Inmigración

El pico de pateras en 2018 alienta el mito de la 'avalancha' pese a su reducido impacto demográfico

Inmigrantes rescatados de una patera con 55 personas en el mar de Alborán.

La inmigración copa el debate político de actualidad. No sólo en España, sino en buena parte de Occidente, Los motivos son varios. El fundamental es que Donald Trump, Nigel Farage, Mateo Salvini o Viktor Orbán han comprobado que el tema funciona. Es decir, ha quedado probado que el recrudecimiento de los términos de la discusión sobre la inmigración espolea reacciones defensivas de los electorados en Estados Unidos, Reino Unido, Italia y Hungría, pero también en Francia, Alemania, Holanda... En España han coincidido varios factores. Ha cambiado el Gobierno: sale el PP y entra el PSOE. Casi lo primero que hizo el presidente Pedro Sánchez es abrir puerto al Aquarius, presentando a España como contrapunto de la Italia de Salvini. Por su parte, el PP ha sustituido a Mariano Rajoy por Pablo Casado, que ha elegido la inmigración como tema estelar para afianzar unas bases conservadoras tentadas por Ciudadanos. Y lo ha hecho en términos rotundos. Hablando de "millones de africanos" atraídos por el "efecto llamada" del "papeles para todos" e inventándose datos para aquilatar sus llamativas afirmaciones. Ahí tenemos todos los ingredientes políticos del cóctel.

Pero hay otro factor, el realmente decisivo, sin el que no podría haber controversia política social de ningún tipo: es que efectivamente llegan inmigrantes irregulares a España. Siempre han llegado y siempre llegarán. Por causas demográficas, la "inmigración cero" es un horizonte inalcanzable e indeseable, como remarca el catedrático de Sociología Antonio Izquierdo. Ahora bien, ¿llegan más inmigrantes irregulares que nunca? ¿Es una cantidad inasumible?

  UN PICO DE 26.260

Basta poner las cifras fundamentales del fenómeno migratorio español encima de la mesa para comprobar que la inmigración irregular que entra por el Estrecho, que es la que capitaliza el debate político y monopoliza la percepción social, es un elemento cuantitativamente secundario, aunque en efecto esté atravesando un pico.

Con datos de 1 de enero de 2018, hay 4.719.418 extranjeros residiendo legalmente en España, de los que 1,7 millones son de la Unión Europea, es decir, con permiso automático. Son datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que sólo contabiliza la inmigración legal. La irregular, por su propia naturaleza, es difícil de cuantificar. No obstante, continuamente vemos moverse un aluvión de datos y gráficas que apuntan al cielo. Todo envuelto en términos como "oleada", "aluvión" e incluso "avalancha".

En lo que va de 2018 (hasta 31 de julio) el Ministerio del Interior ha contabilizado la entrada de 26.260 inmigrantes irregulares por las costas peninsulares españolas, los dos archipiélagos, Ceuta y Melilla. En dato –algo inferior según la Organización Internacional para las Migraciones, que da 24.634–, es en cualquier caso comparativamente alto, lo cual explica los problemas de acogida en el litoral meridional. El año pasado entraron en el mismo periodo 12.084, según Interior, sólo algo más de la mitad. La dinámica apunta a que alcanzaremos cifras pre-crisis, como cuando en 2006 se llegó a las 41.180 entradas irregulares, récord de una serie histórica que empieza en 2000. No obstante, sigue siendo una cifra comparativamente escasa (menos de un 10%) en comparación con inmigración legal extranjera que entró en 2017: 454.424.

  MUCHA MÁS INMIGRACIÓN LEGAL

Es una constante histórica. La inmigración irregular contabilizada oficialmente supone una cantidad casi irrelevante comparada con la legal. En la serie 2008-2017, entraron legalmente 3.480.849 e ilegalmente 122.622. Es importante introducir aquí una advertencia. El Ministerio del Interior sólo contabiliza los inmigrantes detectados en las costas peninsulares, las islas, Ceuta y Melilla. Es decir, fundamentalmente africanos.

No hay datos oficiales sobre el número de inmigrantes que entran por los aeropuertos, por ejemplo con un visado de turista, y luego se quedan irregularmente. O de los que entran por carretera sin permiso. Esto hace imposible conocer con exactitud el número de inmigrantes irregulares que entran, así como los que permanecen. No obstante, los datos disponibles nos dan pistas de que la inmigración irregular en España está muy lejos de sus picos máximos.

