La resurrección de las provincias

¿Qué esconden las 52 banderas de Vox? El órdago de la España Vaciada a los partidos cambia las reglas de la batalla política

El líder del partido portugués Chega, André Ventura, se dirige al público en el evento Viva 21 de Vox. Detrás, las banderas provinciales.
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Hace sólo cinco años, en 2016, PSOE y Cs acordaron la supresión de las diputaciones. Hoy suena raro. Pero así lo recogía, tal cual, el acuerdo entre Albert Rivera y Pedro Sánchez para hacer presidente al candidato socialista. Aquello quedó en nada, no sólo porque la investidura no salió, sino porque un lustro después las provincias han alzado la voz y se han colocado en el centro de la escena con voluntad de permanecer ahí.

Cs ya no propone suprimir las diputaciones, aunque importa poco porque es el propio partido el que podría ser suprimido. Más nos indica la posición del PSOE, al que resulta difícil de imaginar firmando un compromiso así, que suponía cargarse la institución provincial por antonomasia, imprescindible sobre todo en lo que se ha dado en llamar "España vaciada". Y si hoy resulta impensable es porque la provincia –especialmente la pequeña, la despoblada, la envejecida, la marginada– ha salido del rincón, se ha subido a las barbas del sistema de partidos y marca el paso de la política nacional, consciente del poderío que le da el sistema electoral y obligando a todos los partidos a calibrar sus posiciones.

Eduardo Bayón, politólogo y consultor, va más al fondo con un análisis según el cual el "auge" de los partidos provincialistas, seguido de la reacción de las fuerzas establecidas, responde a un cambio estructural en la política española: "El problema de cohesión nacional, sobre todo por el procés en Cataluña, están dando paso a un problema de cohesión territorial". Apenas estaríamos viendo el inicio de la era provincial.

Nuevos equilibrios

Sin que el conflicto catalán esté resuelto, la cámara que lleva casi una década enfocando a la cuestión territorial hace ahora zoom en las provincias, donde una fuerza anticentralista con respecto a Madrid pero también con respecto a sus capitales autonómicas sacude el tablero y pide protagonismo. Hay más de una veintena que, tras el éxito de Teruel Existe, podrían contar con una papeleta de ámbito provincial en las generales, entre ellas Ávila, Burgos, León, Palencia, Segovia, Soria y Zamora (Castilla y León), Huesca y Teruel (Aragón), Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara (Castilla-La Mancha), Badajoz y Cáceres (Extremadura), Lugo y Ourense (Galicia), Córdoba y Jaén (Andalucía)... Se verá en qué queda. Qué se presenta y qué no. Qué logra escaño y qué no. Si logran formar grupo o no. Pero el desafío está ahí y ya ha conseguido agitar las aguas con un movimiento cuyo objetivo, como ha explicado a infoLibre Tomás Guitarte, es "reequilibrar" el país combinando "el espíritu de provincias de cada territorio” con una “actuación conjunta".

De modo que buscan equilibrar, pero ante su ofensiva hay quien ve su propio equilibrio en riesgo. Los más amenazados son PSOE y PP. ¿Por qué? Más de la mitad de las circunscripciones, 28 de 52 (50 provincias más Ceuta y Melilla), reparten cinco o menos escaños. Es ahí donde la irrupción provincialista –no confundir con provinciana o provincianista– concentra su energía. En total distribuyen 103 actas que en casi el 75% van a PSOE y PP. Es "la reserva india del bipartidismo", acuña el politólogo Pablo Simón. Es su bastión, allí donde más alto fue el muro para contener a Podemos y Cs.

¿Aguantará ahora esta embestida? Una irrupción fuerte afectaría sobre todo a esas provincias que salen poco en las noticias, donde ha ido gestándose un sentimiento de agravio que no se limita al Gobierno y la oposición, ni a Madrid, ni al eje Madrid-Barcelona, sino que se extiende a las capitales autonómicas, como recalca Carmen Lumbierres, autora de un artículo en El Periódico de Aragón titulado con concisión Vuelve la provincia. En áreas rurales de interior, explica Lumbierres a infoLibre, se detecta una "decepción" que a menudo no ve respuesta satisfactoria ni en la política nacional ni en la autonómica. Ahí es donde hay más margen para los sujetos políticos provinciales.

La reacción de los partidos

Los partidos establecidos se mueven para no perder pie. Presidentes autonómicos de PP y PSOE preparan una cumbre para el 2 de noviembre sobre financiación con aroma a respuesta de los dos grandes partidos desde la Transición al desafío lanzado desde la España vaciada. Aunque los roces por la mesa de Cataluña podrían hacer descarrilar la cita, en principio están convocados los presidentes de Galicia, Asturias, Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja, Cantabria y Extremadura. El mapa se acopla en buena medida a las áreas en que han surgido expresiones provinciales de malestar.

