La ley de hierro

Las palabras del asesor de DJ Trump, Stephen Miller, para justificar la acción sobre Venezuela y advertir de todo lo que viene han sido claras: “Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”. Unas palabras que no solo justifican sus acciones y anticipan otras similares, sino que reflejan la esencia de sus ideas y filosofía ante la realidad y sus circunstancias.

Y son tres los mensajes principales y el significado que guardan sus comentarios:

El primero de ellos es algo en lo que llevo insistiendo desde hace más de 30 años, y es que “la violencia funciona”. Puede parecer extraño, pero la violencia resulta útil para quien la utiliza, el problema surge cuando es descubierto y se aplica la ley sobre esa persona. Pero en una sociedad cada vez más individualista, materialista, sin empatía y enganchada a lo inmediato, la forma más fácil y rápida de conseguir un objetivo personal de carácter material sin importar las consecuencias sobre el otro es la violencia. El inconveniente que tiene para quien la usa es ser descubierto y tener que pagar por su conducta, pero si quien recurre a ella no puede ser cogido ni pueden hacerle pagar porque su posición le sitúa por encima de la ley y del Derecho Internacional, entonces el recurso a la violencia es un éxito seguro, porque el único elemento negativo que tiene su uso no se puede producir.

El segundo elemento es la validación y legitimación de sus ideas y acciones en lo que se ha hecho a lo largo de la historia, produciéndose de ese modo un doble refuerzo que sólo sirve para las posiciones conservadoras, y que ocurre al aplicar una misma lógica, pero en un sentido bidireccional: ahora hay que hacer lo que se ha hecho siempre, y lo que se ha hecho siempre es lo que se debe hacer. Es decir, lo mismo, pero en un caso como justificación y en otro como razón. Y, además, se presenta como un mandato, no como una opción, por eso la referencia de Stephen Miller es tan gráfica al decir que se trata de una “ley de hierro”, o lo que es lo mismo, indeformable por las circunstancias y el tiempo.

Y la tercera es la asunción de esa estrategia, ideas y valores como un instrumento de acción política aplicable a todos los niveles, lo mismo a la invasión de un país y el secuestro de su presidente que a la supresión de determinados programas y contenidos en las universidades, la desaparición del aborto como derecho constitucional, la cancelación de las políticas de igualdad y diversidad… Y todo ello se hace, no porque el objetivo sea gestionar la realidad bajo unas nuevas iniciativas y formas, sino porque se trata de recuperar el marco definido por ese “principio de los tiempos” al que se refiere Stephen Miller adaptado al momento actual. Y para lograrlo recurren a su idea esencial, el uso de la fuerza aplicado al contexto social y político en lo que definen como “guerra cultural”, para lograr refundar el modelo androcéntrico original vigente desde el “principio de los tiempos”. Y al hacerlo subirán la testosterona en todos los contextos, y con ella a sus portadores naturales, los hombres, para hacer de nuevo de lo masculino la referencia universal. Imagínense lo que pueden hacer en este sentido al hablar directamente de “guerra cultural”, cuando hacen lo que hacen al invadir un país y secuestrar a su presidente insistiendo en que no se trata de una invasión ni de una acción de guerra.

Las únicas posibilidades de que una estrategia de este tipo tenga éxito son tres:

  1. Sumisión absoluta por parte de los escenarios dominados, sean nacionales o transnacionales.
  2. Reparto del mundo entre posiciones de fuerza para evitar conflictos con quienes tienen un nivel de fuerza y poder equiparable.
  3. Aceptación de la situación y normalización interna a través de la imposición cultural basada en la refundación del machismo o androcéntrica.

Pero los tres escenarios son imposibles en el tiempo, podrán manejarse para generar un cierto equilibrio en un primer momento, pero la propia dinámica y el planteamiento que sustenta este tipo de posiciones y estrategias tiende a la expansión y al conflicto.

Tanto a nivel externo como interno la evolución de este tipo de estrategias basadas en la fuerza y en la acumulación de poder tiende hacia el conflicto

Las dos primeras (sumisión y reparto) pueden jugar a favor de EEUU en una primera fase porque tanto Rusia como China, las dos potencias que se encuentran en un nivel de fuerza y poder similar, tienen el mismo tipo de objetivos, Rusia en Ucrania y otras repúblicas de la antigua Unión Soviética, y China en Taiwán y Mongolia, de momento. La tercera es esencial para mantener el control interno y cuenta con la ventaja de que el modelo cultural androcéntrico es compartido por todo el planeta, también por China y Rusia, aunque algunos de los elementos que lo forman difieran de un lugar a otro. 

Pero el problema es que ese mismo modelo social es el que alimenta las acciones de dominio y fuerza para acumular más poder, no hay un límite por el que quien actúa de ese modo se dé por satisfecho, sino que el objetivo siempre será acumular más poder, por lo que, conforme se mantenga, empujará y presionará para que sus gobiernos alcancen más poder bajo la “ley de hierro de la fuerza”, y surgirá el conflicto externo. Pero, además, sobre todo en las democracias occidentales, también habrá un conflicto interno con el modelo androcéntrico debido al componente crítico introducido por el feminismo, que no va a aceptar ese orden social. 

De manera que, tanto a nivel externo como interno, la evolución de este tipo de estrategias basadas en la fuerza y en la acumulación de poder tiende hacia el conflicto. La conciencia del conflicto puede dar lugar a una reacción para evitar una deriva de enfrentamiento y destrucción, o puede actuar en sentido contrario y precipitarla al creer cada una de las partes que su poder es superior al de las otras, algo frecuente en quienes son capaces de entrar en estas dinámicas perversas. 

Si eso ocurre y no lo evitamos, el resultado ya es conocido, no por lo que va a pasar, sino porque ya ha pasado a lo largo de la historia.

____________________

Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

Más sobre este tema
stats