Ceuta: una crisis, dos historias
Solemos pensar que, al contar lo que ocurre en el mundo, lo que hacemos es simplemente presentar los hechos, de manera similar a lo que se hace cuando se cartografía una cierta zona geográfica. Del mismo modo que un mapa representa fielmente los recovecos de un determinado lugar en el mundo, una noticia, podríamos pensar, representa fielmente unos hechos determinados. Ni los mapas ni las noticias, sin embargo, funcionan de esa forma.
El 30 de julio de 2026, aproximadamente 72.000 personas entraron de manera descontrolada en Ceuta desde Marruecos, a nado y a pie. Durante las siguientes 36 horas, casi 70.000 regresaron a Marruecos. Más de 80 personas perdieron la vida.
Lo que ocurre en el mundo, como lo que ocurrió en Ceuta, puede narrarse de diferentes maneras, y el modo en el que narramos lo que ocurre cuenta una historia. Uno de los rasgos que exhiben las narrativas, las historias, es que conectan los acontecimientos de una manera particular. Las historias, las narraciones, organizan la información de una determinada manera y no de otra, conectando ciertos hechos con unos eventos y no con otros, dotándolos así de un sentido particular. Explican los cómos y los porqués de lo que ocurre.
Piensa en el clásico pasatiempo en el que tienes que unir con una línea puntos numerados en un papel. Si lo haces de forma consecutiva, 1, 2, 3, acaban formando un elefante, un jarrón. Si te saltas algunos puntos, la imagen aparece deformada; si vuelves a numerar los puntos, los mismos puntos, puede que obtengas una figura completamente diferente. Determinar las coordenadas de cada punto, los hechos, con precisión es crucial, pero en el momento en el que olvidamos que estamos juzgando, engarzando puntos lápiz en mano para construir una historia, estamos ya en manos de otros.
Un aspecto crucial de una organización narrativa es que establece jerarquías: dos narrativas pueden contar exactamente los mismos hechos y, sin embargo, hacer que unos tengan más relevancia que otros. Algunos hechos están, digamos, en primer plano, mientras que otros están más en el trasfondo. Además, las narrativas ofrecen un marco interpretativo, una manera particular de mirar a los hechos. No solo dirigen nuestra atención a unas cuestiones en vez de a otras, sino que además las presentan bajo una determinada mirada.
Las narrativas son herramientas muy poderosas para persuadir porque permiten, entre otras cosas, presentar una historia como si fuera la única representación fiel de ciertos hechos acontecidos en el mundo. Así promueven, de forma más o menos velada, una determinada manera de mirar, una ideología. No podemos dejar de mirar desde algún sitio, pero hay narrativas que nos permiten imaginar que ese sitio ha desaparecido, que flotamos con millones de ojos sobre los hechos para mirar desde ninguna parte.
Es imposible tener en cuenta absolutamente todo lo que tiene que ver con un determinado acontecimiento cuando lo contamos. La cuestión es cuáles son los hechos relevantes y cómo se conectan unos con otros. Los acontecimientos pueden narrarse de muchas maneras, sí, pero esto no equivale a decir que todo vale. Hay narrativas que incluyen hechos falsos, o que conectan hechos reales de forma poco cuidadosa. Hay quienes ven causalidad donde solo hay coincidencia, o que presentan como premeditados sucesos que ocurrieron de manera fortuita. Que nuestra capacidad de dar sentido a lo que ocurre esté ligada a las historias que construimos no excluye que haya narrativas mejores que otras.
Una historia repetida sobre la crisis de Ceuta del 30 de julio de 2026 conecta los acontecimientos que ocurrieron con la sentencia del Tribunal Supremo español, la regularización extraordinaria de personas migrantes en España, las mafias que trafican con seres humanos y la visita de Pedro Sánchez a Argelia. Esta historia, estructurada de una cierta manera, pone el foco de atención en las actuaciones y omisiones del Gobierno de España. Esta, o una similar que comparte plantilla con ella, es la historia que hay detrás de la solicitud de Italia y Finlandia de expulsar a España del espacio Schengen, y de las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo de que Pedro Sánchez conocía la amenaza migratoria sobre Ceuta desde principios de semana y “nada hizo” por evitar la “invasión”.
Pero esta historia, por mucho que se repita, no se siente como mirar desde ningún sitio, como mirar los hechos, flotando, con millones de ojos. Hay algo aquí que nos ata a un punto de vista muy particular. De manera relativamente clara, esta narrativa oculta el carácter estratégico de la crisis en Ceuta. Los hechos que menciona se presentan bajo una determinada luz; otros no se mencionan lo suficiente. La línea de puntos está unida a saltos. El jarrón está deformado. Se hace patente que estamos ante los puntos engarzados por otros; que estamos en sus manos.
