¿Qué quiere Estados Unidos en la guerra entre Rusia y Ucrania?

Antonio Estella

Existe tanta desinformación en relación con la guerra entre Rusia y Ucrania, que parece adecuado que intentemos responder a una de las cuestiones que surgen más a menudo en los debates sobre este tema: ¿cuáles son los objetivos verdaderos de los Estados Unidos en este conflicto? Para empezar, se escucha que lo que quieren los Estados Unidos es propiciar un conflicto entre europeos y rusos, de tal manera que se produzca una especie de Armagedón en territorio europeo. Tanto Rusia como Europa desaparecerían prácticamente de la faz de la tierra como consecuencia de un conflicto armado entre Rusia y Europa, ante lo cual, los Estados Unidos estarían frotándose las manos. De producirse la destrucción mutua de rusos y europeos, los Estados Unidos verían su papel de liderazgo mundial reforzado, sobre todo tras décadas de declive, con la práctica aniquilación de dos de sus grandes competidores geopolíticos.

Para otros, sin embargo, a los Estados Unidos de América no les interesaría Rusia casi en absoluto, y por tanto, los norteamericanos estarían dejando que sean los europeos los que lidien con el problema: al fin y al cabo, se trataría de un conflicto europeo que está teniendo lugar en suelo europeo. A Estados Unidos todo esto solamente le estaría afectando muy secundariamente; si acaso, Estados Unidos obtendría ciertos beneficios derivados de esta postura de “negligencia benigna” en relación con Rusia, puesto que a partir del momento en el que los rusos están progresivamente cortando el gas a los europeos, la dependencia energética europea de los Estados Unidos aumentaría y de forma considerable.

Los Estados Unidos, y sus socios europeos, han evitado cualquier tipo de tentación de entrar en una escalada militar con Rusia, a pesar de las constantes amenazas por parte de Rusia de que este país empleará armas atómicas

Es evidente que la política de los Estados Unidos en relación con Rusia ha sido en los últimos años bastante errática. Trump pareció propiciar un extraño acercamiento entre estas dos potencias, en un cambio de política internacional por parte de los Estados Unidos que nunca ha acabado de aclararse del todo. Sin embargo, la actual administración Biden parece haber vuelto a posiciones mucho más convencionales en relación con Rusia. De hecho, en un artículo que el propio Biden publicaba en Foreign Affairs en 2018, el actual Presidente de los Estados Unidos alertaba de la poca importancia que le estaba dando Trump a la potencial amenaza que Rusia suponía para los Estados Unidos. Las palabras concretas del actual Presidente de Estados Unidos eran estas: “Estados Unidos debe liderar a sus aliados y socios democráticos para aumentar su resiliencia, ampliar sus capacidades para defenderse de la subversión rusa y erradicar las redes de influencia maligna del Kremlin. Estados Unidos tiene la capacidad de contrarrestar este ataque y salir fortalecido, siempre que Washington demuestre voluntad política para enfrentar la amenaza”.

Esto es exactamente lo que está pasando ahora. Los Estados Unidos, y sus socios europeos, han evitado cualquier tipo de tentación de entrar en una escalada militar con Rusia, a pesar de las constantes amenazas por parte de Rusia de que este país empleará armas atómicas. Por tanto, parece claro que los Estados Unidos querrían propiciar una transición hacia la democracia en Rusia, y no un enfrentamiento militar entre rusos y europeos en suelo europeo. Por otro lado, también es cierto que Estados Unidos ha puesto de nuevo a Rusia, con la administración Biden, en el centro de su agenda política internacional. Se acabaron los coqueteos con Putin: Estados Unidos vuelve a mirar a Rusia y su evolución como país con mucha preocupación y como una potencial amenaza para sus intereses y seguridad.

Es cierto, por otro lado, que el análisis que hace el Presidente de los Estados Unidos parte de la base, bajo mi punto de vista correcta, de que lo que le interesa a Rusia no es Ucrania, sino la desestabilización de Europa, y de las democracias occidentales de corte liberal. La intención de los Estados Unidos podría ser la de que la guerra con Ucrania tenga un efecto bumerán, y que se le acabe volviendo en contra a Putin. Se trataría con ello de propiciar una contestación interna, en el interior de Rusia, contra el oligarca, que podría terminar acabando con el régimen de abajo hacia arriba. Si Estados Unidos saliera fortalecido de esta situación, ello sería una cuestión de tipo adicional. Una señal en esta dirección nos la da la cantidad de seminarios organizados por universidades y Think-Tanks americanos donde lo que se hace es precisamente examinar el estado de la opinión pública en ese país, así como la potencial contestación interna que existe a las políticas de Putin en relación con Ucrania.

Este es el marco en el que debemos analizar la posición de los Estados Unidos en esta materia. La postura americana parece razonable, pero está teñida de ciertos ribetes de características, podríamos decir, de tipo imperialista. Jugar, aunque sea de esta manera, aparentemente razonable, a destronar a Putin, me parece de una temeridad que carece de sentido en este contexto. Y sugerir que los Estados Unidos pueden salir reforzados de esta situación me parece, de nuevo, sacar los pies fuera del tiesto.

Estados Unidos ha entendido correctamente cuál es la amenaza que se cierne sobre Europa, la Unión Europea y las democracias occidentales, pero tiene la tentación, apenas ocultada, de propiciar un determinado cambio doméstico en Rusia, cuando en realidad lo que debería estar haciendo es intentar conseguir que la guerra termine cuanto antes, y olvidarse de cualquier intento de que se produzca una transición política en el interior del país. Son los rusos, en su caso, los que se tienen que hacer responsables del destino de su país. En definitiva, pensar que a Estados Unidos no le interesa lo que está pasando, o pensar, alternativamente, que Estados Unidos estaría propiciando un enfrentamiento directo entre rusos y europeos, solamente sirve para poner una cortina de humo sobre lo que realmente le interesa a este país en relación con Rusia, que, aunque sea mucho más legítimo, no es menos peligroso en el contexto actual.

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Antonio Estella es catedrático Jean Monnet "ad personam" de Gobernanza Económica Global y Europea en la Universidad Carlos III de Madrid

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