Mensaje de Navidad del rey

El rey defiende “cortar de raíz la corrupción”, pero calla sobre la situación de su hermana

El rey Felipe VI, durante su discurso de Nochebuena de este 24 de diciembre de 2014.

Hace poco más de 48 horas que el juez José Castro dictó auto de apertura de juicio oral del caso Nóos, por el que decidió sentar en el banquillo a la infanta Cristina como cooperadora necesaria de dos delitos fiscales. El procesamiento de la hija menor del rey Juan Carlos copó la actualidad informativa y se coló en todos los titulares. Pero no está explícitamente en el primer mensaje de Navidad del nuevo monarca. No aparece. Nada de mentar Nóos, ni a su hermana, ni el latiguillo de "respeto absoluto a la independencia del Poder Judicial" con el que la Zarzuela ha ido despachando en los últimos meses las novedades del final de la instrucción. Felipe VI optó por citarlo de forma oblicua, al subrayar que hay que "cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción" porque es necesario que esas conductas no se repitan en el futuro y que los ciudadanos sientan que el dinero de todos no se malversa y que "no existen tratos de favor" por desempeñar un cargo o responsabilidad pública. Una sentencia que tácitamente sería aplicable a su hermana: no quiere que los españoles crean que la Justicia la protege por ser quien es.

Muchos ojos y oídos estaban pendientes del primer mensaje televisado del nuevo rey. El más personal, junto con el de la proclamación de hace seis meses, ya que se confecciona en la Zarzuela, y no desde el Gobierno. El contenido, pese al relevo en la Corona, continúa la senda de los anteriores. Sin sorpresas, sin estridencias, sin salirse del corsé y con la notable ausencia de una mención directa a un escándalo que ha socavado enormemente la credibilidad de la institución y que, en cierta manera, aceleró la abdicación de Juan Carlos. 

El discurso de Nochebuena [consúltalo aquí en PDF] comprende cuatro bloques fundamentales: corrupción, crisis, Cataluña y mensaje de "esperanza" hacia el futuro. Una estructura que el rey avanzó en su prólogo, tras agradecer la escucha a los espectadores y reconocer los "tiempos complejos y difíciles para muchos ciudadanos y para España en general". El cóctel de una crisis dura y larga, la relevancia de los problemas políticos y las "conductas que se alejan del comportamiento que cabe esperar de un servidor público" es lo que provoca, "con toda razón", "indignación y desencanto", asumió. Inquietudes que han desencadenado una "seria preocupación social", como vienen repitiendo las encuestas. Pero los españoles, señaló, no deben dejarse vencer por "el pesimismo, el malestar social" o el "desánimo". La respuesta ha de ser encarar las causas de esos problemas "con firmeza y eficacia" para recuperar "el sosiego y la serenidad" que requiere una democracia "consolidada" como la española. 

El monarca sugiere hojas de ruta posibles para cada una de esas inquietudes: combatir la corrupción sin rodeos, luchar contra los "inaceptables" datos de paro sin dejar desprotegidos a los más vulnerables y preservando el Estado del bienestar; respetar la Constitución y esforzarse, "todos", en no perder los "afectos mutuos" y "poner al día y actualizar el funcionamiento de nuestra sociedad democrática y conseguir que los ciudadanos recuperen su confianza en las instituciones".

Felipe VI es continuista hasta en las formas. Compareció sentado, como lo hizo Juan Carlos todos los años menos en 2012, cuando la operación de cadera le obligó a pronunciar su discurso recostado en su mesa de despacho. El nuevo rey –traje gris marengo, corbata azul– habló sentado, enfatizando sus palabras con las manos, y a su derecha, dos fotos. Una, con la reina y sus hijas, Leonor y Sofía, en Marivent, y otra, solo con Letizia. Más alejada, al otro lado del sofá rojo, una imagen del monarca con sus padres el día de la firma de la Ley de Abdicación, el pasado 18 de junio, ceremonia a la que, por cierto, no acudieron los duques de Palma, pero sí su hermana mayor, Elena. La estancia aparece adornada con flores de Pascua y, en una esquina, se ve la bandera de España. La duración, 13 minutos, poco más que el último de Juan Carlos. 

01. LA NECESIDAD DE UNa "PROFUNDA REGENERACIÓN DE LA VIDA COLECTIVA"

El rey abordó la corrupción –una de los asuntos nucleares que se daban por seguro en su discurso– casi desde el arranque de su mensaje navideño. Lo introdujo recordando sus propias palabras en la ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias, el pasado 24 de octubre: la necesidad de admirar "referencias morales", de "reconocer" principios éticos, de "preservar" valores cívicos". La necesidad de "un gran impulso colectivo". "Y quiero añadir ahora que necesitamos una profunda regeneración de nuestra vida colectiva. Y en esa tarea, la lucha contra la corrupción es un objetivo irrenunciable".

