POLÍTICA
Bustinduy, el negociador discreto de Sumar que ahora lucha por el decreto de vivienda y los presupuestos
El teléfono de Pablo Bustinduy no para de sonar. En los últimos meses, se ha convertido en la pieza clave de Sumar dentro del Gobierno de coalición. Un interlocutor imprescindible con el PSOE y artífice de algunos de los grandes avances del Ejecutivo en este final de la legislatura. Pero todavía le queda mucho trabajo.
Bustinduy vive unas horas de satisfacción después de que el Congreso diera el visto bueno este martes a una histórica reforma del sistema de dependencia, que irá acompañada también de una aportación financiera sin precedentes por parte del Ejecutivo central para darle un impulso a esta columna del Estado del bienestar de la mano de las comunidades.
Y, además, el titular de Derechos Sociales está negociando de manera discreta con el socio mayoritario del Gobierno el decreto en materia de vivienda que el Ejecutivo se ha comprometido a llevar antes del mes de agosto al Consejo de Ministros y que se perfila como una de las iniciativas estrella de la coalición para coger impulso en un momento en el que se vislumbran las elecciones generales.
Con Yolanda Díaz de salida por su renuncia a presentarse en las próximas generales, Bustinduy ha ganado mucho peso dentro del ala de Sumar. Desde su Ministerio, a pesar de no tener grandes competencias, se empuja con fuerza al PSOE para ir más allá de las declaraciones y ofrecer iniciativas concretas a los ciudadanos. Como repiten en ese espacio de la coalición constantemente: “A los socialistas hay que obligarlos a hacer”.
Los objetivos del ministro
Para Bustinduy era esencial sacar adelante las reformas de las leyes de dependencia y de discapacidad. El Pleno del Congreso dio finalmente su visto bueno con el apoyo de todo el arco parlamentario, a excepción del voto negativo de Vox y la abstención del Partido Popular. Fuentes del Ministerio de Derechos Sociales subrayan que las derechas “han quedado retratadas” con su posición. Asimismo, recalcan que el Gobierno se compromete a una financiación del 50%, una exigencia que habían hecho los populares, aunque luego han evitado respaldar la propuesta. Pero la mayoría de investidura volvió a cobrar sentido en el debate de la Cámara Baja.
“Es la mayor reforma social en nuestro país en lo que va de siglo”, proclamó Bustinduy desde la tribuna de oradores del Congreso, donde subrayó que se trata de “una revolución y una transformación profunda” del sistema público que responde “a las necesidades tanto de las personas que reciben cuidados como de quienes cuidan”.
El ministro de Derechos Sociales está enfrascado ahora en la negociación con Isabel Rodríguez del próximo decreto de vivienda. Se trabaja en una doble dirección: pactar con el PSOE el texto y configurar un menú, además, que pueda ser votado también por el PNV y Junts en el Congreso, los dos partidos que miran con más recelo las iniciativas que vienen de la izquierda.
Bustinduy busca un decreto “ambicioso”, como señalan en el Gobierno, que incluya medidas como las prórrogas de los alquileres (algo que ya consiguieron incorporar en el anterior texto, pero que no fue convalidado por el Congreso), la regulación de los alquileres de temporada y una fiscalidad disuasoria para los pisos turísticos.
A la vez, también de manera silenciosa, el ministro perfila con los socialistas el próximo proyecto de Presupuestos Generales del Estado. Sobre la mesa ha puesto de manera insistente la iniciativa de aprobar una prestación mínima universal para familias con hijos menores de 18 años. Es una de sus grandes obsesiones desde que llegó al Paseo del Prado, pero los socialistas la han bloqueado hasta el momento.
Bustinduy ha tratado de dotar de contenido a su Ministerio a pesar de las pocas competencias y de un presupuesto pequeño. Se ha centrado en la lucha contra los abusos de empresas como Ryanair o Alquiler Seguro. Esto también le ha granjeado grandes enemigos. Pero los suyos recuerdan que siempre ha tenido claro de qué lado está, “moleste a quien le moleste”. Una de sus quejas en privado es que el Gobierno se enfrenta con pocos funcionarios a las batallas con estas multinacionales, que se dejan millones de euros en equipos jurídicos y en lobbies en Europa.
El candidato autodescartado
Su papel en el Gobierno lo ha convertido para muchos dentro del espacio en el candidato natural para concurrir a las elecciones generales después de que Díaz se haya apartado de la carrera. Él lo rechaza constantemente. No quiere serlo por motivos personales ni quiere entrar de lleno en la vida orgánica de los partidos. Como dice una persona que lo conoce mucho: “Detesta las guerras internas. Cree que desgastan mucho más que la gestión”.
Bustinduy rechaza dar ese paso hacia adelante en la izquierda en un momento en el que el espacio no sabe ni cómo se va a articular ante unas elecciones generales que cada día están más cerca. Todavía hay algunos dirigentes que piensan que lo pueden convencer para que lidere una lista. “Es un político serio, con ideas, con templanza. No es el alma de la fiesta, pero genera mucha confianza”, recalca un miembro de Sumar.
El ministro de Derechos Sociales es el segundo miembro del Gobierno con mejor puntuación. Solo lo supera el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas hecho público este miércoles. Son los dos únicos que tienen notas por encima del cinco. Por eso, algunos creen que sería el mejor aspirante. Pero las izquierdas, por el momento, sólo ven dirigentes apartándose, como Díaz y Ada Colau, mientras que Gabriel Rufián rebaja las expectativas sobre su posible salto.
En esa labor de construir el futuro de la izquierda tiene ahora un papel muy importante la mano derecha de Bustinduy, Rosa Martínez. La secretaria de Estado de Derechos Sociales asumió el fin de semana pasado el coliderazgo de Movimiento Sumar, junto a Verónica Martínez Barbero, actual portavoz del espacio en el Congreso. La última oportunidad para salvar al partido que fundó Díaz.
Bustinduy, en cambio, solo quiere oír hablar de vivienda y presupuestos.