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Los ecos del asalto al Capitolio

La derecha utiliza el asalto en Washington para atizar la polarización en España

El presidente del PP, Pablo Casado, arroja un puñado de cereal durante una visita de precampaña electoral a una distribuidora en Gimenells (Lleida).

Fernando Varela

La derecha española sostiene que el asalto violento al Capitolio norteamericano por parte de una turba de ultraderechistas partidarios de Donald Trump es lo mismo que las manifestaciones apoyadas por parte de la izquierda española frente al Congreso de los Diputados, en particular la que tuvo lugar en octubre de 2016 coincidiendo con la investidura de Mariano Rajoy. O lo mismo que la concentración feminista, apoyada por el PSOE, frente al Parlamento de Andalucía el día que Vox facilitó la investidura de Juan Moreno en enero de 2019.

Y eso que lo ocurrido este miércoles en Washington obligó a suspender una sesión clave —la certificación de la victoria electoral de Joe Biden y Kamala Harris— y a evacuar a todas las autoridades, además de causar al menos cuatro muertos. Y que las manifestaciones frente al Congreso y al Parlamento andaluz no afectaron nunca al desarrollo normal de las sesiones y jamás superaron el perímetro de seguridad establecido por las fuerzas de seguridad.

Existe una única excepción, pero que nada tiene que ver con Unidas Podemos y el PSOE, que son los partidos contra los que se dirige la derecha: una concentración de agentes de policía convocados por el derechista sindicato Jusapol el 3 de marzo de 2020.

En aquella ocasión, alrededor de las diez de la mañana, los agentes de policía y guardias civiles que participaban en la protesta, la mayoría de ellos ocultando su identidad con máscaras, derribaron el cordón policial que les retenía en la parte inferior de la Carrera de San Jerónimo, cerca de la plaza madrileña de Neptuno, desbordaron el dispositivo de contención montado para contenerlos y trataron de acceder a la sede de la Cámara Baja, custodiada por una decena de furgones policiales.

Los disturbios obligaron a la Policía Nacional a replegar el dispositivo de seguridad a las puertas del Congreso. Allí, a escasos metros de las escalinatas de la Cámara Baja, continuaron su protesta con gritos y pancartas contra el PSOE, al que acusaron de “traidor”. Algunos manifestantes encendieron bengalas de humo y lanzaron petardos.

Dos días después, Esquerra Republicana, Junts per Catalunya, Euskal Herria Bildu, CUP, Bloque Nacionalista Galego, Más País y Compromís condenaron ante la Mesa del Congreso esta manifestación, denunciaron amenazas a cargos públicos y personal técnico y rechazaron la inacción tanto de los agentes que vigilaban el acto como del personal de la Policía Nacional que custodia el Congreso. Aquel día, aseguran estos grupos, varios manifestantes acosaron, insultaron e intimidaron a cargos públicos y personal del Congreso como la portavoz parlamentaria de JxCat, Laura Borràs.

Pese a saltarse el cordón policial, fueron varios los dirigentes de la derecha que salieron del Congreso a mostrarles su apoyo. Por parte de Vox acudieron su secretario general, Javier Ortega Smith, y la diputada Macarena Olona. En nombre de Ciudadanos hizo acto de presencia su presidenta, Inés Arrimadas. La portavoz del PP en la comisión de Interior, Ana Vázquez, y la entonces responsable del grupo parlamentario conservador, Cayetana Álvarez de Toledo, subrayaron su total respaldo a la movilización.

PP, Vox y Ciudadanos no hicieron este jueves ninguna referencia a aquellos sucesos, protagonizados por policías y guardias civiles convocados por un sindicato de extrema derecha, a pesar de ser los más próximos en el tiempo y, hasta la fecha, el único ejemplo de una protesta en las inmediaciones del Congreso que ha logrado superar el perímetro de seguridad que protege la Cámara Baja.

Los tres partidos, en cambio, movilizaron en las últimas horas a sus cargos públicos para comparar el asalto violento al Capitolio norteamericano con algunas movilizaciones apoyadas por la izquierda que ni siquiera llegaron a franquear las líneas de protección montada por la policía. Ni mucho menos a invadir la sede del legislativo.

El líder del PP, Pablo Casado, que en un primer momento había difundido un tuit limitándose a condenar lo ocurrido en Washington, se sumó al argumentario de la derecha relacionando lo ocurrido en Estados Unidos con Unidas Podemos y con el independentismo. “Los partidos que intenten justificar los asaltos al Parlament de Catalunya o al Congreso de los Diputados pero critiquen el asalto al Capitolio no tendrán ninguna credibilidad“, advirtió.