Más síntomas de reacción. En la reciente convención del PP, Pablo Casado subrayó el valor histórico de su partido en las provincias. No sólo lo hizo en los discursos. También lo subrayó con una foto con sus líderes provinciales. Tomó la palabra Benito Serrano, presidente del PP en Soria, que pidió a Casado que tenga en cuenta que la provincia es “la zona cero de la España vaciada”. Casado cita una y otra vez en sus discursos a la España vaciada, a la que colma de promesas y a la que halaga diciendo que está "llena de vida". Tiene su lógica. En sus provincias, esas que ahora podrían tener nuevas papeletas, el voto vale más porque se obtiene escaño con menos.

En el PSOE, diversos referentes periféricos han abierto en el partido el debate sobre el exceso de centralismo y piden atención para las provincias descontentas. "Preocupa la amenaza del neocentralismo", dice la ponencia marco del próximo congreso. En un reciente acto en Ponferrada, Luis Tudanca, secretario general del PSOE de Castilla y León, se dirigió a Sánchez, allí presente, para poner encima de la mesa dos mensajes clave: "España es mucho más que Madrid" y "Castilla y León necesita equilibrio". Es decir, además del histórico recelo hacia la capital, Tudanca anotaba el surgimiento de desequilibrios entre provincias. Un ejemplo lo pone León, donde el descontento ante la despoblación y la falta de inversiones se ha traducido en un avance de la pretensión de separarse del conjunto de Castilla y León y formar autonomía propia. En la estela de las demandas que salen del propio PSOE se sitúa la intención del Gobierno de descentralizar instituciones, una idea que Pedro Sánchez ya trasladó como presidente en 2019 a los representantes de la España Vaciada. Intentaba con ello proteger una costura, básica para el traje político español, que ha terminado saltando a pesar de todo.

Vox también baila al son de la música provincial. En su reciente evento Viva 21, el partido de Santiago Abascal colocó como fondo del escenario para los mítines las banderas de todas las provincias. Además, montó 52 "carpas provinciales", en cada una de las cuales se destacaban tradiciones, lugares emblemáticos, platos típicos... ¿Ejemplos? La caseta de Álava presumía de las maravillas de las Fiestas de la Virgen Blanca, con su "comparsa de gigantes y cabezudos". La de Sevilla mostraba la Semana Santa y la Feria de Abril. La de Salamanca, la cascada del Pozo de los Humos. Badajoz: la Plaza Alta. Barcelona: los calçots. Y así una caseta tras otra. Abascal afirmaba que todo aquel despliegue demostraba que Vox no es "un partido uniformizador", sino el que "está más cerca de las tradiciones locales, de las peculiaridades de toda España". "No nos hacen falta 17 parlamentarios", afirmó tras su recorrido por las 52 "casetas". Abascal enlaza el auge político de la provincia con su proyecto antiautonomista.

Identidades

Carmen Lumbierres, profesora de Ciencias Políticas de la UNED, duda que el "paletofranquismo" de Vox sea una baza ganadora. A su juicio, el movimiento España Vaciada, responsable destacado del protagonismo de la provincia, es eminentemente "pragmático" y se centra en la persecución de logros como infraestructuras y fondos europeos. No obstante, no le niega al partido de Abascal olfato para haber identificado que en el auge de las provincias hay también "motivaciones identitarias".

Y las hay. Por una parte, está la tensión campo-ciudad, alimentada por el hartazgo por la pérdida de poder adquisitivo y el recelo hacia la centralización del poder y la mayor riqueza en las capitales. A esto se suma el apego a tradiciones y formas de vida que pueden ser vistas como amenazadas o en retroceso. La explotación de esta clase de emociones es una especialidad de Vox, que se dedica a exaltar tipismos como forma de conectar con electores a los que quizás no pueda llegar con su programa. Por otra parte, añade Lumbierres, Vox también tiene una veta de conexión con el mundo rural a través del rechazo al "discurso ecologista y cosmopolita", que es presentado como contrario a los intereses y preocupaciones de una España interior más auténtica, pura y profunda. Ahí inscribe la puesta en escena de Viva 21, un poco al estilo feria ganadera.

Mayor atención

A juicio del politólogo Pablo Simón, profesor en la Universidad Carlos III, la oferta de Vox trata de reafirmar sus lazos con la España rural para reducir el riesgo de que el PP le haga lo mismo que en el pasado le hizo a Cs, al que barrió de las provincias vaciadas con una llamada al voto útil y una "eficaz" campaña: "Mi pueblo no se cierra". "Ahora nos podríamos encontrar con que, si hay voto que le quedaba a Cs que va a Casado en las provincias poco pobladas, se dé la paradoja de que el PP no fuera el partido más votado pero sí el más que tenga más representación", explica el autor de El príncipe modernoEl príncipe moderno.

El motivo es el menor número de votos necesarios para obtener escaño en las provincias menos pobladas, que hacen de estas plazas las óptimas para "desequilibrar la balanza", señala Simón. Eso explica que la provincia esté tan de moda. Y que probablemente lo siga estando. Veamos un caso. Antes de la irrupción de los partidos provinciales, en Soria las campañas de las generales tenían escaso misterio. El pescado está casi vendido: un diputado para el PSOE y otro para el PP. Ahora, si Soria Ya se presenta, la cosa cambia.