José Luis Rodríguez Zapatero afirmó que a su llegada a la presidencia en 2004 había 700.000 inmigrantes ilegales, de los que regularizó más de medio millón. Y no era la primera regularización masiva. Entre 1985 y 2005 normalizaron su situación en España en procedimientos extraordinarios más de un millón de extranjeros. Fue en ese ciclo cuando se produjo un drástico recorte del número de "sin papeles", por usar el término rescatado ahora por el PP de Pablo Casado. Desde que arrancó la crisis la cifra ha descendido, opina Mikel Araguás, de SOS Racismo, que lleva dos décadas trabajando a pie de calle con el fenómeno migratorio. "Actualmente es absolutamente ridícula si miramos en conjunto la inmigración legal y la población española", asegura. En 2011, siendo secretaria de Estado de Inmigración con Zapatero, Ana Terrón cifró el número de irregulares en 100.000.

  PAÍS DE TRÁNSITO

Algo debe quedar claro: no hay una cifra oficial, ni manera de dar por buena una estimación. Lo que sí hay es la impresión, compartida por las ONG que trabajan con el fenómeno, de que la inmigración irregular ha ido cayendo. Y de que, de hecho, España ha perdido el atractivo para la misma que tuvo durante el boom de la construcción. "Nunca se menciona algo muy importante, y es que España es ahora para buena parte de los inmigrantes que entran irregularmente un país de paso. La mayoría va para el norte, a países como Alemania. De ahí los problemas políticos que está teniendo Angela Merkel", señala Araguás (SOS Racismo).

Esta pérdida de atractivo se nota también en la diferencia entre los extranjeros que entran y los que salen legalmente. El saldo ha sido desfavorable (se iban más de los que llegaban) entre 2010 y 2015. Ni siquiera en 2017, con los indicadores económicos mejorando, el saldo favorable se aproxima al de 2008. El pasado año llegaron legalmente 164.604 inmigrantes más de los que se fueron. En 2008 fueron 310.641, casi el doble. Factores como éste explican el pronóstico de Antonio Izquierdo: "No se va a producir una burbuja migratoria como la de 2002 a 2007. La situación del mercado de trabajo ahora es muy distinta. El porcentaje de inmigrantes en España se mantiene más o menos estable cerca del 12% de la población. Y si crece lo hará poco a poco".

  DEVOLUCIONES Y EXPULSIONES

Hay otro dato que rebaja el impacto de la inmigración irregular. En el periodo 2008-2017 entraron irregularmente por las costas y Ceuta y Melilla –es decir, fundamentalmente africanos– un total de 122.622 extranjeros. Éste es la cara del poliedro migratorio más exhibida por la televisión: la llegada en pateras y cayucos, los saltos de la valla. Rara vez se muestra que también salen. En el mismo periodo fueron expulsados –ya una vez dentro de España– o devueltos –al intentar entrar– 152.461. Interior no explica cuántos de éstos son africanos, pero sí hace una aclaración pertinente: los devueltos son en su mayoría africanos, ya que son los que en mayor medida intentan entrar en puestos no habilitados como fronteras. El total de devueltos de 2008 a 2017 ascendió a 62.944.

En cuanto a los expulsados, también una cifra nada desdeñable –aunque no cuantificada– de los mismos son africanos, señalan desde Interior. Por ejemplo, los recluidos en CIE tras llegar a un puerto desde el norte de África que son luego deportados. A esto se suma que las noticias de inmigración que nos llegan a menudo se refieren a personas que en rigor no llegan a ser residentes ilegales en Espñaa, porque son repatriados sobre la marcha por el procedimiento de denegación de entrada o de readmisión por acuerdo con el país de origen.

La inmigración irregular proveniente de África acapara pues todo el protagonismo, pese a que numerosos factores atenúan su verdadero impacto en la demografía española. Eso sí, donde sus dígitos son apabullantes es en mortalidad. Según la Organización Internacional para las Migraciones, han desaparecido en el Mediterráneo intentando alcanzar España 308 personas en lo que va de 2018. La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía asegura que los muertos son más de 6.000 en veinte años. Al igual que ocurre con el número de irregulares, no hay cifra oficial de muertos en la fosa común del Estrecho.

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