Qué ven mis ojos

Llámalo kafkiano y te quedarás corto

“El tamaño de una persona depende de hasta dónde llegue, no de dónde se suba”.

Si hay algo que me gusta más bien poco es que a tres de cada cuatro cosas que ocurren en este mundo se las califique de kafkianas, dantescas o surrealistas. Pero en esta ocasión, me rindo, tiro la toalla: lo que está ocurriendo con el asunto catalán se merece los tres adjetivos y los supera, porque incluso juntos le quedan cortos. Los dos mazazos en el gong que dieron este lunes la Fiscalía y el expresidente de la Generalitat, una acusando a los líderes del procés de delitos que conllevarían penas de veinticinco o treinta años de cárcel y parte de los otros marchándose por la puerta de atrás a Bélgica para pedir asilo político, me animan a repetir hoy en público algo que he dicho en privado con frecuencia, a micrófono cerrado, cada vez que tenía que hablar de este tema desgarrador: si no fuera un drama, sería un chiste y nadie lo contaría mejor que Gila con un casco de soldado en la cabeza: "¿Está el enemigo? Que se ponga".

Ni Rajoy ni Puigdemont se han puesto al teléfono en ningún momento de este melodrama, tal vez porque son caracteres antagónicos y por lo tanto irreconciliables, uno partidario de la inacción como método y el otro dado a hacer lo primero que se le pasa por la cabeza, que a las dos de la tarde puede ser convocar unas elecciones autonómicas y a las cinco descartarlas y proclamar la independencia. Ninguno ha llamado al otro y cuando les han puesto entre la espada y la pared más que ofrecerse a dialogar, se han retado a hacerlo, siempre a través de los medios de comunicación y asegurándose de que ponían sus líneas rojas en un sitio por donde no pudiera pasar el otro. Han jugado al gato y el ratón, pero los dos se sentían el gato y uno de ellos estaba equivocado. No hace falta explicar quién.

La petición de la Fiscalía no es tan fiera como parece, dado que le deja un terreno muy amplio al juez o jueza que se encargue del caso: rebelión o sedición, malversación y "delitos conexos" no especificados. De unos a otros hay un mundo, así que cabe preguntarse si el atribulado president no se habrá vuelto a precipitar con su huida, si es que de eso se trata. Lo cierto es que en las últimas horas antes de la escapada, no estuvo reunido con sus consellers sino con sus abogados.

Los encausados en todo este desastre han sido llamados a declarar con urgencia, lo cual quiere decir que si se toman contra ellos medidas cautelares, éstas se aplicarán en plena campaña electoral y podrían utilizarse en uno u otro sentido. El argumento del Estado opresor y de la Justicia entendida como su brazo armado se oiría con fuerza en todos los megáfonos. La exhibición de un Estado sólido en su lucha contra los golpistas de guante blanco, también. En estos momentos, el PP y sus aliados llevan ventaja, porque la convocatoria de elecciones inmediatas demuestra que no se trata de invadir Cataluña y porque no hace falta más que tener ojos para darse cuenta de que mientras los independentistas se vienen abajo, los constitucionalistas toman las calles y a nivel simbólico se produce un golpe lingüístico demoledor: ahora son ellos quienes gritan que votarán.

Nadie puede comprender por qué Puigdemont no quiso o no se atrevió a disolver el Parlament y convocar unas elecciones, cambiar los contenedores por urnas y demostrar ahí hasta dónde lo apoyan los ciudadanos. Es decir, por qué dejó al Gobierno hacer exactamente lo mismo que él tenía pensado y colgarse la medalla. Parece que no le dejaron sus socios, los miembros de una alianza que se desmoronó al primer golpe de viento porque es una suma de elementos incompatibles y fue un matrimonio de conveniencia, de esos que sólo pueden mantenerse cuando las cosas van bien, pero se resquebrajan en cuanto aparece un problema: Junts pel Sí no era un gigante, pero sí que tenía los pies de barro.

Con su viaje a Bruselas, Puigdemont ha pasado en un abrir y cerrar de ojos de presidente de la República a rey en Estoril. Y como suele suceder, lo han dejado solo, ERC ya ha anunciado que concurrirá a las elecciones y la CUP no sólo lo ha dejado caer también sino que ya ha renegado de él y de su alianza, y sus representantes han dicho que en el Govern no estaban preparados para la independencia. Yo que él, cuando me vuelva a cruzar con ellos les daba la mano como lo hacían los legionarios de Roma, cogiéndose mutuamente por el antebrazo, para comprobar que ninguno de los dos llevaba un cuchillo escondido.

Sal del armario y cuando ya estés fuera, préndele fuego

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