Igualdad

"No queremos escucharle porque ya las hemos escuchado a ellas": el feminismo se moviliza ante la gira de Plácido Domingo

El tenor español, Plácido Domingo.

Plácido Domingo vuelve a los escenarios. Lo hace después de que en junio fuera recibido por su público con ocho minutos de aplausos en el Auditorio Nacional de Madrid. Una ovación que resonó más allá de las paredes del teatro y que parecía lanzar un mensaje: el respaldo sin fisuras hacia quien había sido señalado por más de una veintena de mujeres como autor de presuntos abusos sexuales. Este sábado se subirá a las tablas del Teatro Romano de Mérida y a los más que probables aplausos le acompañarán, esta vez, los gritos de condena del movimiento feminista. La Comisión 8M de Mérida ha pedido la cancelación del concierto y el mismo sábado sus activistas se concentrarán a las puertas del auditorio. "No queremos escucharlo a él porque las hemos escuchado a ellas", clamarán.

La agrupación feminista ya pidió a la Junta de Extremadura que tomara cartas en el asunto y el Gobierno de Guillermo Fernández Vara respondió: decidió que la Orquesta de Extremadura no actuaría en el concierto y reconoció sentir "rechazo" ante la actuación. La Comisión 8M también registró en el Ayuntamiento de Mérida una petición de anulación del concierto, pero el cartel del Stone & Music Festival permanece intacto y sostenido con fondos públicos.

El tenor volverá a los escenarios y con él regresará un debate que ha ido ganando terreno, especialmente desde el auge de movimientos como el #MeToo. ¿Hay que separar la obra del autor? ¿Hasta qué punto la condena social puede lastrar la carrera de alguien? ¿Qué ocurre con la presunción de inocencia? Las voces consultadas coinciden en lo complejo del debate, pero insisten en que el movimiento feminista tiene el deber de actuar con contundencia y sin titubeos. Y en este caso, completan, está claro: Plácido Domingo pidió disculpas y llegó a asegurar que lo que antes era considerado "galantería" hoy se percibe de manera "muy diferente". Por lo tanto, reconoció los hechos. Es la interpretación de las feministas, pero él difiere: este mismo viernes, el artista recalcó que "pedir disculpas no significa haber cometido un abuso".

¿Qué ocurrió exactamente? En el año 2019, una investigación del sindicato estadounidense que representa a los artistas de ópera concluyó que el reputado director de orquesta abusó de su poder y acosó sexualmente a veintisiete mujeres mientras ocupó la dirección de la Ópera Nacional de Washington y de Los Ángeles. Domingo dijo entonces que asumía "toda la responsabilidad", después de haber negado los hechos en un primer momento. Él mismo pidió perdón por el "dolor" que provocó a las mujeres.

Quienes levantaron la voz en un primer momento fueron nueve. Sus relatos hablaban de acoso y abuso sexual a lo largo de diversos encuentros. Los comportamientos denunciados se habrían producido de manera reiterada a partir de finales de los ochenta. Así lo confirmaría también una investigación de Associated Press hecha pública en agosto de 2019. Las afectadas hablaban de besos en la boca sin su consentimiento e incluso denunciaron tocamientos. Ocurría, según estas mujeres, en vestuarios, habitaciones de hotel y comidas de trabajo.

Reacción feminista

Marisa Tena forma parte de la Comisión 8M de Mérida y defiende de manera categórica la condena social: "Plácido Domingo ha reconocido haber acosado a distintas mujeres. Darle un espacio para el aplauso y el reconocimiento público es un varapalo para las víctimas". Es en ellas, en las víctimas, donde la feminista pone el acento. Que Plácido Domingo pise los escenarios acompañado por la ovación no sólo de los asistentes, sino también de las instituciones, supone de facto una "revictimización" de quienes denunciaron haber sufrido acoso. Tena apela igualmente a la responsabilidad de las administraciones. Apoyar, tolerar o simplemente permitirse el lujo de permanecer impasible ante la celebración del concierto lanza el inquietante mensaje de que "lo importante no es el hecho mismo, sino quién lo comete", y que el prestigio del autor está por encima. "La violencia no sólo se acaba con denuncias y juzgados: requiere de una acción comunitaria", reza la activista.

