Franquismo

Franco sólo dura cuatro días en las calles de Barcelona y agita el debate sobre la impunidad de la dictadura

La exposición del franquismo de Barcelona reaviva el debate sobre la impunidad de la dictadura

Beatriz Pérez

El pasado 17 de octubre se inauguró la exposición Franco, Victoria, República. Impunidad y espacio urbano en El Born Centre Cultural i de Memòria (Born CCM) de Barcelona. Ese mismo día, Ramon Luque, un histórico dirigente de Izquierda Unida y miembro fundador de Iniciativa per Catalunya y de EUiA, fue zarandeado y tirado al suelo por un grupo de jóvenes manifestantes contrarios a la muestra. Sucedió en el momento en que Luque, que militó en formaciones de izquierda cuando estaban ilegalizadas durante la dictadura, se acercó a hablar con ellos.

La exposición, impulsada por el Comisionado de Memoria Histórica del Gobierno municipal de Ada Colau y a la que se podrá acceder hasta el 8 de enero, reflexiona sobre la permisividad de los símbolos franquistas no solo durante la dictadura, sino también (y aquí está el matiz) durante bien entrada la democracia. Lo hace a través del relato de las peripecias de tres estatuas. Por un lado, La Victoria (una aplogía de la dictadura) y una figura ecuestre de Franco (popular porque en el año 2013 alguien, en el depósito donde se guarda, le arrancó la cabeza), ambas rescatadas de los almacenes municipales y presentadas por primera vez en una instalación en la plaza del Born. Por el otro, La República (un homenaje a Pi i Margall, presidente de la I República), proyectada como una sombra en la misma.

Pero desde el lunes, la estatua del Franco decapitado ha sido objeto de diferentes actos de gamberrismo: desde el lanzamiento de pintura, huevos y una puerta de balcón, hasta la colocación en ella de una muñeca hinchable, una cabeza de cerdo o banderas independentistas. La noche de jueves al viernes un grupo de tres personas la tiró al suelo. El Ayuntamiento, presionado, decidió finalmente este viernes retirar tanto esta como la de La Victoria. Duraron cuatro días en la calle. Los ataques a las mismas se incorporarán a la exposición, explicó horas después el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello.

Pese al tono nítidamente crítico de la muestra, esta fue rechazada con contundencia por una parte de la ciudadanía y de algunos partidos políticos que han acusado al consistorio de hacer apología del franquismo. Sin ir más lejos, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) culpó a Colau de sacar las estatuas franquistas a la calle en un vídeo colgado en Twitter. ¿Por qué una exposición reprobatoria con la impunidad de la que el franquismo goza en España ha causado tal controversia?

El uso del espacio

"Esta polémica no debería existir. Ha habido mucha contaminación por parte de los periodistas y de grupos políticos vinculados al independentismo que no querían que se celebrase en el Born", explica la historiadora Carme Molinero, directora del Centro de Estudios sobre las épocas Franquista y Democrática (CEFID) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). El centro de El Born está asentado en los restos arqueológicos de la caída en 1714 de Barcelona ante las tropas borbónicas y por eso para el sector soberanista es una especie de "zona cero" de la independencia. Eso sí, El Born es un equipamiento municipal.

La estatua de Franco, decapitada y portando la 'estelada'.

"Me parece coherente que esta exposición se haga en El Born porque es un centro de cultura y memoria. El pasado de Catalunya tiene muchos episodios especiales, no solo 1714", añade Molinero, que opina que esta polémica en torno a la muestra no hubiera sucedido antes del 2012, año en que se produjo la primera gran Diada de Catalunya y punto de inflexión en las pretensiones independentistas.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cataluña dice estar de acuerdo con la mirada de la exposición, pero opina que el sitio elegido no es el más adecuado. "No nos gusta la confrontación. Y sabemos que El Born tiene un significado muy especial para algunos catalanes", señala el presidente de la entidad, Manuel Perona. No solo las voces ciudadanas, sino también las políticas han criticado la elección del espacio. "Consideramos que es un grave error el lugar escogido porque hiere el sentimiento de mucha gente y consigue que haya división donde debería haber la máxima unidad de todos para avanzar en la reparación y restitución de la verdad", dijo la consejera de Presidencia y portavoz del Govern, Neus Munté.

El Born Centre Cultural i de Memòria, que abrió en el 2013 tras 12 años de obras, costó a las arcas públicas un total de 84 millones de euros. Y aunque actualmente la utilización del mismo hiere las sensibilidades de muchos, hace no tanto, en 1991, se arrasó el yacimiento de la zona adyacente al mercado (justo donde ahora están las estatuas de Franco y La Victoria) para construir un aparcamiento subterráneo, informa Carles Cols en El Periódico de Catalunya. Nadie lo defendió en aquel momento.

En todo caso, no deja de ser paradójico que una exposición que reflexiona acerca del uso que se hace de los símbolos ideológicos en el espacio público tenga precisamente como uno de sus principales focos de debate el propio espacio elegido para la misma.

