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Crisis del coronavirus

El fondo de reconstrucción europeo revolucionará en dos años la construcción sostenible y la digitalización de la economía

Colocación de paneles solares en lo alto de un edificio.

La revolución económica basada en la digitalización y la transición ecológica que marcará los próximos años en España ya tiene el combustible que necesitaba para ponerse en marcha. Y la crisis derivada de la pandemia ha precipitado todos los planes.

El grueso de la parte de león del fondo europeo de reconstrucción —el llamado Mecanismo de Recuperación y Resiliencia— que tan trabajosamente aprobó el Consejo Europeo el pasado fin de semana en Bruselas son subvenciones que deberán comprometerse en 2021 y 2022 para asegurar que tengan impacto real sobre la crisis. Eso significa que entre el año que viene y el siguiente el 70% tendrá que tener un objetivo específico asignado. El 30% quedará para 2023.

España, como los demás estados miembros, deberá ahora dirigir todo su esfuerzo a elaborar planes nacionales a través de los cuales desarrollar un programa de reformas e inversiones para ese períodos siguiendo las recomendaciones específicas de la UE para España. La puntuación más alta de los proyectos dependerá del refuerzo que supongan para el crecimiento, la creación de empleo y la resiliencia económica y social del Estado miembro. Y la contribución efectiva a la transición ecológica y digital también “será condición indispensable para conseguir una evaluación positiva”, dice textualmente el acuerdo del Consejo Europeo de Bruselas, que también subraya la necesidad de “movilizar rápidamente la ayuda”.

El grueso del fondo europeo, del que España recibirá 140.000 millones —72.700 en ayudas directas— está formado en su mayor parte por el ya citado Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (360.000 millones en préstamos y 312.500 en subvenciones), concebido para contribuir a la reparación de los daños económicos y sociales provocados por la pandemia de coronavirus, iniciar la recuperación y preservar y crear empleo. El resto de programas palidecen a su lado, pese a representar por sí solos objetivos muy ambiciosos, como el React-EU (47.500 millones), destinado a inversiones para apoyar el mantenimiento del empleo, en particular mediante regímenes de reducción del tiempo de trabajo y apoyo a los trabajadores por cuenta propia. Estos fondos, a los que tendrán acceso también sectores como el turismo o la cultura, particularmente afectados por la crisis, también pueden utilizarse para fomentar la creación de empleo y las medidas de empleo juvenil, para los sistemas de asistencia sanitaria y para facilitar capital circulante y apoyo a la inversión a las pymes.

El resto de dinero, hasta 750.000 millones, se reparte entre el Fondo de Transición Justa (10.000), Desarrollo Rural (7.500), Horizonte Europa —fomento de la investigación y la innovación (5.000) y RescEU —el mecanismos de protección civil de la UE para emergencias— (1.900).

Sólo en el ámbito digital, los planes del Gobierno pasan por invertir entre 2020-2022 en torno a los 20.000 millones de euros, de los cuales 15.000 saldrían del fondo europeo. Una suma enorme sa la con la que el Ejecutivo quiere movilizar además unos 50.000 millones de euros en el sector privado.

La idea del Ejecutivo, en esta área bajo la batura de la ministra Nadia Calviño, es impulsar la transformación digital del país como una palanca para relanzar el crecimiento económico, reducir de la desigualdad y aumentar la productividad. Los objetivos son ambiciosos: acabar con la brecha digital entre zonas rurales y urbanas, completar despliegue de la tecnología 5G , poner fin a la brecha digital en la educación, desarrollar un gran sector de ciberseguridad, impulsar la digitalización de las Administraciones Públicas, particularmente en ámbitos clave como el empleo, la justicia, o las políticas sociales, acelerar la digitalización de las empresas, incrementar un 30% la producción audiovisual y “transitar hacia una economía del dato” para aprovechar las oportunidades que ofrece la Inteligencia Artificial.

Ahí hay un enorme potencial de crecimiento económico y con seguridad mucho empleo. Pero los economistas consultados por infoLibre conceden más importancia, desde el punto de vista de la economía pero sobre todo de la creación de puestos de trabajo, al sector de las energías limpias, en particular en relación con la renovación de edificios públicos y del parque de viviendas.

Eulalia Rubio, investigadora senior del Instituto Jacques Delors, un think tank con sede en París, asegura que el destino de la mayor parte del dinero “dependerá un poco de la propuesta de plan que haga el gobierno”. En su opinión, es “bastante probable que el sector sanitario salga beneficiado” porque las “recomendaciones país” para España de 2020 incluyen la necesidad de “reforzar la capacidad y resiliencia del sistema sanitario”, además del gran impulso del que se beneficiará la economía vinculada a la transición ecológica y digital.

Rubio destaca que el acuerdo del Consejo Europeo mantiene el objetivo de que al menos el 30% del fondo de reconstrucción “vaya a actividades climate friendly”. Y como las partidas para Horizonte Europa, el Fondo para la Transición Justa y la partida de Desarrollo Rural “se han recortado muchísimo, sólo será posible alcanzar este objetivo si en los planes nacionales de reconstrucción hay “un fuerte componente” climático.