El Parlament catalán, en la estela de las movilizaciones del 15M, sufrió en 2011 el asedio de un grupo de los autodenominados indignados que llegó a insultar y agredir a varios diputados y obligó al entonces president Artur Mas a acudir al pleno en helicóptero, si bien los manifestantes no llegaron a acceder al edificio. La Cámara autonómica catalana se vio sometida de nuevo la presión de una manifiestación en enero de 2020, en este caso independentista. Los participantes forzaron la entrada al parque que rodea el Parlament y llegaron hasta las puertas, pero los Mossos les impidieron franquear las puertas de la institución.

“Nosotros”, remarcó, “somos el partido que está en la moderación, en la centralidad”. Los que están “a la derecha como a la izquierda se retroalimentan. Polarizan la política para intentar sacar réditos del descontento social a base de populismo”, acusó. “Yo lo que pido es responsabilidad, que los partidos extremistas que o bien apoyan a los que asaltan al Parlament o a los que asaltan el Capitolio, no tengan el apoyo electoral para que luego tengan responsabilidades de Gobierno”.

Su número dos, Teodoro García-Egea, no dejó espacio a la ambigüedad. “Condenamos el asalto al Capitolio”, aseguró en Twitter para señalar, a renglón seguido, que el PP lo hace “como todo ataque jaleado en España por el populismo. Los que rodearon el Congreso en 2016 y lanzaban piedras a diputados y los que se manifestaron ante el Parlamento Andaluz en 2019 contra la alternancia política: los radicales que hoy gobiernan”, proclamó en referencia a Unidas podemos y al PSOE.

En esta estrategia el PP siguió los pasos de los ultras. El primero en avivar el fuego fue el líder de Vox, Santiago Abascal, refiriéndose expresamente a la manifestación frente al Congreso de octubre de 2016.

“Me extraña que a la izquierda progre le parezca tan mal el asalto al Capitolio”, escribió en Twitter. “Aquí tenemos a un vicepresidente que llamaba a asaltar el Congreso”, aseguró en referencia a Pablo Iglesias. “Quizá lo que les molesta a los comunistas y socialistas es que en otros países las izquierdas hayan perdido el monopolio de la violencia”, añadió, y “ahora entramos en un territorio inexplorado”. En su opinión, “la izquierda lleva años dinamitando instituciones, controlando medios y amparando la violencia en todo occidente”.

En la misma línea opinó el portavoz ultra en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, dando réplica a un tuit de su homólogo de Unidas Podemos, Pablo Echenique: “Aquí los que rodeáis y amenazáis las instituciones sois vosotros: Podemos, en el Congreso, PSOE con Susana Díaz al frente, en el Parlamento andaluz, los separatas, en el Parlament, los etarras, en todas partes. La amenaza sois la coalición de gobierno”.

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, optó por una formulación más genérica que en un principio hacía pensar en una opinión diferente, aunque también señalaba implícitamente a Unidas Podemos. “Cuánto daño hace y qué peligroso es el populismo”, se lamentó en Twitter.

Horas después, otros dirigentes del partido naranja dejaron claro que comparten las tesis del PP y de Cs. En la misma línea hablaron Begoña Villacís, teniente de alcalde en Madrid, Toni Cantó, portavoz en la Comunitat Valenciana, o la diputada Patricia Reyes, que aseguraron haber sido agredidos en 2016 con lanzamiento de objetos en plena calle por parte de manifestantes congregados en las inmediaciones del Congreso.

Aquella protesta tuvo lugar durante la investidura de Rajoy y las crónicas de lo ocurrido, también las de la prensa afín a la derecha, subrayaron que “la marcha fue en general pacífica”, aunque al final “un grupo de exaltados protagonizaron incidentes”.

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Más gruesas fueron las palabras del antecesor de Arrimadas en el cargo, Albert Rivera, que todavía ejerce una enorme influencia dentro de Ciudadanos. “Esto de enviar seguidores a rodear las instituciones para evitar la investidura o proclamación de presidentes legítimos es ANTIDEMOCRÁTICO”, escribió también en Twitter. “Lo que hoy está haciendo Trump es lo que ya hizo Podemos en el Congreso en 2016 y el PSOE en el parlamento andaluz en 2019”.

Lo ciert0 es que Rodea el Congreso, la movilización a la que alude la derecha y con la que trata de comparar el asalto a la sede de la Cámara de Representantes y del Senado de los Estados Unidos, fue una manifestación celebrada el 25 de septiembre de 2012 autorizada por la Delegación del Gobierno —entonces en manos del PP—. En ningún momento superó el cordón de seguridad montado por la policía y que incluyó el vallado y la prohibición de acceso a las calles próximas al Congreso. Las cargas policiales que tuvieron lugar se produjeron fuera de la zona de seguridad.

Y las protestas de 2016 ante la Cámara Baja y de 2019 frente al Parlamento andaluz tampoco rompieron el cordón policial como sucedió este miércoles en Washington, más allá del hecho diferencial de que los manifestantes recibieran el aliento nada menos que del propio presidente norteamericano.

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