La adaptación al cambio climático debe incluir responsabilidades penales de los políticos

De ahora en adelante, las medidas de adaptación al cambio climático también deben incluir un proceso de reforma de nuestras leyes, que permita exigir responsabilidades penales a los políticos, por negligencia criminal, cuando apliquen políticas que destruyan el medio ambiente.

El futuro sobre cual nos han advertido durante décadas ha llegado. Armados con modelos estadísticos detallados, ampliamente disponibles y accesibles, los científicos nos imploraron que les prestáramos atención. En 2021 dieron la señal de alarma en las Naciones Unidas, cuando el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) declaró la alerta roja para la humanidad. Esa realidad se manifiesta hoy en nuestras pantallas, grandes y pequeñas, mientras presenciamos otra catástrofe provocada por nosotros. Nos sentimos impotentes; pero ¿lo somos realmente? 

Ahora que los incendios forestales se extienden por el sur de Europa, conviene saber que las compañías petroleras y gasísticas conocían de sobra desde la década de los cincuenta las consecuencias de sus actividades. Hace dos años, el Centro de Investigaciones Climáticas sacó a la luz documentos que datan de 1955 y 1956, en los que el prestigioso científico Charles David Keeling explicaba cómo los combustibles fósiles provocan un aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera de nuestro planeta.

Por supuesto, en una época en la que las informaciones eran un privilegio reservado a unos pocos, el todopoderoso lobby del petróleo y el gas rápidamente tomó medidas para neutralizar el impacto del estudio. La industria se aseguró de que, para cuando las generaciones actuales tuvieran acceso total a esos datos, la percepción pública ya hubiera sido moldeada para servir a sus intereses.

Quienes estudiamos la desinformación usamos el término "contaminación informativa" con razón. Sabemos que una campaña de influencia debe incluir ciertos elementos para considerarse una operación de distorsión de la realidad: actores malintencionados, incentivos, intención, objetivos, canales seleccionados y explotación. Cuando las opiniones han sido manipuladas por la propaganda durante generaciones, desacreditando a la ciencia, comprando políticos y fomentando la polarización, las tecnologías actuales, que permiten la microsegmentación mediante algoritmos, son solo el último empujón hacia el abismo del caos social. 

Las mayores campañas de desinformación documentadas de nuestro tiempo han sido llevadas a cabo por actores estatales con el objetivo de desestabilizar las democracias y sus procesos electorales, y por el lobby del petróleo y el gas, que siembra deliberadamente la desconfianza social para proteger sus intereses económicos.

Como sociedad civil, tenemos el poder de actuar. Es nuestra responsabilidad hacerlo con más urgencia y resolución que nunca

El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) revela redes transfronterizas, estrategias de lobby y flujos financieros utilizados para influir en las políticas energéticas y climáticas, mediante campañas de relaciones públicas y estudios pautados por la industria. 

La Red Global de Periodismo de Investigación (GIJN) publicó una guía para investigar el lobby de los combustibles fósiles. En ella se indican documentos internos que demuestran que la industria conocía los riesgos climáticos y difundía deliberadamente mensajes destinados a sembrar la duda y debilitar las regulaciones. La guía también detalla contrataciones fraudulentas y las puertas giratorias entre la industria y los gobiernos. 

El consorcio de medios EIC (European Investigative Collaborations) describió extensamente el lobby en torno a las infraestructuras y las subvenciones al gas en Europa, así como la captura de políticas mediante la influencia en los planes energéticos nacionales y las decisiones regulatorias. La investigación también profundizó en el ecocidio amparado por las licencias y la práctica generalizada del ecoblanqueo.

Si bien la transición energética aún debe incluir los tipos de combustible que nuestra infraestructura puede suministrar, a menos que tomemos medidas políticas urgentes y destinemos fondos significativos a la innovación verde, la transformación de la ecuación energética se asemejará menos a una transición y más a una dependencia perpetua de los combustibles fósiles, respaldada por el mismo lobby omnipresente. Lo encontramos escondido tras el miedo de nuestros políticos a tomar medidas audaces que podrían proteger nuestro futuro en un planeta habitable, capaz de sustentar una vida saludable para todos.

Como sociedad civil, tenemos el poder de actuar. Es nuestra responsabilidad hacerlo con más urgencia y resolución que nunca. Vota, comprende la magnitud de la tarea y exige responsabilidades a tus representantes electos, presionándolos para que promulguen leyes que permitan sancionar las malas políticas climáticas. Nuestro bienestar colectivo y, literalmente, el aire que las próximas generaciones podrán respirar (o no) dependen de ello.

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Ioana Belu es fundadora y supervisora ​​científica principal del Cambridge Sustainability Policy Lab.

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