Una historia que se presenta como mirando desde ningún sitio pero que mira desde un sitio muy concreto
Según el barómetro de julio de 2026 del CIS, la ciudadanía española señala la inmigración como el segundo problema principal del país, solo por detrás de la vivienda. Ni la corrupción política ni los problemas de índole económica aparecen por encima. En el mismo barómetro, el PSOE aparece por delante del resto de partidos en intención de voto y simpatía, agrandando la ventaja que tenía sobre el PP hacía un mes. La estrategia de la oposición, sugieren estos datos, estaba empezando a perder fuerza. Los descomunales incendios que han asolado España durante el verano, ligados en la prensa a las medidas negacionistas del PP y Vox, junto con los escándalos del ático de Ayuso, estaban haciendo mella.
Pero hay más. Alguien que vota a Vox tiene 4,4 veces más probabilidades de mencionar la inmigración como uno de los tres problemas más importantes para el país que alguien que vota al PSOE. Cuando se pregunta por los problemas que les afectan personalmente, la diferencia es todavía mayor: la probabilidad entre quienes votan a Vox es 7,5 veces mayor. Con respecto a Sumar, las diferencias son incluso mayores.
Algo parecido ocurre cuando miramos dónde se sitúan ideológicamente quienes mencionan la inmigración como problema nacional: el 21,7% se dicen de izquierda, el 33,5% de centro y el 44,7% de derecha. Como problema personal, la diferencia es todavía más pronunciada: 20,6% de izquierda, 27,6% de centro y 51,8% de derecha.
Pero en el centro del tablero político, especialmente, ocurre algo interesante: hay un salto importante entre lo nacional y lo personal. Hay bastante más gente que ve la inmigración como un problema nacional que como un problema personal. Por cada persona del centro que la menciona como problema propio hay 2,6 que la mencionan como problema del país. Ese desajuste puede verse como un incentivo para las campañas de información. El objetivo es atraerse a esta parte de la opinión pública, hacer que empiecen a ver también ellos la inmigración como un problema personal.
Con estos datos a la vista, un nuevo mapa parece ir adquiriendo su forma. Una “crisis migratoria” permitiría reforzar las posiciones con respecto a la inmigración de PP y Vox y les permitiría reducir la ventaja que el PSOE parece sacarles. Además, encajaría bien con cuestiones de relevancia internacional. El 26 de julio, cuatro días antes de la crisis de Ceuta, Marruecos rebautizó una de sus autopistas, una que conecta al país con el Sahara Occidental, con el nombre de “Donald Trump”. La noticia fue anticipada por el propio Trump en su red social al agradecer a Mohammed VI tal acto. Trump estaba al tanto. Había estado recientemente en contacto con Marruecos.
La antipatía de Trump por Pedro Sánchez no es un secreto, al igual que tampoco lo es su preferencia por Vox, el PP y las formaciones de ultraderecha que utilizan, como él, la inmigración como caballo de batalla. Sería muy conveniente que Marruecos, solo o en compañía de otros, generara o permitiera una “crisis migratoria” en Ceuta.
Diversos testimonios de personas que cruzaron la frontera el 30 de julio afirman que los puestos de control habituales en Marruecos habían sido eliminados y que autoridades del Gobierno marroquí alentaban a la población a cruzar. Por las redes sociales en Marruecos circulaba la información de que se podía acceder a España sin restricciones, que las fronteras estaban abiertas. Una información que, después de todo, no parecía ser completamente falsa.
El 30 de julio, en medio del caos, una ola de racismo y de odio hacia el PSOE y Pedro Sánchez empezó a surgir a través de las redes sociales. Las noticias sobre el escándalo del ático de Ayuso se apagaron. Los incendios pasaron a un segundo plano remoto. Israel aplaude la crisis en Ceuta. Trump saca pecho y advierte de que Ceuta es el futuro de EEUU si los demócratas ganan las elecciones. EEUU eleva a nivel 3 el peligro que atribuye a viajar a Ceuta. Alvise Pérez y un séquito de extrema derecha visitan la ciudad. La ultraderecha se relame, impaciente por sacar tajada de una historia repetida.
Una historia con plantilla, una que ya conocemos. Una que se presenta como mirando desde ningún sitio pero que mira desde un sitio muy concreto. Una que une los puntos para alimentar el racismo y el apoyo al extremismo.
______________________
Manuel Almagro Holgado es profesor ayudante doctor en la Universitat de València y ceutí de nacimiento. Neftalí Villanueva Fernández es profesor titular en la Universidad de Granada. Su investigación se centra en la polarización política y la dimensión social y política del lenguaje, entre otras cuestiones.