Felipe VI subrayó que la "prueba del funcionamiento de nuestro Estado de derecho" es que los "responsables de esas conductas irregulares están respondiendo de ellas". Una referencia que vale para su hermana, que irá al banquillo pese a todos los intentos de su defensa y del aparato del Estado –con la Fiscalía a la cabeza– de salvarla de la imputación. Como también encajaría para todos los cargos públicos que están desfilando ante los jueces o aquellos que están siendo condenados. "Como es verdad también que la gran mayoría de los servidores públicos desempeñan sus tareas con honradez y voluntad de servir a los intereses generales", precisó.

Pese a las dos salvedades, el monarca insistió en que es imprescindible evitar que esas conductas "echen raíces en nuestra sociedad y se puedan reproducir en el futuro". Porque no sería tolerado por la sociedad: "Los ciudadanos necesitan estar seguros de que el dinero público se administra para los fines legalmente previstos, que no existen tratos de favor por ocupar una responsabilidad pública, que desempeñar un cargo público no sea un medio para aprovecharse o enriquecerse, que no se empañe nuestro prestigio y buena imagen en el mundo". 

Honestidad como "pilar básico de convivencia"

No se puede escurrir el tema de la corrupción, convino el jefe del Estado. "Pocos temas como este suscitan una opinión tan unánime". No lo dijo, pero bastaría con mirar, por ejemplo, el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que mostró que el 63,8% de los españoles se dice preocupado por la corrupción y el fraude. Dato histórico. De modo que la receta es, para Felipe VI, clara: "Debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción. La honestidad de los servidores públicos es un pilar básico de nuestra convivencia en una España que todos queremos sana, limpia".

En este largo pasaje no aparecieron, pues, referencias explícitas a su hermana. No verbalizó su respeto a la independencia de los jueces, ni remarcó que "la Justicia es igual para todos", como hizo su padre en 2011, a pocos días de la imputación de Iñaki Urdangarin, cuando Nóos comenzaba a erosionar la imagen de la Corona. Ni tampoco aludió a la renuncia a los derechos dinásticos de Cristina, sexta en la sucesión al trono. La Zarzuela ha venido remarcando, a cada pregunta de los medios, que esa cuestión competía a la infanta, y a nadie más que a ella. Pero ella se ha resistido hasta el momento, pese a haberse dictado el auto de apertura de juicio oral, momento procesal que los partidos toman como referencia para demandar el cargo al afectado.

02. "ECONOMÍA AL SERVICIO DE LAS PERSONAS"

La crisis emergió en dos momentos del primer mensaje navideño de Felipe VI. En la introducción, para reconocer los "tiempos complejos y difíciles" que sufren "muchos ciudadanos" y España. Para recordar cómo la "dureza y duración" de la depresión económica está haciendo mella en muchas familias, generándoles "incertidumbre por su futuro".

Luego rescató el rey la crisis tras tocar la corrupción. "Continúa siendo un motivo de grave preocupación para todos –empezó–. Los índices de desempleo son todavía inaceptables y frustran las expectativas de nuestros jóvenes y de muchos más hombres y mujeres que llevan tiempo en el paro. Es cierto que nuestras empresas son punteras en muchos sectores en todo el mundo, pero también lo es que nuestra economía no ha sido capaz, todavía, de resolver de manera definitiva este desequilibrio fundamental".

Pero el discurso, aunque nacido en la Zarzuela, es revisado por la Moncloa, así que era previsible que contuviera trazas de la propaganda gubernamental. Así, calificó de "muy positivo" que los grandes números de la economía estén "mejorando" y que se esté recuperando "el crecimiento económico y la creación de empleo". Datos que son "una base nueva para la esperanza de que, en el futuro, puedan generarse de forma sostenible muchos más empleos y, especialmente, empleos de calidad". Una forma de reconocer que detrás de las cifras de creación de puestos de trabajo late una gran precariedad. 