Por la necesaria respuesta social también clama Laura Freixas, escritora feminista. Admite con cautela todos los matices del debate, porque los hay: estamos ante una "batalla ideológica que debe hacerse con matices y reflexión", dice al otro lado del teléfono, para enseguida declararse contraria a los "linchamientos" y a lo que se ha dado en llamar "cultura de la cancelación". Sobre este mismo asunto se expresó el actor Johnny Depp esta semana en Donostia. El también cineasta, inmerso en varios procesos judiciales con su expareja, criticó ante los medios de comunicación que "la cultura de la cancelación" se ha convertido en "aire contaminado que se exhala". "No dudo que este movimiento, como tantos otros, ha surgido con las mejores intenciones. Pero está descontrolado. Nadie está seguro. Ninguno de vosotros tampoco", asintió. Lo hizo mientras recogía el Premio Donostia con el que ha sido galardonado.

Marisa Soleto, jurista y directora de la Fundación Mujeres, coincide en los matices: hay diferentes planos, niveles y lecturas, en función de cada caso. Pero existe un "margen ético de maniobra, sobre todo en cuanto a personajes históricos, de distinción entre obra y autor". Un margen de actuación que, concede, "es sano" respetar. Pero Soleto también comparte la certeza de que el movimiento feminista debe "llamar la atención" sobre este tipo de comportamientos: "Por muy bueno que sea uno en un ámbito, esto hay que censurarlo y no caer en el blanqueamiento". Freixas amplía esta suerte de deber al resto de la población: "La sociedad, con su comportamiento, tiene que manifestar que no es indiferente a estos comportamientos y que no ampara la impunidad de un gran hombre sólo por ser un gran hombre".

Responsabilidad institucional

Esta responsabilidad es extensiva, a juicio de las entrevistadas, a las instituciones. A Plácido Domingo no sólo "se le invita en tanto que excelente cantante, sino que es un modelo de conducta", argumenta Freixas. Las conductas denunciadas por cerca de una treintena de mujeres no son, al fin y al cabo, "simplemente errores o defectos de personalidad individuales", sino que responden a una característica intrínseca al sistema: el abuso y el acoso "contra las mujeres en el mundo del arte y seguramente en otros en los que se ha destapado menos". Si la condena decidida contra los hechos denunciados contienen, además, el rechazo explícito a la violencia sistémica contra las mujeres, entonces es "razonable y coherente pedir a las administraciones responsabilidad social", observa Soleto.

En junio, tras aquel prolongado aplauso de ocho minutos en Madrid, la ministra de Igualdad, Irene Montero, publicó dos tuits. "¿Por qué hay quienes necesitan aplaudir con estruendo a un hombre que ha confesado haber abusado sexualmente de varias mujeres?", se preguntaba. Tajante, la ministra añadía que "incluso quienes piensan que la respuesta no puede ser el escarnio público deberían entender que la ovación lo es aún menos". Remataba con una reflexión: "Luego se sorprenden de que las mujeres no denuncien por miedo a no ser creídas".

A las feministas consultadas no les sorprende en absoluto el aplauso, ni la ovación, ni siquiera el apoyo generalizado. "La cultura patriarcal está tan enraizada que no se destruye, ni se cuestiona, de la noche a la mañana: hace falta que el feminismo siga explicando sus motivos", declara Freixas. Especialmente en el mundo del arte, donde la figura del creador masculino escala a una cumbre casi sacralizada: "Son ídolos, están envueltos por un aura que genera empatía con el público". Algo que, en ocasiones, se torna "peligroso si esos ídolos encarnan conductas antisociales", incide la escritora.

Los aplausos no sorprenden, pero tampoco desmovilizan ni restan un ápice de fuerza. "¿A las feministas? ¿Desmoralizarnos?", exclama, irónica, Soleto. "Corresponde al movimiento feminista seguir alertando de que esos aplausos a veces son una manifestación de antifeminismo, pero no nos hacen desistir". También Tena relativiza las críticas y las enmarca en un contexto de toma y daca continuado: "Siempre que damos un paso hacia adelante se produce una reacción". Incluso entre las propias mujeres. Hace ahora tres años, un centenar de personalidades francesas firmaron un manifiesto contra el #MeToo. "La violación es un delito. Pero el coqueteo insistente o torpe no lo es, ni es la caballerosidad una agresión machista", aseveraban. Freixas lo enmienda: "Me preocupa que se llame puritanismo, moralismo o hipocresía a lo que son derechos humanos. No censuramos la sexualidad, sino las actitudes violentas e impositivas", zanja.

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