Opinión

Batallas perdidas... o no

Xosé Fortes

Me ha llegado hoy el amplio programa de actos que se celebrarán en Asturias como homenaje a la UMD. Resulta tan novedoso y nos coge con tantos años que no sé si representaremos el papel con el garbo que desearíamos. Parte no menor de la emoción será el hecho de reunirnos un buen número de viejos compañeros de la milicia que ya sólo nos vemos muy de tarde en tarde. Sin necesidad de invocar la batalla de Balaklava, como en Las Cuatro Plumas, me vienen a la cabeza viajes y reuniones clandestinas, declaraciones ante el juez, largos y grises días de prisión, traslados en helicóptero de castillo en castillo, y aquel Consejo de Guerra con aire sumarísimo.

Vuelve a estremecerme el susto que nos llevamos cuando a las dos de la mañana, en pleno debate clandestino sobre el futuro democrático de España, una monjita del convento donde supuestamente estábamos haciendo “ejercicios espirituales”, asomó la cabeza para decirnos que un camión de la Policía Armada se había detenido a la puerta del convento, y que los policías habían comenzado a bajar. Al final sólo querían fumar un cigarrillo pero a nosotros nos tensó la espalda un escalofrío.

Y no puedo evitar la sonrisa al recordar aquella salida de Luis Otero, cuando llevábamos seis horas de tensa espera en la antesala del juzgado, sin saber por qué nos llamaban. “Ya sé de qué van acusarnos ahora: de la muerte de Calvo-Sotelo”. Ante la carcajada general, Otero, completando la chanza, alegó: “Sí, sí, vosotros reíros, pero Pepe Fortes y yo ya habíamos nacido”.

Retengo en mi memoria como si fuera hoy la tensión con que oímos las declaraciones en París de Ignacio Domínguez, Cuchi, el único que había escapado a la redada por encontrarse de vacaciones en el extranjero aquel caluroso mes de julio de 1975. Era lo que habíamos acordado,  pero al mismo tiempo, todos éramos conscientes de que habíamos quemado nuestras naves. No puedo dejar de sonreír al evocar los esfuerzos y burdas maniobras del coronel de prisiones para que las descalificáramos. Aseguraba con rotundidad que, si lo hacíamos, nuestro caso se sobreseiría y nos iríamos a casa. Al preguntarle quién hacía la oferta (si era el ministro, el capitán general, o era una ocurrencia suya) se quedó muy cortado, pero en seguida se repuso y nos dijo: “Bueno, esta tarde bajo a Madrid y mañana os diré si es cosa del ministro, del capitán general, o si se me ha ocurrido a mí”.

Recuerdo también cómo nos enteramos de la muerte del general superlativo. Estábamos durmiendo Otero, Ibarra y yo en el castillo del Hacho (Ceuta) cuando nos despertó un grito profundo que salía del penal de la tropa. Era un ruido sordo, como un movimiento sísmico, que fue in crescendo hasta hacer temblar las paredes de aquel viejo penal que recordaba al cuartel de Beau Geste. No había duda. Era la madrugada del 20 de noviembre.

Lo que, sin duda, ninguno de nosotros olvidaremos nunca, será la tensión de aquel Consejo de Guerra, y el comportamiento de la mayoría de los oficiales asistentes, cuando Manolo Lago, en sus “minutos sacramentales”,  afirmó lisa y llanamente: “Concibo la patria como un marco de convivencia democrático en el que se respeten los derechos humanos y…..”. No pudo seguir. La palabra democracia, por aquellas fechas, aún hacía que muchos militares se levantaran como resortes de sus asientos. “Que les quiten las estrellas, que les peguen cuatro tiros…”

Sin duda, lo más emocionante de los actos de Asturias será el homenaje a la UMD, pero no será menos emotivo, para nosotros, el volver a reunirnos y tomarnos juntos una sidrina.  Ahí nos vemos.

  -----------------------------------------Xosé Fortes. Coronel de Infantería en la reserva y miembro fundador de la UMD

¿Qué sucederá el día siguiente a la elección de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE?

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