Muros sin Fronteras

El plan 250.000 muertos después

No tenemos un plan a largo plazo para manejar la crisis de los refugiados (en España es evidente). Occidente carece también de un plan político y militar para acabar con la guerra en Siria. Lo increíble es que nos ha tomado por sorpresa una crisis que arrancó en marzo de 2011 y que ha costado la vida a más de 250.000 personas. Pagamos la ceguera, entre otros errores graves.

Francia y Reino Unido anuncian bombardeos sobre el Estado Islámico en Siria, al que en Oriente Próximo llaman Daesh, su acrónimo en la lengua árabe. Los bombardeos tienen como objetivo dar la impresión de que se está haciendo algo para revertir la situación militar (léase la llegada masiva de refugiados). Quieren tranquilizar a sus opiniones públicas que, por otra parte, están tranquilas y movilizadas para paliar el drama humano que estamos viviendo en los últimos meses.

Bombardear sin un plan concreto puede servir para la propaganda doméstica, pero no para modificar la dinámica de la guerra.

En este vídeo, Kinan Masalmeh, un refugiado sirio de 13 años , da la clave; es una lección de inteligencia. Deberíamos nombrarle ministro de algo. Tiene talento.

Después de cuatro años y medio de conflicto no existen muchas opciones sobre la mesa. En principio habría tres: enviar tropas de tierra (algo descartadísimo), buscar un aliado en el terreno que realice el papel de la infantería y la artillería ligera (como la Alianza del Norte en Afganistán en 2001) o dejar que las cosas sigan como están.

La tercera opción es la más probable dados los antecedentes de incapacidad general de liderazgo. Si las cosas siguen como están, es decir, empeorando cada día, lo más probable es que un número significativo de los cuatro millones de refugiados sirios que están acampados en Turquía, Líbano y Jordania, sobre todo, decidan migrar también hacia Europa. La cuota de 120.000 a repartir entre los 27 de la UE es muy optimista. Serán muchos más. Al tiempo.

La segunda opción es la única razonable. Para aplicarla es necesario decidir antes quién va a ser el aliado. Ya hay movimientos claros en la zona, con la implicación de Turquía. Es el precio que debe pagar para tener mano libre contra sus propios kurdos. El desafío contra Erdogan no vino de las armas, sino de las urnas.

El Daesh (Estado Islámico) no puede ser ese aliado porque es el enemigo. El segundo grupo armado más importante en Siria es el Frente de Al Nusra, aliado de Al Qaeda. Son yihadistas radicales como el Daesh, pero a diferencia de ellos se componen de militantes sirios, e imponen la sharia en sus territorios, pero no se distinguen por grabar ejecuciones. Son algo mas discretos.

Al Nusra recibe ayuda de algunas monarquías del Golfo Pérsico aliadas de EEUU y de Europa que, en este rompecabezas, juegan un doble papel de amigos y de enemigos. Al Nusra no parece una buena opción. Existe una tercera: el Frente Islámico, que es la coalición de diversos grupos, también islamista. Son algo más moderados que el Frente. Su objetivo es derrocar al régimen y crear un Estado Islámico.

El Ejército de Liberación de Siria, que eran los preferidos por Occidente en 2011, ha quedado superado por los acontecimientos, en parte por culpa del mismo Occidente que no se atrevió a darles un apoyo decisivo y armas pesadas. Quedan restos, por lo general descoordinados entre sí.

El último intento de formar un grupo afín acabó en sainete: la llamada División 30 ha terminado con el secuestro de sus jefes y un ataque del Frente al Nusra.

La tragedia es que la única opción a corto plazo parece ser el régimen de Basar el Asad, un dictador responsable de crímenes de guerra , entre otros el lanzamiento de barriles explosivos sobre la población civil, además del uso de armas químicas que quedó documentado en agosto de 2013.

Asad tiene los apoyos de Rusia y China. Asad pertenece a la minoría alauí, que es una secta del chiísmo, mayoritario en Irán. También tiene apoyo de Hezbolá, el partido guerrilla libanés chií que además combate en Irak, al lado de los chiíes de aquel país. EEUU se ha movido desde hace meses en esta dirección, reconocer que Irán representa hoy sus intereses en Oriente Próximo, además de Israel. Este reconocimiento queda reflejado en el acuerdo nuclear que depende aún del voto del Congreso de EEUU.

Irán juega una partida mortal contra Arabia Saudí y las monarquías del golfo. ¿O es al revés? Aunque sería una simplificación hablar de guerra encubierta entre chiíes y suníes no se puede obviar el factor. El último frente es Yemen: los hutíes son chiíes.

Pese a que la política es cínica y no se mueve por valores, sino por intereses, la pirueta es mayúscula: cómo envainarse ahora los cuatro años y medio en dirección contraria, cómo pactar con un régimen asesino sin que se nos caiga la cara de vergüenza. ¿Qué decimos a los familiares de los más de 250.000 muertos y a los millones de refugiados y desplazados?

No parece que Asad esté dispuesto a retirarse, aunque sea solo para disimular.

Él sabe que es la gran baza para los enemigos de Daesh y espera jugarla para su supervivencia. Con él se juegan la vida el 10% de la población siria, que son alauíes. A cambio, Asad querrá comprar inmunidad. Sería un error dársela: merece acabar en La Haya.

El ministro español de Exteriores ya se mueve en esta dirección. España es de los países que obedece más deprisa. Luego está el ministro de Interior con sus cosas de los yihadistas. Esta en la líder del británico Nigel Farange. Ya vio miles encaramados en la verja de Ceuta y Melilla y así lo denunció para que los incrédulos le compraran el bulo.

Es cierto que existe un riesgo de que se infiltren islamistas entre los refugiados, pero no mayor que antes de que empezaran a moverse. Los peligrosos son los islamistas con pasaporte europeo; los que fueron a Siria y regresan a sus países de origen. Ellos no necesitan saltar vallas ni jugarse la vida en el mar, pueden pasar por las mismas fronteras que pasa el ministro de Interior porque son europeos de pleno derecho. Dejar de mentir sería un buen primer paso para tener un plan. Pero eso es una quimera, lo de mentir, claro.

La Siria de hoy no es la España de ayer

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