Plaza Pública

Christine Assange implora la caridad de Trump y Biden

Julian Assange, en una imagen de archivo.

Juan José Torres Núñez

Julian Assange es un verdadero periodista con un coraje que debe ser una inspiración para todos los que creemos que la libertad es posible

John Pilger

La lectura del tuit de la Sra. Christine Assange nos produce una honda compasión por el sufrimiento que expresa con sus palabras. Implora la caridad del presidente Donald Trump y la del presidente electo, Joe Biden, con una llamada desgarradora para que liberen a su hijo: “En su detención cautelar se le ha denegado el aire fresco, el ejercicio, el sol, una atención médica y dental adecuada y [se encuentra] psicológicamente torturado. Ahora, crónicamente enfermo, tiene dolores, [está] traumatizado y ha sufrido bastante”. La pena y la tristeza la hemos visto también en las palabras de la esposa de Julian Assange, Stella Moris, después de la resolución de la magistrada Vanessa Baraitser el 6 de enero: “Señor presidente [refiriéndose a Trump], derribe los muros de esta prisión […] Ahora tengo miedo de no volver a verlo con vida. Su salud es muy pobre, y eso lo pone en un grave riesgo. No creo que pudiera sobrevivir a una infección por coronavirus”. Julian y Stella tienen dos niños, Gabriel, de dos años, y Max, de uno. La prisión que aquí se menciona es la cárcel de alta seguridad de Belmarsh de Londres.

Stella Moris está convencida de que “Estados Unidos busca castigar a Julian y hacerlo desaparecer into the deepest, darkest hole of the US prison system [en el agujero más profundo y más oscuro del sistema penitenciario estadounidense], al querer que el Reino Unido se lo entregue para someterlo a la justicia estadounidense. El coordinador de la defensa de Assange, Baltasar Garzón, escribe en su artículo en este medio 'Caso Assange’: No han conseguido matar al mensajero, que antes de ser trasladado de la Embajada de Ecuador a la prisión de Belmarsh, violando el derecho internacional, “siete años pasó en la Embajada en una estancia sin luz solar, sin aire fresco, sufriendo todo tipo de padecimientos físicos y psicológicos. Siendo espiado de forma constante”. Cuando fue expulsado de la Embajada por el nuevo presidente, Lenin Moreno, para Garzón este traslado a la cárcel de Belmarsh “amenaza con acabar destrozando el frágil estado del periodista”. En una escena conmovedora, el día que lo visitó por última vez en la prisión nos relata que se despidieron “entre lágrimas, con un largo abrazo, temí realmente por su vida y dudé de que la justicia, en el caso de Assange, pudiera calibrarse de tal, mientras que ninguno de los graves hechos denunciados por él había sido investigado por el país que le reclamaba para silenciarlo”. Esta escena muestra un gran sentimiento de humanidad y de compasión, precisamente lo opuesto que hemos visto en todo el proceso del juicio de Assange. Se le acusa por decir la verdad de los crímenes cometidos por Estados Unidos. Es decir, se acusa al mensajero.

Los presidentes de EEUU, Obama, Trump y Biden también tienen hijos, pero no han mostrado ni piedad ni perdón. Según el Executive Intelligence Review, el primer ministro australiano, George Christennsen, llamó al presidente Trump para pedirle que perdonara a Assange, subrayando que “su persecución empezó con el ex presidente Barack Obama” y observó que “Assange ha sido un objetivo de los demócratas”. La belicista “Hillary Clinton odia su coraje, obviamente, por desvelar la persona que ella es realmente”. Ya la vimos en televisión cuando EEUU, después de matar y sodomizar a Muamar el Gadafi, ella respondió con una carcajada. Parece que lo que Hillary Clinton quiere es la muerte de Assange. Otros líderes políticos estadounidenses ya lo han manifestado públicamente con palabras como “hay que asesinar a Assange”. Para EEUU, Assange supone un riesgo, ya que puede desvelar más crímenes cometidos por el Imperio.

Trump ha tenido una buena oportunidad para haber indultado a Assange, pero él indultó a sus compadres, incluido el padre de su yerno. Ahora, ya se le ha acabado el tiempo. Resulta muy triste tener que decirle a Stella Moris que Trump nunca ha derribado muros. Se ha dedicado a construirlos. En mi último artículo en este medio sobre Assange, La farsa kafkiana del juicio político de Julian Assange, cité al profesor Mark Feldstein, un testigo de la defensa de Assange. En su escrito de 26 páginas, titulado US vs Assange, en el apartado 2, La campaña de Trump sobre la prensa, declaró que la Administración Trump “ha hecho una campaña despiadada contra los periodistas y los medios de comunicación, como una institución que no tiene precedentes en la historia de América”. Trump presionó al director del FBI para parar las filtraciones a la prensa, “metiendo a los periodistas en la cárcel”. Por esta razón, la acusación de Assange no quiere oír la palabra periodista. Su estrategia está basada en los 18 delitos de los que se le acusa, “17 de ellos bajo la Ley de Espionaje de 1917 –ya ven de qué época hablamos– y uno relacionado con la supuesta ayuda informática a la militar Chelsea Manning, quien alega Estados Unidos que fue la fuente de WikiLeaks”, señala Baltasar Garzón.

Lo que podemos esperar de Joe Biden ya lo he comentado en mi artículo en este medio Biden, la democracia liberal y el fascismo. Patrick Lawrence cree que “Biden es un hombre del imperio y todos los que le rodean [son] lugartenientes del imperio”. Seguro que efectuará cambios cosméticos, pero no olvidemos que él “sirvió fielmente a los ricos y a los poderosos” que se beneficiaron “con la criminalidad inhumana de su Gobierno”, como afirma John Davis. Su “modelo democrático” no variará mucho del de Obama. Y también me entristece tener que recordarle a la Sra. Christine Assange que el próximo presidente de EEUU, Joe Biden, ha tildado a su hijo como “un criminal y un terrorista de alta tecnología”.

Y qué va a suceder, se pregunta Jonathan Cook en su artículo US & UK May Not Will Assange’s Death, But Everything They Are Doing Makes it More Likely [Puede que EEUU y el Reino Unido no quieran la muerte de Assange, pero todas sus acciones lo hacen más probable]. Si EEUU tira la toalla –algo improbable– Assange quedará libre, pero si recurre la resolución de la jueza Baraitser, entonces, “se enfrenta a muchos meses en la cárcel de alta seguridad de Belmarsh, con una salud que se deteriora en unas condiciones infectadas con el covid-19, en donde no podrá sobrevivir si es contagiado”. Al no tener “estímulo mental” ni tampoco “contacto con otros humanos”, su desesperación le producirá una “fuerte depresión”, según los expertos. Para Cook, “su muerte parece cada vez más un resultado deseado por EEUU y el Reino Unido”. Si esto ocurriera, la magistrada Vanessa Baraitser podría recrear el ambiente de Londres que Dickens describe en su libro Little Dorrit, un Londres que es el mismísimo infierno. Las imágenes de obstrucción, corrupción, perversidad, encarcelamiento, oscuridad, melancolía, enfermedad y muerte, convierten a Londres y a la sociedad en una cárcel. En el capítulo 13 del libro 2, encontramos una infección moral y física que se extiende con malignidad y con la rapidez de una plaga.

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Juan José Torres Núñez es escritor y socio de infoLibre

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