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Plaza Pública

Plandemia y el sesgo de la confirmación

Imagen de la manifestación del pasado domingo 16 de agosto en la Plaza de Colón (Madrid) cuestionando la realidad sobre la pandemia.

Lorena Calderón

El pasado 16 de agosto acudieron a la Plaza de Colón a manifestarse unas 3.000 personas, según cifra la Delegación del Gobierno, a grito de "Bote, bote, bote... aquí no hay rebrote". Lo hacían desde la convicción de que la pandemia mundial del coronavirus atiende a una farsa desde las más altas esferas del poder, incluidos los medios de comunicación. Y así, como si acabaran de descubrir el final de La Guerra de los Mundos se dirigían contra imaginarios Orson Welles del siglo XXI.

El desfile de argumentos que hemos presenciado, atónitos, por parte de quienes se adhieren a la hipótesis de la conspiración, ligando el origen del coronavirus a la tecnología 5G o al propio Bill Gates, evidencia la fuerza de la teoría del sesgo de confirmación, en la cual se retiene o se busca solo la información que refuerza la razón propia.

En ese camino hacia la búsqueda del razonamiento inductivo contra covid-19 nos hemos encontrado con manifestaciones que recuerdan a la literalidad del pensamiento imaginario de George R. R. Martin. “Yo quiero que me abran un cadáver y saquen el virus. Cuando me demuestren que existe, lo valoraré y veré la respuesta", afirmaba uno de los participantes de #Madrid16A. Teniendo el cuenta el destino de Cersei en Juego de Tronos, más vale creer que existen los Caminantes Blancos antes que llegue el invierno.

Lo preocupante de quienes se hayan en la teoría de la “Plandemia” no es que recurran a la dialéctica tras percatarse de su equivocación, como atestigua Schopenhauer en El arte de tener razón, lo preocupante es que nieguen la ciencia. Ya lo dijo Einstein, la estupidez humana es infinita, de lo contrario no se explicaría la propuesta de recorte en el programa europeo para impulsar la ciencia: Horizonte Europa. Confiemos en que la Eurocámara enmiende el error.

En la última década, según la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), la comunidad científica española ha perdido 20.000 millones de fondos públicos. Así se reflejan de los presupuestos estatales de las últimas legislaturas. Como indicador de prioridades, los PGE son el palpable ejemplo de que el negacionismo científico tiene diversas formas de manifestación. El pretexto a la última crisis económica, con origen en 2008, para dejar en punto muerto la I+D+i en nuestro país no encontrará acomodo en los PGE que están por venir. Parece indiscutible, a pesar de los promotores de #Madrid16A, que la lucha por encontrar una vacuna que genere inmunidad al covid-19 evidencia que la única salida a esta crisis sanitaria/económica pasa por tomarnos en serio la ciencia.

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Lorena Calderón es periodista y graduada en Derecho

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