Simón no se atreve a vaticinar a quién hará más daño, si a PP o PSOE, la irrupción de papeletas provinciales. "Habrá que ver en cada provincia quién y cómo se presenta. En Ávila cojea más a la derecha, en Teruel a la izquierda. Depende", señala. Lo que sí augura es una mayor atención de los dos partidos históricos a estas circunscripciones. Eduardo Bayón está de acuerdo. La mayor atención a las provincias ya es visible en PP y PSOE, pero también en Vox y Unidas Podemos, que pueden ver seriamente mermadas sus opciones de escaño en las circunscripciones pequeñas, a su juicio. "A Vox –afirma– le puede cortar el crecimiento y dejarlo en fuera de juego". ¿De ahí su apuesta por lo provincial en su Viva 21? "Al ser un partido que está contra el sistema autonómico pero no es municipalista, la identidad es el elemento que le queda. Está claro que sin la amenaza de las candidaturas provinciales, allí habría habido sólo una bandera de España".

Camino del congreso del PSOE, el presidente de la Diputación de Jaén, Francisco Reyes, se muestra consciente del auge del nuevo movimiento provincialista, pero rechaza de plano la idea de que la España rural e interior haya sido olvidada por las administraciones. "Nos tenemos que sentir orgullosos de que nuestros pueblos, hoy, no se parezcan en nada a lo que nos encontramos en 1979", afirma, mientras señala que el fenómeno de la pirámide poblacional está castigando especialmente a un mundo rural que exige respuestas. ¿Cómo se ve desde hoy aquel acuerdo para suprimir las diputaciones de 2016? Reyes, que es a su vez presidente de la Comisión de Diputaciones, Cabildos y Consells de la FEMP, lo atribuye a una "obsesión de Cs" con el "concepto", pero asegura que su partido siempre ha sido "consciente del papel" de estas instituciones. "Muchas veces quien habla de las diputaciones lo hace de oídas", señala.

Arraigo histórico y constitucional

La provincia, recuerda Simón, está ahora en boga pero "nunca se fue". Porque su anclaje es fuerte. En primer lugar, por historia. Su origen se remonta a 1883, con un mapa de 49 provincias, un esquema que ha ido viviendo sucesivos cambios hasta imprimirse en la Constitución, que las incrusta en el corazón de la organización del Estado. Además, se reconoce la "administración autónoma" de las provincias a través de las diputaciones y les da la opción de erigirse en comunidades. Como colofón, el texto del 78 reconoce a la provincia como circunscripción electoral y asigna a cada una cuatro senadores, sea cual sea su población.

Al arraigo histórico y el reconocimiento constitucional se suman factores de idiosincrasia. A menudo los pueblos de las provincias tienen tradiciones y acentos parecidos, sus equipos deportivos compiten entre sí en las ligas menores, los municipios se completan unos a otros la oferta de servicios, hay diarios provinciales que dan cohesión... La provincia es unidad básica de medida del día a día del país. Y es usual que uno conozca mal que bien la provincia propia y sus problemas, sin excluir un sentimiento de pertenencia parejo al autonómico o el nacional. Dicho sentimiento, sobre todo cuando hay "descontento", se puede definir por "oposición" a la capital, sea "Zaragoza en Aragón, Sevilla en Andalucía o Toledo en Castilla La Mancha", explica Lumbierres. Todo ello son factores que pueden ser explotados políticamente. Esa es la marea que está creciendo.

Descentralización a medias

El movimiento político provincialista surge como reacción a un contraste entre el elevado rango que la provincia merecería por historia y estatus jurídico y la realidad, donde no ha sido tan importante, señala la politóloga Carmen Lumbierres. La dimensión provincial de la política se ha desdibujado por motivos entre los que no cabe desdeñar el progresivo acaparamiento de poder de las cúpulas de los partidos, con base en Madrid. Aunque la elección de parlamentarios es por provincias, la dinámica del Congreso no se centra en ellas y el Senado no se ha erigido en cámara territorial. Los problemas, por ejemplo, de ese cuadrante noroeste formado por Lugo, Ourense, Asturias, León, Zamora, Salamanca y Palencia, lo que Enric Juliana ha llamado en La Vanguardia "el nuevo sur de España", no han encontrado el eco que merecían en la sede de la soberanía nacional, a tenor de los análisis recabados para este artículo. ¿Qué ha pasado mientras tanto? Es sabido: envejecimiento, vaciamiento, falta de infraestructuras... 23 provincias han perdido en los últimos 70 años la mitad de su peso demográfico, económico y laboral, según un estudio de Funcas.

Las provincias de "Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, la Galicia interior, el Aragón periférico, el oriente andaluz (Almería, Granada y Jaén), Cantabria y La Rioja", escribe la politóloga, "buscan una representación institucional a sus demandas que no encuentran en las Cortes y lo que es más decisivo en sus gobiernos autonómicos". Y añade: "La descentralización política de la década de los ochenta que alcanzó a las regiones y no continúo hasta el municipalismo propició una doble concentración de poder estatal y de capitalidad autonómica que siguió ahondando en la brecha rural-urbano". A esa España nacional y esa España autonómica que han estado dominando la lógica política les ha levantado la voz ahora la España de las provincias.

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