes? La policía belga sostiene que descubrió la dirección de los terroristas gracias al taxista que los llevó involuntariamente al aeropuerto de Bruselas cargados con las bombas. El mismo diario se pregunta cómo pudo ser así, si el taxista vio las fotos de sus sospechosos cuatro horas después del atentado y la policía entró en el piso 90 minutos después. ¿Era un piso vigilado? ¿Por qué no se actuó? ¿Necesitamos renunciar a libertades o tener menos incompetentes?

Hay voces que sugieren la creación de un FBI en la UE y una agencia de inteligencia europea. Sería mejor llamarla de “espionaje” o “información” porque de momento inteligencia parece que hay poca: tenemos 28 servicios de información que dedican parte de sus presupuestos y agentes a espiarse entre ellos.

Marc Trevidic, ex juez de instrucción del Tribunal Superior de París con mando en la lucha antiterrorista, advirtió en septiembre de que Francia corría peligro de un gran atentado; denunció los recortes aprobados (por Sarkozy) en medios humanos y técnicos.

Por qué se radicaliza la segunda y tercera generación

Cerrar las fronteras sirve de poco porque el problema está dentro. La gran mayoría de los atacantes de París y Bruselas tenía pasaporte europeo, casi todos belgas. Trevidic asegura que llevamos un retraso de 10 años, que ha habido una dejación de funciones desde 1996 en la lucha contra la penetración salafista. Según él, hemos dejado crecer un monstruo del que apenas sabemos nada.

El imam moderado Hocine Benabderrahmane, entrevistado por El País va más lejos; según dice el salafismo ha lanzado una OPA al islam y ha tenido éxito.

Es necesario formar imanes en Europa que sepan que el único encaje del islam en la UE es que respete las normas, a los que profesan otras religiones y los que no profesan ninguna. La UE y los Estados que la forman tienen la obligación de hacer respetar sus valores. El principal es la tolerancia. La mayoría de los imanes que predican en Europa proceden de países islámicos sin tradición democrática y con una fuerte influencia del wahabismo saudí.

No solo es urgente saber qué pasa en barrios como el de Molenbeek (hay muchos más en el Reino Unido, Francia, España, Alemania), es urgente saber cómo funciona la radicalización. Es necesario romper la protección que ofrece la comunidad. Eso no se logra por la fuerza ni con leyes, sino con paciencia y trabajo. Hay que ganarse a los musulmanes moderados; la inmensa mayoría rechaza ataques como los de París y Bruselas.

He aquí algunos datos del Pew Center de gran interés sobre el estado de opinión en el mundo musulmán.

Los refugiados son tan víctimas como nuestros muertos

Los refugiados huyen de un Bruselas cotidiano. Tienen derecho a buscar una vida mejor. La ley internacional nos obliga a acoger a los que escapan de una muerte segura; la ley castiga la denegación de auxilio. La UE viola doblemente sus normas en el acuerdo con Turquía. La mejor manera de conseguir que no vengan a Europa es poner fin a la guerra en Siria para que se sientan seguros de regresar a sus casas.

Así son los barrios del centro de Bruselas donde se gesta el islamismo radical

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La UE debe identificar a cada refugiado, investigar si tiene derecho a demandar asilo, si no ha cometido crímenes o es un delincuente. Es un proceso que no puede prolongarse años. En EEUU, en el mejor de los casos, tarda 24 meses. Canadá ha dado una lección de eficacia: va a recolocar a 20.000 de los 25.000 a los que comprometió en menos de cuatro meses. Solo es necesario tener voluntad política y medios.

Líbano tiene algo más de cinco millones de habitantes, cerca de un 20% son refugiados. La UE cuenta con más de 509 millones de habitantes. Un 20% sería para nosotros 101.800.000 refugiados. Nos caben varias Sirias; antes de la guerra, vivían allí 28 millones. El problema de fondo, el que condiciona la respuesta de la UE, es que la gran mayoría de los refugiados sirios son musulmanes; algo que conecta el inconsciente colectivo con los atacantes de París y Bruselas y los prejuicios que tenemos sobre el islam.

Los principales beneficiados de esta situación son los partidos y grupos de extrema derecha europeos que suben en las encuestas. Estamos atrapados entre fanáticos religiosos, fascistas y gobiernos incompetentes que solo defienden intereses económicos, los del 1%. Comparten responsabilidad gran parte del 99% restante que mira para otro lado y vota lo que vota.

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