El rey situó la lucha contra el paro como la "gran prioridad" de España, para lo que se deberían concertar los esfuerzos de partidos y agentes económicos y sociales. Con una premisa: "Anteponiendo sólo el interés de la ciudadanía". Porque –y esta precisión es significativa– "la economía debe estar siempre al servicio de las personas". El monarca completó la parte social de su discurso incidiendo en que hay que proteger a los más débiles. ¿Cómo? "Garantizando nuestro Estado del bienestar", soporte de la "cohesión social" y algo de lo que los españoles deben sentirse "orgullosos". No mentó que, como recalcan los grupos de la oposición, ONG y colectivos sociales, ese Estado del bienestar sufre fisuras precisamente por los recortes presupuestarios. 

03. "mE PREOCUPAN LAS FRACTURAS EMOCIONALES"

Corrupción, crisis y Cataluña. Tercer bloque, y uno de los más extensos de todo el mensaje. Continuista y congruente con lo que ha venido manifestando la Corona. Pero, a diferencia de los discursos de su padre, donde la referencia era indirecta, el nuevo monarca entró en materia sin circunloquios, de forma clara: "Quiero referirme ahora también a la situación que se vive actualmente en Cataluña".

Felipe VI, como ya hiciera su padre en su último discurso, el de 2013, defendió la Constitución de 1978, que proclamó la "unidad histórica y política" de España y reconoció "el derecho de todos a sentirse y ser respetados en su propia personalidad, en su cultura, tradiciones, lenguas e instituciones". Ese es, dijo, el "espíritu constitucional" que ha pervivido casi 40 años, en el que "cada comunidad, cada pueblo y territorio de España, cada ciudadano", han aportado "lo mejor de sí mismos en beneficio de todos". Y también lo ha hecho Cataluña, ratificó, contribuyendo a la "estabilidad política" del país y a su progreso económico. 

"Es evidente que todos nos necesitamos. Formamos parte de un tronco común del que somos complementarios los unos de los otros pero imprescindibles para el progreso de cada uno en particular y de todos en conjunto", señaló, lanzando un puente de entendimiento con Cataluña.

Mensaje de Navidad de su Majestad el Rey de 2014

El jefe del Estado introdujo entonces un matiz clave, y diferente a la doctrina del Gobierno, que se ha venido apoyando en argumentos de legalidad para decir no a los soberanistas y no sentarse a negociar. "No se trata de economía o de intereses, sino también, y sobre todo, de sentimientos". Era su reconocimiento explícito de que hay una ruptura emocional que no es tan fácil de suturar. 

"Millones de españoles llevan, llevamos, a Cataluña en el corazón. Como también para millones de catalanes los demás españoles forman parte de su propio ser. Por eso me duele y me preocupa que se puedan producir fracturas emocionales, desafectos o rechazos entre familias, amigos o ciudadanos. Nadie en la España de hoy es adversario de nadie", subrayó.

La fuerza de España es la unión y la suma

Lo que hace de España una "nación con una fuerza única", sostuvo, es la "suma" de diferencias que han de comprenderse y respetarse, y no utilizarse como arma arrojadiza. Añadió que todo lo que han alcanzado los españoles nace la "fuerza" de esa unión, que es la que permitirá al país "llegar más lejos y mejor en un mundo que no acepta ni la debilidad ni la división de las sociedades", y que se dirige hacia una "mayor integración". 

El cierre de este bloque lo protagonizó un llamamiento al diálogo, al "esfuerzo leal y sincero" del entendimiento. Una tarea de "todos". "Reencontrémonos en lo que nunca deberíamos perder: los afectos mutuos y los sentimientos que compartimos". Pero también lanzó una advertencia al frente soberanista: "Respetemos la Constitución que es la garantía de una convivencia democrática, ordenada, en paz y libertad. Y sigamos construyendo todos juntos un proyecto que respete nuestra pluralidad y genere ilusión y confianza en el futuro". No hubo alusiones a una reforma de la Carta Magna, como tampoco las hubo en el discurso de proclamación. Tampoco hizo una apuesta por la "actualización de los marcos de convivencia", como hiciera su padre el año pasado. 

04. "LABRAR EL FUTURO"

Era también esperable la referencia a Juan Carlos y a su abdicación, un proceso con el que España "se dio a sí misma y al mundo un ejemplo de seriedad y dignidad". Desde que él asumió las riendas de la Jefatura del Estado, dijo haber sentido el "respeto, afecto y cariño" de los ciudadanos, como ha podido ver la "ilusión" ante el inicio "de una nueva época en nuestra historia"

En la última parte de su mensaje, el rey opuso pasado, presente y futuro. Pasado, porque España no parte "de cero, ni mucho menos". "No debemos olvidar lo que hemos conseguido juntos con grandes esfuerzos y sacrificios, generación tras generación, que es mucho y debemos valorar con orgullo". El monarca consideró así vivo el régimen nacido en la Transición, pese a que algunos partidos de la oposición y, en particular, el pujante Podemos, lo consideran roto y liquidado

Pero ese sistema, constató Felipe VI, tiene "fallos" que hay que corregir, al igual que hay que "acrecentar los activos de la España de hoy". "Somos una democracia consolidada. Disfrutamos de una estabilidad política como nunca antes en nuestra historia –enfatizó–. Nuestro marco constitucional nos ha permitido la alternancia política basada en unas elecciones libres y democráticas". España, añadió es una nación "respetada y apreciada en el mundo", con "profunda vocación universal" y parte "fundamental" del proyecto europeo. 

