IGUALDAD
La adelfopoiesis: ¿matrimonio homosexual dentro de la Iglesia medieval?
17 de octubre de 1391. El caballero sir John Clanvowe fallece en Constantinopla (actual Estambul) y es enterrado allí mismo. Dos días después, sir William Neville, su compañero de armas, a quien amaba "no menos que a sí mismo", según recoge la crónica de la Abadía de Westminster, quedó tan inconsolable por el dolor que dejó de comer y murió dos días después en el mismo lugar, donde también fue enterrado. Los cascos de los caballeros, enfrentados como si fueran a besarse, decoran una lápida que incluye sus escudos heráldicos unidos, como si fueran un matrimonio. ¿Estaban realmente casados?
Mientras países como Bolivia celebran el primer matrimonio civil entre dos personas del mismo sexo en pleno 2026, el matrimonio homosexual sigue siendo una reivindicación con profundas raíces históricas. Las relaciones entre personas del mismo sexo, más o menos aceptadas, han sido habituales a lo largo de la historia universal. No obstante, dentro del cristianismo medieval, hay una figura que cuestiona si las relaciones homosexuales eran un tabú religioso insuperable durante la época: la adelfopoiesis.
La adelfopoiesis (del griego adelphos, "hermano", y poiesis, "crear/hacer") era un rito eclesiástico, propio de la Iglesia Ortodoxa y la cultura bizantina, que consistía en la unión a dos personas del mismo sexo en un vínculo de parentesco artificial o espiritual. Autores como John Boswell y Alan Bray defienden la idea de que este tipo de uniones era una forma de matrimonio homosexual aceptada dentro de la Iglesia.
Un rito documentado desde el siglo VIII
La práctica de la adelfopoiesis está documentada desde la antigüedad tardía y todavía se mantiene como una tradición viva entre minorías de la población cristiana oriental en lugares como Turquía y el Medio Oriente, según Bray. Uno de los ejemplos más citados por historiadores como Boswell es el eucologio Barberini 336, manuscrito que data del siglo VIII. Este documento litúrgico griego recoge cuatro ceremonias para la unión sacramental, una de las cuales es específicamente entre dos hombres.
A lo largo de los siglos, se documentan uniones entre personas del mismo sexo bajo este rito o similares. El caso de la tumba de Sir William Neville y Sir John Clanvowe, que abre este artículo, es uno de los más claros para Alan Bray.
La tumba destaca por elementos visuales que tradicionalmente se asociaban a parejas casadas. Los dos escudos de armas grabados en la lápida están divididos: en una mitad cada caballero luce su escudo propio, mientras que en la otra, luce las armas de su compañero. Esta técnica heráldica conocida como "empalamiento" (impalement), es una disposición que se usaba para representar los matrimonios. Si bien esta unión, al pertenecer los caballeros a la Iglesia occidental y no a la ortodoxa, no es un caso de adelfopoiesis; sino de lo que otros expertos denominan “hermandad jurada”.
Más allá del caso de los caballeros ingleses, la adelfopoiesis fue una práctica extendida principalmente en el mundo bizantino y las comunidades cristianas orientales. En Europa, también se han documentado uniones de frailes franciscanos a través del uso del rito latino católico ordo ad fratres faciendum al menos hasta el siglo XIV. Esta práctica monástica fue prohibida en la Iglesia católica porque podía “llevar a la violación de la castidad”, lo que indica que existían sospechas de que estas uniones tenían un carácter distinto del espiritual.
Aunque el registro es mayoritariamente masculino, las mujeres también participaban en versiones femeninas del rito para formalizar sus propios vínculos de parentesco espiritual. La tumba de Ann Chitting y Mary Barber (datada a principios del siglo XVII) en Bury, Suffolk (Inglaterra) es uno de los ejemplos de una asociación femenina formalizada.
Debate abierto entre los historiadores
Si bien el concepto actual de homosexualidad no es asimilable al de hace siete siglos, es razonable pensar que el parentesco creado por estos ritos representaba un compromiso profundo, permanente y, en ocasiones, incluso romántico. Lo que sostienen estudiosos como Bray es que estas uniones eran vínculos formales, electivos e indisolubles, reconocidos públicamente y consagrados por rituales cristianos.
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Sin embargo, el debate permanece abierto. Desde posiciones opuestas, historiadores como Claudia Rapp desestiman que la adelfopoiesis fuera una institucionalización de las relaciones homosexuales en el seno de la cristiandad. La historiadora alemana defiende que se trataba de un rito localizado en la vida monástica ortodoxa y una herramienta de parentesco artificial utilizada para fortalecer las redes sociales, económicas y legales. Su enfoque se aleja de las lecturas románticas para situar el rito dentro de las estructuras de poder y supervivencia de la época.
Algunos críticos más recientes sugieren que no es posible descartar la dimensión homoerótica implícita en estas uniones, aunque el rito no fuera equiparable a un matrimonio heterosexual. El hecho de que algunas autoridades eclesiásticas, especialmente en la Europa occidental, prohibieran o limitaran estas uniones, abre la puerta a que percibieran en ellas indicios de relaciones carnales.
Mientras la historia con perspectiva LGTB continúa su labor de investigación y revisión, la reivindicación y la lucha por derechos como el matrimonio igualitario sigue vigente en el mundo. Sólo 40 países reconocen este derecho y más de 50 siguen tipificando las relaciones homosexuales como delito, más de 700 años después de que los caballeros Neville y Clanvowe sellaran su hermandad y su amor en la sepultura.