Plaza Pública

La negociación colectiva en la era del teletrabajo

Un teletrabajador frente a su ordenador

Agustín Martín y Gerardo Cortijo

El axioma “El teletrabajo ha venido para quedarse” parece casi incuestionable. Según algunos estudios, el teletrabajo ha pasado en este año de pandemia del 5% antes del covid-19 al 35% en la actualidad.

Los cambios en los modelos de producción, la digitalización, la industria 4.0, la movilidad sostenible ligada a un nuevo modelo industrial en el auto y la ineludible transición ecológica harán que este porcentaje no solo se estabilice sino que posiblemente crezca en los próximos años.

En el desarrollo del teletrabajo y, cómo no, en sus consecuencias, influirán las nuevas realidades de prestación de trabajo también relacionadas con las nuevas formas de producir, hablamos de plataformas digitales que van más allá de los riders y ya están teniendo una importante penetración en el mercado productivo y de prestación de servicios.

Por tanto, ¿cuál es el papel de la negociación colectiva en esta materia? ¿Cuáles son los retos que los sindicatos hemos de abordar? ¿Cuáles son los principales riesgos de una negociación no equilibrada?

El papel de la negociación colectiva queda perfectamente definido en el propio real decreto, desarrollando las materias que han de ser objeto de negociación, así como las que no son negociables, como es la obligación de que el trabajo a distancia ha de cumplir la doble condición de voluntariedad y reversibilidad.

Desde este momento para el sindicato se evidencian unos retos que debemos tratar con calma y la necesaria construcción de propuestas a trasladar a la negociación colectiva, entre otras:

La jornada de teletrabajo no debería ser superior al 70%. Este hecho se produce para proteger la igualdad de oportunidades en el desarrollo de la carrera profesional de las personas que teletrabajan. En fórmulas generales en las que el 100% del trabajo se desarrolle a distancia, el riesgo de una desconexión socio-laboral respecto al colectivo que preste su trabajo en la oficina puede ser evidente.

El obligatorio registro de las horas trabajadas y el derecho a la desconexión digital han de ser elementos claves en la negociación de acuerdos colectivos en esta materia para que la conciliación, la corresponsabilidad en los cuidados y los nuevos riesgos psicosociales inherentes a esta forma de trabajar queden debidamente regulados.

Negociar sin la presión del miedo al contagio. Es evidente que, ante el covid-19, es más seguro permanecer en casa que acudir a los centros de trabajo. Este miedo irá disminuyendo a medida que la pandemia se reduzca. Por eso es necesario abordar la negociación sin esta presión para que no se produzca un desequilibrio en los posibles acuerdos.

Las compensaciones y los medios técnicos para prestar el teletrabajo han de estar presentes en la negociación. Siendo conscientes de que las personas trabajadoras y las empresas encontrarán ventajas logísticas y de otra índole, pero también gastos asociados, de los que será necesario hablar en la negociación.

Cuatro elementos irrenunciables para los sindicatos

La igualdad de oportunidades y de género, evitando que el trabajo a distancia pueda aumentar brechas salariales, profesionales y de conciliación; la salud laboral, garantizando que en todo momento queden definidos los riesgos, las evaluaciones de los mismos, la valoración de los puestos de trabajo; la formación, para garantizar que el trabajo a distancia no empeore las condiciones de trabajo; y derechos sindicales y de representación que deben estar garantizados en los acuerdos.

Queremos destacar en estas líneas un tema que está íntimamente relacionado con los jóvenes y su dificultad de acceso a una vivienda digna. ¿Puede una persona joven, con los salarios actuales y por ejemplo compartiendo en un piso una pequeña habitación, prestar en condiciones un trabajo a distancia, con garantías de salubridad? Es necesario que esta realidad, a través de la prevención de riesgos, evaluación del puesto de trabajo, etc, se atienda en la negociación del trabajo a distancia.

En conclusión, las bases quedan recogidas en el real decreto. Ahora toca proteger derechos, aunarlos en propuestas y garantizar el acceso de todas las personas trabajadoras a las ventajas de estar representadas por organizaciones sindicales de clase.

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Agustín Martín, secretario general de la Federación de Industria de CCOO, y Gerardo Cortijo, responsable de Bienes de Equipo de la federación.

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