Los de hoy, certificó, son tiempos "complejos y difíciles", que deben no obstante encararse con "responsabilidad", "ilusión y "espíritu renovador". "Tiempos nuevos que se proyectan en todos los ámbitos de nuestra vida colectiva e individual". Y a los españoles corresponde la tarde de "labrar" el "mejor futuro" que "ha empezado ya". 

"Recuperar la confianza en las instituciones"

¿Qué debe hacerse? El rey volvió a autocitarse. En este caso, echando la vista a su discurso de proclamación, puntualizando que cada tiempo tiene sus retos. Y el de la España actual es "avanzar" en la "convivencia política", "adaptándola" al mundo de hoy. De esta percha colgó el mensaje de regeneración democrática como mejor medicamento para combatir el desafecto: "Poner al día y actualizar el funcionamiento de nuestra sociedad democrática y conseguir que los ciudadanos recuperen su confianza en las instituciones. Unas instituciones con vigor y vitalidad, que puedan sentir como suyas".

Los objetivos de la España de 2015 son, como expresó el monarca a modo de colofón, "recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, garantizar nuestro Estado del bienestar y preservar nuestra unidad desde la pluralidad". Retos nada "fáciles" que, sin embargo, está convencido de que se superarán. "Tenemos capacidad y coraje de sobra. Tenemos también el deseo y la voluntad. Y hemos de sumar, además la confianza en nosotros mismos".

El rey Felipe VI, durante su primer mensaje de Navidad, este 24 de diciembre de 2014 | EFE

"Esa es la clave de nuestra esperanza en el futuro. La clave para recuperar el orgullo de nuestra conciencia nacional: la de una España moderna, de profundas convicciones democráticas, diversa, abierta al mundo, solidaria, potente y con empuje", culminó. El "empuje" es el mismo que usan los ciudadanos para afrontar su día a día. Y junto a ellos se situará el rey, remarcó, "como el primer servidor de los españoles". 

"Un lugar cálido, sencillo, austero"

El mensaje concluyó con dos símbolos: el agradecimiento a los telespectadores por escucharle en su primer discurso navideño y la felicitación en nombre de la reina Letizia y de sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, y un "feliz Navidad" en las cuatro lenguas cooficiales: castellano, euskera, catalán y gallego. Despedida plurilingüe que ya empleó en su proclamación. 

Ni su mujer ni sus hijas estaban con él en la sala, a su lado, a diferencia de los primeros mensajes de su padre. Pero la Casa cuidó los detalles de la puesta en escena. Se eligió una sala de la Zarzuela, "un lugar cálido, sencillo, austero", explicaban fuentes oficiales. Juan Carlos, en cambio, hacía uso del salón de audiencias o de su despacho. "Lo importante eran sus palabras. No distraer con otras cosas, con los símbolos presentes", añadió un portavoz. Se recreó, en realidad, un cuarto de estar, con fotos personales –los reyes con sus hijas este verano en Marivent, la pareja real en un avión de regreso de América Latina cuando aún eran príncipes, el abrazo de padre e hijo el día de la firma de la Ley de Abdicación, una pintura que muestra a Letizia de niña–, con una bandera de España no en un lugar preeminente, sino esquinada. Tras los ventanales, las cortinas descorridas dejaron ver un árbol con luces de Navidad y el jardín que rodea el palacio. No hubo un ejemplar de la Constitución, ni papeles sobre los que apoyar la lectura. 

El montaje televisivo se cerró con tres fotografías de los reyes con Leonor y Sofía –una del verano de 2012, otra del pasado agosto en Mallorca y la última del desfile del último 12 de octubre–, la bandera y el estandarte del nuevo monarca. 13 minutos y 22 segundos en total para el primer discurso de Nochebuena de Felipe VI. 

La Casa del Rey deja en manos de la infanta la renuncia a sus derechos

La Casa del Rey deja en manos de la infanta la renuncia a sus derechos

Más sobre este tema
stats