Mejor hablar de Sánchez que de sanidad: cómo las derechas han socavado el debate autonómico

España vive ya en plena ebullición electoral. El país mira ya a Aragón, que irá a las urnas el próximo 8 de febrero. Una cita adelantada por el presidente regional, Jorge Azcón, con la excusa de no poder pactar los presupuestos con Vox. Mítines, entrevistas, spots. Pero, de nuevo, la batalla local traspasa los temas al escenario nacional.

Las elecciones autonómicas tienen una enorme trascendencia de políticas de gestión porque en un país tan descentralizado recaen sobre los Ejecutivos regionales las competencia de las columnas vertebrales del estado del bienestar: sanidad, educación, dependencia y servicios sociales.

La propia dinámica del ciclo electoral autonómico ha quedado alejada incluso de su propio calendario, ya que el PP, en consonancia con los barones autonómicos, ha decidido planificar las contiendas con el fin principal de desgastar al Ejecutivo de Pedro Sánchez. A eso responde principalmente que se hayan adelantado los comicios en Extremadura (que fueron el 21 de diciembre) y en Aragón, cuando tocaban de nuevo en 2027. De esta manera, se precipita esa batalla, coincidiendo con que se tienen que convocar obligatoriamente las de Castilla y León (15 de marzo) y las de Andalucía (teóricamente en el mes de junio).

Las autonómicas como plebiscitos sobre Sánchez

Tras Extremadura, en Aragón las derechas vuelven a centrar su campaña en temas nacionales y, sobre todo, explotar el conocido voto antisanchista, el fenómeno por el que convierten al presidente del Gobierno en su principal rival. Esa estrategia resultó exitosa el 28M, las elecciones municipales y regionales de hace casi tres años, cuando el PP, de la mano de Vox, pintó de azul la mayor parte del mapa político autonómico.

De hecho, PP y Vox han convertido la campaña aragonesa casi en un plebiscito de política nacional tratando de evitar la gestión, por ejemplo, de la sanidad que, desde 2023, está en manos de los populares. Asimismo, los dos partidos venden el anticatalanismo como una de sus principales banderas en una comunidad fronteriza y critican al PSOE sus pactos con los soberanistas y la inestabilidad parlamentaria obviando que la legislatura en Aragón, con un cómoda mayoría absoluta de los populares y de la extrema derecha, apenas ha durado dos años.

Esa nacionalización de la contienda electoral se evidenció de manera clara con la presencia de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, en la campaña junto a Azcón. Su principal mensaje fue: “Le pido a los aragoneses ser la voz de España. Aragón y los españoles le dicen a Sánchez adiós, goodbye, agur, adéu y, como decís aquí, hala pues".

Por eso, frente a propuestas y medidas concretas, Azcón ha puesto al Gobierno de Sánchez como su principal enemigo, identificándolo en Pilar Alegría. También se ha evidenciado en la cumbre de barones del PP organizada en Zaragoza contra el sistema de financiación autonómica planteado por el Ministerio de Hacienda que dirige María Jesús Montero. Y el presidente aragonés ha convertido también en un objetivo para llenar sus discursos al titular de Transportes, Óscar Puente.

La estrategia del 28M

El Partido Popular lleva años aplicando la estrategia de convertir las citas electorales en campos de batalla de índole nacional. Todo ello a raíz de las elecciones anticipadas en Madrid en 2021, que ganó Isabel Díaz Ayuso presentándose con el modelo contrario a Sánchez. Esa imagen por evitar hablar de la gestión se materializó en la carta en blanco que envió a todos los ciudadanos sin ninguna propuesta, solo con su foto y la palabra 'libertad'. Esta táctica ha dado buenos resultados a excepción paradójicamente de las elecciones generales cuando Sánchez encabezaba la papeleta del PSOE.

Ese intento de nacionalizar la campaña en Aragón se contrapone con los motivos de los ciudadanos para elegir una papeleta u otra. Según el barómetro preelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre el 8F, el 61,2% asevera que los temas de Aragón serán lo más importante para decidir, mientras que el 27,3% lo hará poniendo sobre la mesa asuntos nacionales. Casi el diez por ciento contesta que “ambos por igual".

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Y la estrategia de dominar las campañas a través de lo nacional está todavía más presente en la ultraderecha de Vox, que da mucha más importancia a la marca y al líder general, Santiago Abascal, que a sus propios ‘número uno’ en la plancha electoral. De hecho, su presencia ha sido constante desde la precampaña en los dos territorios. 

Poner el foco en otros temas

Diferente estrategia en la izquierda, que trata de poner en el foco los temas de gestión autonómica. La candidata socialista, Pilar Alegría, se está fijando especialmente en la educación, la sanidad y la despoblación. Por esto, ha lanzado compromisos como reducir la media de tiempo de espera en Atención Primaria de 21 a 3 días y garantizar un transporte público para todas las personas que se desplacen a su médico de cabecera.

Asimismo, los partidos progresistas están incidiendo en la vivienda, considerado el principal problema por los ciudadanos de esa comunidad, según el barómetro del CIS. Todo en una comunidad que no aplica el paraguas que da la ley estatal. Por eso, una reclamación común del PSOE, IU-Sumar, Podemos y la Chunta Aragonesista es que el Gobierno autonómico la adopte para declarar zonas tensionadas y poder topar los alquileres como se está haciendo en Cataluña, Euskadi y Navarra.

España vive ya en plena ebullición electoral. El país mira ya a Aragón, que irá a las urnas el próximo 8 de febrero. Una cita adelantada por el presidente regional, Jorge Azcón, con la excusa de no poder pactar los presupuestos con Vox. Mítines, entrevistas, spots. Pero, de nuevo, la batalla local traspasa los temas al escenario nacional.

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