Buzón de voz

Veinte años con Bárcenas

Uno de los periodistas más influyentes de España, Pedrojota Ramírez, ha contado en su periódico que Luis Bárcenas le explicó durante cuatro horas, antes de entrar en prisión, los detalles de cómo se financiaba ilegalmente el Partido Popular "al menos los últimos veinte años". Según el relato del extesorero reproducido por el periodista, recibía "donaciones en metálico de constructores y otros empresarios que a su vez obtenían adjudicaciones o contratos de las administraciones gobernadas por el partido". Entregaban el dinero "en bolsas, maletines o maletas", en el despacho del entonces tesorero Álvaro Lapuerta "y en presencia de Bárcenas, en calidad de gerente". Contaban los billetes, los metían en la caja fuerte del partido y cada cual anotaba la entrega en su contabilidad personal, en tarjetas de visita de Lapuerta o en los ya famosos cuadernos cuadriculados de Bárcenas. El relato de las "Cuatro horas con Bárcenas" viene a ser un resumen hípercomprimido y parcial de los "veinte años con Bárcenas" que el PP pretende enterrar en el olvido con el fin de que no sea el partido gobernante quien acabe enterrado por el cúmulo de acusaciones que podría documentar el ilustre encarcelado.

Cuesta imaginar que en cualquier democracia decente no hubieran ocurrido ya un montón de cosas que aquí aún se esperan con notable escepticismo. Sostiene Bárcenas que, después de la publicación de sus papeles en El País, el presidente del Gobierno le puso un mensaje para pedirle "tranquilidad" y que después le comunicó con dos intermediarios (los exministros Michavila y Acebes) para controlar los efectos de la llamada contabilidad B del PP. Y se relata una reunión de Bárcenas con Mariano Rajoy y Javier Arenas en la que acuerdan que el primero deje el puesto de tesorero pero siga cobrando y manteniendo sus privilegios en el partido. Incluso después de hacerse público parte del dineral que Bárcenas esconde en Suiza, éste asegura que Rajoy le transmitió a través de Arenas que lo mejor era "dejarlo todo como estaba".

¿Por qué no hubo registros?

Y seguimos en las mismas, por surrealista que pueda parecer en términos políticos y morales, pero también en términos judiciales. Ya es difícil encontrar a un solo jurista capaz de explicar por qué en ningún momento se solicitó el registro del despacho que Bárcenas ocupaba en la sede nacional del PP; o por qué no se requisaron los ordenadores que utilizaba; o por qué no se comprobó la documentación que podía guardar en su propio domicilio; o la que podía conservar el extesorero Álvaro Lapuerta... Pero cuesta aún más entender que el presidente del Gobierno sea acusado directamente de haber conocido o incluso encubierto posibles delitos relacionados con la financiación ilegal de su partido y no haya respuesta alguna. Rajoy ha esquivado unas vez más las preguntas sobre el caso y prefiere el mutismo, el "ya escampará" o ese marmóreo "dejarlo todo como estaba" que tan excelentes resultados le ha dado en su trayectoria política.

Algunas insinuaciones conviene intentar aclararlas. Por ejemplo, la que alude a que en la contabilidad de Bárcenas figuran "pagos en negro a un ex dirigente del PSOE...". Fuentes muy cercanas al extesorero han confirmado a infoLibre que Ricardo García Damborenea, exdirigente socialista vasco condenado en 1998 por el caso GAL, habría cobrado del PP desde mediados de los años noventa, cuando empezó a reclamar el voto para el partido de Aznar. El señalado prefiere no responder. Al PP, como tantos otros datos de sus cuentas, no le "consta". Y es grave. La denuncia de los GAL y del terrorismo de Estado fue un asunto de capital importancia en la campaña electoral que aupó a Aznar hasta la Moncloa. Si el partido estaba pagando a uno de los principales condenados en aquella trama, toda reivindicación de ética política quedaría reducida a la más obscena hipocresía.

Por muy convencido que esté Rajoy de que el silencio lo cura todo, un presidente del Gobierno no puede mirar al infinito cuando las acusaciones de su extesorero le señalan (al menos) como conocedor y por tanto encubridor de actuaciones que han ido ligadas a la posible comisión de delitos muy graves. "Dejarlo todo como estaba" va a resultar imposible.

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