En ese terreno, precisa, apuesta porque los Estados, también España, privilegien “las inversiones que sean positivas para la transición ecológica y al mismo tiempo tengan un impacto macro económico importante a corto plazo”, incluida la creación de empleo. Y ahí “un candidato ideal es la inversión en construcción sostenible”, incluida la adaptación del parque de edificios y viviendas ya existente a las energías renovables. “Ahí hay unas necesidades de inversión enormes y es un sector que puede generar mucho empleo”.

La importancia del empleo

En sus coincide José Carlos Díez, economista, profesor e investigador de la Universidad de Alcalá, que cree en el enorme potencial de toda la parte de sostenibilidad, desde las grandes plantas fotovoltaica al autoconsumo. En los próximos años, si el dinero se implementa bien, asegura que veremos cómo los tejados se llenan de placas para reducir emisiones. “A corto plazo es lo que más impacto va a tener en el empleo, más que la digitalización”. Según sus cálculos, sólo el programa del GreenDeal vinculado al Banco Europea de Inversiones es capaz de crear 200.000 empleo por año. Pero el aprobado por el Consejo Europeo este fin de semana, subraya, “va a ser seguramante el doble. Eso son dos puntos de empleo al año. Si pones placas en todos los edificios públicos”, subraya de forma muy gráfica, “bajas la tasa de paro tres puntos”.

Aunque tampoco minimiza el impacto de la inversión digital. Desde la economía del big data, a la inteligencia artificial. “El fondo es público”, recuerda Díez, y en este campo hay un enorme potencial de desarrollo a través de las universidades.

Diego Martínez López, profesor de Economía de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, da por seguro “un notable impulso de actividades relacionadas con la competitividad y sus relaciones con el empleo, en especial las dedicadas a cualificación del capital humano”. “Pensemos por ejemplo en centros de formación en sentido amplio, desde academias a centros universitarios especializados en cursos de posgrado, en un contexto de reconversión del tejido productivo. Y en la complementariedad con el recientemente presentado Plan de Formación Profesional”, señala.

Más allá de lo digital y el medio ambiente, Gonzalo Bernardos, profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, hace una advertencia: “Dedicar el dinero a nuevas cosas y dejar morir el turismo, el principal sector económico en España, me parecería una incongruencia, Un mix sería mucho mejor”. El dinero, subraya, debe dedicarse también al turismo, la hostelería y el comercio, los mas dañados por la pandemia. “Los fondos se entregan en gran medida por la afectación de la covid-19, y el gran sector afectado es el turismo”.

Esto es algo que preocupa tumbién a Diego Martínez. El fondo es “un claro ejemplo de apuesta por el presente más inmediato en detrimento de proyectos más a largo plazo” porque “el gran problema económico lo tenemos hoy, con una economía que se ha venido abajo y hay que evitar que se deteriore a medio plazo de manera irreversible”. A lo sumo “podemos aspirar, con notable dificultad, a que los recursos que no se puedan reenganchar a la recuperación se redireccionen hacia sectores de futuro”. Pero es partidario de intentar que se pierda el mínimo de actividad precovid posible.

Bernardos tampoco se olvida de la transformación de la industria del automóvil y e incluso la reconversión de las empresas de componentes a la producción de coches eléctricos. “Hay tanto dinero que nadie debería salir perjudicado”, aunque presupone que “va a haber una gran trecho entre lo que se dice y lo que se hace”.

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José Carlos Díez cree que no hay excusas para no aprovechar esta enorme cantidad de recursos ni por parte del estado ni de las Comunidades Autónomas ni de los ayuntamientos. Hay tres años para presentar planes y luego hasta 2027 para ejecutarlos. “Está muy bien diseñado para que se use”, pero las administraciones tienen “que cambiar el chip, porque están acostumbradas a ir a Bruselas con proyectos de hormigón y esto no va de hormigón”.En vez de trasvases, explica a modo de ejemplo, hay que hablar de depurar y reciclar el agua. Y hay que innovar, como están haciendo ya algunos municipios costeros con la creación de acuíferos artificiales para contener las riadas en la cuenca Mediterráneo y aprovechar después el agua para diferentes usos.

En su opinión, el fondo tiene mucho desarrollo a través de los municipios, desde el agua a los residuos, la eficiencia energética o el desarrollo de las smart cities. Por no hablar de la España vaciada, que se puede beneficiar especialmente de los desarrollos digitales.

¿Hay algún sector que vaya a pagar el pato de estas nuevas prioridades? Los economistas consultados por infoLibre creen que no necesariamente. Ni siquiera la agricultura y la ganadería, porque lo que pierden por la PAC lo pueden ganar a través del fondo de reconstrucción, Ni tampoco la automoción, si es capaz de aprovechar el dinero para transitar hacia la movilidad eléctrica.

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