La negación del pasado

"Creo que esta exposición amplía la concepción de El Born. Una parte de la población lo asocia como una referencia de 1714 y piensa, erróneamente a mi juicio, que esta exposición anula esa memoria", se justifica el comisario de la exposición Franco, Victoria, República. Impunidad y espacio urbano, Manel Risques.

La estatua de Franco fue llenada de pintadas.

El comisario también responde a las críticas de quienes lo acusan de hacer apología del franquismo al asegurar que la conclusión que se extrae de la obra es precisamente la absoluta "banalización" del franquismo que ha habido en este país. "La exposición refleja cómo las estatuas de La Victoria y de Franco han coexistido impunemente en el espacio público de Barcelona hasta hace no mucho", explica. De hecho, la estatua de La Victoria no fue retirada hasta enero del 2011 de su enclave histórico: el cruce de paseo de Gràcia y la avenida Diagonal, la llamada plaza de Juan Carlos I, donde estaba desde 1939. La del Franco decapitado se sacó en marzo del 2008 del patio de armas del castillo de Montjuïc: se encontraba ahí desde 1963.

"Los gobiernos democráticos han tenido una amplia tolerancia con estas estatuas", continúa Risques. Frederic Marés, el autor de La Victoria, recibió reconocimiento y homenaje por parte de los sectores culturales y artísticos catalanes. Se le concedió en 1982 la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Cataluña de la mano de Jordi Pujol. No se debe pasar por alto el hecho de que su estatua coronó durante años la plaza de Juan Carlos I (llamada así desde 1981 por iniciativa del alcalde socialista Narcís Serra). El nombre de esta plaza es importante porque, muy al contrario, la estatua de La República fue relegada en 1990 a la de Llucmajor (que pasó a llamarse plaza de la República este 2016 por la presión vecinal), en el norte de Barcelona, una zona mucho menos opulenta y de mucha menor visibilidad. Así, en última instancia, la muestra de El Born refleja cómo la monarquía (la plaza de Juan Carlos I) era compatible con el franquismo (la estatua de La Victoria) pero no con la República. Todo ello con la connivencia de los gobiernos catalanes apoyados por mayorías absolutas.

Es también revelador el impune "transformismo moral", en palabras de Risques, de algunos de estos artistas, como es el caso de Josep Viladomat, autor de la estatua de La República (concebida en 1932), que hubo de exiliarse en Andorra cuando ganó Franco. Porque Viladomat regresó a Barcelona en 1950, y en 1963 aceptó el encargo del alcalde José María de Porcioles de crear esa estatua ecuestre de Franco que presidió hasta el 2008 el patio de armas del castillo de Montjuïc. Era la ahora famosa y controvertida estatua del Franco decapitado.

La importancia de mirar atrás

"Es falso decir que en Cataluña todo el mundo era antifranquista. Hay que mirar al pasado. El modelo de impunidad fue tolerado también en Cataluña. Debemos romper con la imagen de que aquí todo el mundo estuvo en contra", asevera el comisario de la muestra. Y aunque destaca los "esfuerzos importantes" que Cataluña ha hecho por impulsar una política memorial, para él si algo demuestra esta exposición es precisamente que "no se ha hecho una política pública de la memoria". De haber sido así, es posible que esta exposición no hubiera causado tanto escozor, porque intentar comprender no es lo mismo que justificar.

"Con el tripartito (2003-2006) se creó el Memorial Democrático. Sin embargo, quedó totalmente vacío; existe como institución, pero no recibe ninguna dotación económica", concluye Risques.

"No se puede afrontar el futuro sin hacer justicia con el pasado. Estamos pagando el desconocimiento que tenemos de la historia", añade por su parte Manuel Perona desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cataluña. "El franquismo (matiza) igualó a toda España. Lo sufrimos todos". En su opinión, la sociedad civil catalana sí destaca por su "sensibilidad" con la memoria histórica.

Con todo, una de las paradojas más destacadas en torno a la controversia de la exposición de El Born es que ha recibido palabras de desaprobación también por parte la Fundación Nacional Francisco Franco (encargada de enaltecer la figura del dictador). Esta entidad ha calificado de "bárbaro aquelarre" la exhibición de la estatua del Franco decapitado. Muy lejos de considerar que Ada Colau hace apología del franquismo (como sí han hecho ciertas personalidades políticas de derechas y de izquierdas), la Fundación ha acusado a la alcaldesa de infundir "odio" hacia el régimen y de "manipular" la historia.

Es posible que la Fundación Nacional Francisco Franco haya percibido el tono satírico con el que cierra la muestra de El Born. Al final de la misma se muestra una cabeza de Franco: la que supuestamente le falta a la estatua ecuestre, retirada ya del espacio público. Y, como prueba final de la "impunidad" del franquismo en nuestro país, la exposición rememora el episodio ocurrido en la feria de Arco en el 2012, cuando Eugenio Merino expuso su obra Always Franco, en la que mostraba una estatua del dictador dentro de una nevera de Coca-Cola. Merino fue a juicio en el 2013, acusado de atentar contra el honor de Franco, aunque finalmente fue absuelto.

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