Ahora que nos jugamos tanto

“Paz mediante la fuerza” es la consigna de Donald Trump para plantarse en el Foro de Davos, la nota al pie de su particular "América First". Ha sido Canadá, no Europa, quien le ha hablado de frente y por todos antes de llegar. El dique moral y el puño en la mesa que el megalómano geopolítico necesita escuchar. De todo un discurso lleno de amenazas, mentiras y coacciones se ha echado atrás en la vía militar para tomar Groenlandia. Ni siquiera el argumento de la seguridad tiene sentido. Puede aumentar la presencia militar, las bases, haberse sentado a negociar con Dinamarca, Groenlandia y la UE. “Europa no va en la dirección correcta”, dice, cuando es Trump quien va en un túnel en dirección contraria contra todos. El peligro es real porque se ha evidenciado este enero de 2026 y es estructural. Una estrategia de fondo en la visión de poder del más fuerte. Siempre ha sido así. La diferencia está en convertir en enemigos a sus aliados. Ir a por ellos. Suave con China y Rusia, duro contra quienes han sostenido los tratados y la propia OTAN que tanto han servido de paraguas de seguridad para los intereses de EEUU y Europa. Que Estrasburgo active sin complejos el mecanismo anticoerción frente a las amenazas comerciales de Estados Unidos ha sido una buena noticia. Los "aranceles cero" a Trump no han servido para contenerle. La congelación al menos es una contestación firme, más útil que la primera posición.

Hoy hay más dictaduras, autocracias e imperialistas que democracias liberales. Y el estado de bienestar que levantó Europa como estado social después de la Segunda Guerra Mundial ha desaparecido de las agendas. Este es el doble reto europeo. Defender el mayor conglomerado de democracias que quedan en pie en el continente y evita un desmantelamiento progresivo que rompe cualquier sociedad. 

Trump y la geopolítica tóxica de los tres bloques ya son política doméstica

Europa se lo juega todo cediendo a la barbarie. Ya tiene a la bestia dentro como para girar la cara a la amenaza real. Aunque frene su voracidad con Groenlandia, la estrategia de fondo de Trump empequeñecerá y dividirá aún más a Europa. La diplomacia de las instituciones comunitarias y sus portavoces se está utilizando a favor del vasallaje americano. En el Pleno de Estrasburgo han coincidido el discurso de Ursula Von Der Leyen y el rey en el 40 aniversario de la adhesión de España. Comparados ambos discursos, el de la presidencia de la Comisión podía haberse escrito con ChatGPT bajo las instrucciones de ‘no molestar’. Europa tiene que señalar a Trump. Hablarle de frente como el primer ministro Mark Carney. Cómo será de vacío el discurso de la presidenta de la Comisión que hasta las limitaciones de Felipe VI  lo han superado. Sostiene el rey que “la fuerza sin principios equivale a la barbarie”. Y más importante: “Los principios sin acciones que los respalden conducen a la frustración y al desencanto”, en clara alusión a las embestidas de Trump y la respuesta europea. 

El discurso del primer ministro canadiense es importante porque, hasta ahora, quienes han hablado y han sido entendidas con mensajes que la sociedad quiere escuchar han sido Marine Le Pen y Meloni. La OTAN no es nada sin Estados Unidos. “Perfecto. Entonces Europa cerrará las bases estadounidenses, romperá los acuerdos comerciales preferenciales y, para que el mensaje llegue, también boicoteará a McDonald's”.

Mark Carney ha definido el momento actual con precisión. “El mundo está en medio de una ruptura, no de una transición." Si lo traemos a la arena nacional, esa ruptura también es propia. El péndulo del malestar ha caído hacia las distintas fórmulas de ultraderecha e impulsos no democráticos. Aquí no hay sociedad, sólo oscuridad. Trump fuerza la sensación de incertidumbre, peligro e inestabilidad con el único fin de paralizar al contrario. Pensar que por su inercia no hay nada que hacer es asumir la entrega a esa barbarie.

La política de apaciguamiento no está funcionando. ¿Cuál es entonces el lenguaje de poder de Europa? 

Trump y la geopolítica tóxica de los tres bloques ya son política doméstica. Como ilustró El Roto en una viñeta durante la guerra de Irak: “Lo llamáis efecto colateral porque no estalla en vuestras malditas cocinas”. Esos misiles ya están aquí

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