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Militares utilitaristas

La ministra de Defensa, Margarita Robles, en su visita a los trabajos de apertura de viales en los accesos y calles de Madrid que está realizando la UME.

Jorge Bravo

Observar a los militares sin armas efectuando labores alejadas de las que se les suponen ha sido una constante durante este último año. Los apoyos para combatir la pandemia, la intervención en inundaciones, nevadas o incendios han mostrado una imagen pública de los miembros de las Fuerzas Armadas que ha ido más allá de lo anecdótico o puntual y de las intervenciones, ya convertidas en cotidianas, de la Unidad Militar de Emergencias (UME) que desde hace años venimos conociendo. Sin embargo, aunque exista el empeño de trasladar una idea de solidaridad, altruismo, de ayuda, en sus intervenciones, poco se conoce sobre los verdaderos fines y responsabilidades de una organización que, por ley, tiene unos cometidos claramente señalados, como cuerpo profesional, y de la vulneración de derechos a sus componentes.

La intervención de las FAS por motivo de catástrofe natural, en los últimos 50 años, ha sido constante, principalmente en situaciones de incendios e inundaciones. Si en la última década ha resultado más notoria su actuación, ha sido sin duda con motivo de la actuación de la mencionada UME que, desde su creación en el año 2005, ha actuado en todas las emergencias declaradas.

Solo en este último año la UME y otras unidades de las FAS han realizado una gran actividad, fuera de los cuarteles, de apoyo a la población. Principalmente en el ámbito de la Operación Balmis, con una duración de casi 100 días y con más de 20.000 intervenciones desinfectando instalaciones críticas (aeropuertos, metro, estaciones de ferrocarril, etc.), centros de atención a personas con diferentes discapacidades, residencias de mayores, entre otras, pero sin dejar de atender otras emergencias provocadas por incendios en bosques, inundaciones y nevadas.

Con anterioridad a la creación de la UME, se realizaban intervenciones de apoyo incluso en situaciones sociales críticas como en el caso de las provocadas por huelgas de transportes, así como apoyos a corporaciones locales en obras públicas y otras actuaciones de muy distinta índole, siempre en beneficio de la población. Los emperadores romanos ya utilizaban a las legiones como mano de obra para la ayuda en el levantamiento de ciudades, construyendo obras civiles, y existen muchos otros ejemplos a lo largo de la Historia donde la mano de obra barata y sumisa es utilizada por los gobernantes sin importar la componente de explotación y vulneración de los derechos de los trabajadores que ello conlleva.

La Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional establece como misión de las FAS “preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, conforme a lo establecido en la legislación vigente”. Supone un gran avance del Estado en la transformación de las FAS para adecuarlas a los nuevos escenarios que han ido surgiendo paralelamente a la disminución de las guerras convencionales y a la seguridad que demanda la sociedad, principalmente en áreas donde la inmediatez en la actuación y la disponibilidad de medios son esenciales.

No se puede obviar que unas FAS, organización al servicio del Estado, que tienen como principales parámetros de actuación la inmediatez, la profesionalización, la preparación y, en definitiva, una gran capacidad de respuesta, sean una herramienta fundamental para contrarrestar las posibles catástrofes a las que nos tengamos que enfrentar. Y por ello se deben prever, en términos operativos, la organización, los medios a utilizar y el empleo del personal.

Siendo el objetivo de la UME la actuación en catástrofes se infiere que su organización, medios y personal son elementos que están acordes a lo que demanda su objetivo. Sin embargo, otras unidades también realizan actuaciones en catástrofes y apoyos a la población civil, pero no cuentan en la intervención con esta organización, preparación y medios. Son hombres y mujeres que sin reconocimiento, protección y salvaguarda de sus derechos realizan la labor fundamental.

No es difícil deducir, cuando conocemos del trabajo de las FAS en intervenciones por algunas de las causas que estamos comentando, que sus miembros lo hacen en condiciones de penosidad, muchas veces de peligrosidad y apartados de su lugar habitual de trabajo y también lejos del domicilio familiar. Lo realizan en jornadas continuadas que se extienden durante días y semanas. Y desde los máximos responsables tanto militares como ministeriales, no se deja de lanzar una idea que transmite una falsa sensación de que esos hombres y mujeres parecen trabajar desde una voluntariedad basada en su solidaridad, capacidad de sacrificio, altruismo y vocación de servicio por los demás. Por eso, el reconocimiento en actuaciones extraordinarias viene con agradecimientos, medallas y actos protocolarios en sustitución o supresión de la adecuación económica o el debido descanso y la debida atención a la conciliación personal, familiar y profesional.

Los militares en general y los que intervienen en estas situaciones de catástrofe o calamidad, no tienen retribuidas las horas extraordinarias, el trabajo con nocturnidad, las jornadas laborales en días festivos, y muchos de ellos tampoco tienen retribuida la peligrosidad y penosidad que conllevan esos trabajos. La voluntariedad en la elección de un destino o puesto de trabajo no conlleva la renuncia a unas justas retribuciones y unas condiciones de trabajo dignas y acordes a los derechos de los trabajadores.

Sindicatos de bomberos y organizaciones de trabajadores relacionadas con Protección Civil denuncian continuamente el intrusismo profesional que pueden suponer, en muchos casos, las actuaciones de las FAS, en concreto de la UME, en lo que es un intento de disponer de una “mano de obra” mucho más barata y en condiciones de falta de derechos laborales, basándose en la prohibición de sindicación que tienen los miembros de las FAS. Uno de los elementos de “persuasión” que tiene la UME es que sus puestos de trabajo son de “libre designación”, es decir, que están continuamente expuestos a perder su puesto de trabajo si sus jefes así lo consideran.

No hay que olvidar que el atractivo de trabajar en la UME no lo es solo por las características especiales de sus cometidos, sino también por unas retribuciones complementarias que, en muchos casos, suponen un tercio más de lo que se percibe en cualquier otra unidad militar; esto para un mileurista no es nada desdeñable.

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Los miembros de las FAS trabajan de forma profesional, no a golpe de altruismo y solidaridad, características o valores de la persona que pueden estar en su motivación a la hora de elegir una profesión. El trabajo en una intervención por catástrofe no se produce mediante una llamada al voluntarismo o a la solidaridad, sino que se trata de un acto estrictamente profesional, para lo que esas personas son preparadas, instruidas y retribuidas. Por eso todo ello debe efectuarse bajo un paraguas estrictamente legal y basado en unas condiciones dignas y totalmente respetuosas con lo que exigen los derechos fundamentales y en concreto el derecho laboral.

Las soflamas públicas de enaltecimiento de ciertos valores de los miembros de las FAS enmascaran la vulneración de derechos y el sometimiento y explotación de los trabajadores, dando además una falsa idea de la asunción “voluntaria” de una renuncia a los derechos en las condiciones de trabajo.

Los hombres y mujeres militares son trabajadores y el mejor reconocimiento que pueden tener a su labor es que la aplicación de los derechos de los trabajadores llegue con toda su amplitud a su ámbito profesional.

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