Andalucía

La sanidad andaluza: de orgullo del PSOE a principal problema de Díaz en 109 días

Susana Díaz, en un centro sanitario de Almería.

Hace 109 días, el domingo 16 de octubre, una manifestación de decenas de miles de personas en Granada dejó boquiabiertos a partidos políticos, sindicatos y periodistas. ¿Qué había pasado? Los asistentes tenían una reclamación general, el fin de los recortes en la sanidad, y otra específica, "dos hospitales completos". Susana Díaz, que afirmaba que una prueba de que el PSOE es diferente era que "en Andalucía no hay mareas" y que presumía de la sanidad como la "joya de la corona" de Andalucía, reaccionó pidiendo disculpas y anunciando una rectificación. No fue suficiente. La Consejería de Salud creó una mesa de expertos para evaluar y corregir la situación. No fue suficiente. Se han sucedido dimisiones, disculpas, rectificaciones, promesas, propósitos de enmienda... Pero la marea blanca no ha hecho más que crecer, extenderse y envalentonarse. Y al Gobierno de Díaz se le acaban los recursos mientras sigue quemando cartuchos.

Este martes la Junta de Andalucía hizo el último –hasta la fecha– intento de frenar la revuelta con la dimisión del viceconsejero de Salud, Martín Blanco, y del gerente del Servicio Andaluz de Salud (SAS), José Manuel Aranda. El primero ha sido el principal objetivo de las críticas de Jesús Candel, alias Spiriman, el carismático e incendiario médico que lidera las protestas en Granada, donde Blanco no había logrado éxito en la negociación. El segundo vio cómo el lunes se frustraba una reunión que tenía prevista con UGT, CCOO, CSIF y Satse. Los sindicatos eran, en teoría, sus interlocutores más asequibles, en contraste con unos líderes de corte independiente con reivindicaciones de máximos y escasa predisposición a la cesión. ¿Un plantón de los sindicatos al gerente del SAS? Era el último bochorno de la Consejería de Salud, incapaz de contener una espiral de movilizaciones convertida en el principal problema político de Susana Díaz, a quien sus adversarios reprochan con insistencia que se ocupe de asuntos de su partido mientras la sanidad está en crisis.

El portavoz del Gobierno andaluz, Miguel Ángel Vázquez, anunció este martes la dimisión de Martín Blanco y de Aranda, a los que agradeció su papel durante una crisis que se los ha llevado por delante. Además Vázquez afirmó que la Junta ha iniciado el trámite para derogar las órdenes de fusión hospitalaria puestas en marcha en Granada y Huelva. Es, dijo Vázquez, un acto de "humildad" y una prueba de que la Junta "escucha a la ciudadanía". Desde luego la ciudadanía se ha hecho escuchar, con manifestaciones masivas en Granada, fundamentalmente, pero también significativas en Sevilla, Málaga, Huelva, Jerez de la Frontera (Cádiz)... En Cádiz capital, Almería y Córdoba también hay ya plataformas en defensa de la sanidad pública, que prevén articularse en una sola gran marea andaluza.

Un sistema tocado por los recortes

La Consejería de Salud fue con María Jesús Montero al frente (2004-2012) el principal surtidor de noticias favorables para la Junta de Andalucía, que presumía de un modelo eficiente, universal, con relativa calma laboral y que periódicamente protagonizaba hitos de vanguardia médica que se colaban en los telediarios nacionales. Pero los recortes fueron haciendo mella. De 2010, con 9.827 millones de euros, a 2014, con 8.204 millones, el presupuesto sanitario andaluz cayó un 16,5%. Aunque luego ha emprendido una recuperación –8.458 millones en 2015, 8.807 en 2016 y 9.304,7 en 2017–, el conjunto se ha resentido.

La sanidad andaluza, a la cola en España en inversión por habitante, arrastra además una temporalidad laboral que supera el 30%. El sistema de organización del trabajo basado en incentivos no convence a numerosos sanitarios y organizaciones profesionales y sindicales. En resumen, se había formado un caldo de cultivo para la expresión de malestar que se empezó a concretar en Granada, donde un anunciado proceso de "fusión" para reducir burocracia y estructuras directivas fragmentó en la práctica los servicios y provocó que las especialidades se dispersasen entre distintos centros, provocando dificultades y demoras en el acceso a la atención médica. De ahí la reclamación de "dos hospitales completos".

Una cesión tras otra, en vano

El funcionamiento del gigantesco sistema comenzó a ser objeto de críticas no sólo de la oposición, sino también de usuarios y profesionales. Y todo ello en una comunidad, Andalucía, con la mayor tasa estandarizada de mortalidad en 2014, último año del que ha ofrecido datos el INE. Era obvio que la Junta tenía un problema. Y no se puede decir que no se diera cuenta pronto de que lo tenía. La movilizaciones han ido cosechando cesiones una otras otra, sobre todo en Granada, donde poco después de la primera manifestación dimitió el director del complejo hospitalario fusionado, Manuel Bayona. Su sustituta, Cristina López, no ha logrado aplacar las protestas ni hacerse con la complicidad de los interlocutores críticos. La Junta también entregó pronto otra pieza codiciada por los manifestantes de Granada: la paralización del traslado del hospital materno infantil. Por supuesto, no calmó las aguas.

Aunque el meollo del conflicto ha estado en Granada, la marea blanca no es en absoluto un problema local. Se ha extendido a todas las provincias, en cada una con sus particularidades y reclamaciones específicas. Los sindicatos han visto además cómo su histórico liderazgo se veía sobrepasado por cabecillas que se dicen apolíticos y sin filiación sindical. En Granada hubo un momento en que el movimiento se dividió. Los sindicatos UGT, CCOO, CSIF y Satse alcanzaron un acuerdo el 13 de diciembre con el SAS para negociar "sobre la base de dos hospitales completos". Spiriman lo consideró una traición, porque suponía un cambio con respecto a un acuerdo anterior más concreto, y lanzó un vídeo durísimo contra los sindicatos, salvo contra el Sindicato Médico, que se quedó fuera, y USAE, que firmó pero se salió inmediatamente. "Sois unos mierdas", dijo en una intervención visceral.

Frente a la negociación y contemporización de los sindicatos, Candel y sus seguidores reivindican la exigencia. Hechos, no palabras. Y si no, manifestaciones. Sin medias tintas. Su línea se ha impuesto. A pesar del acuerdo Junta-sindicatos, que en teoría encauzaba la situación, ha habido manifestaciones masivas en Granada, prueba de que la reivindicación no se ha desactivado. La renuncia de Martín Blanco –el objetivo preferido de Candel– y Aranda es una victoria de la línea dura, que está demostrando capacidad para doblarle el brazo a todo un gobierno autonómico.

'Spiriman' canta, se ríe, llora... y advierte

Este martes Spiriman colgó un nuevo vídeo tras las rectificaciones de la Junta. El doctor Candel cantaba, agradecía, felicitaba, se reía de los dimitidos y de los que quedan en sus cargos, lloraba de emoción... Pero también amenazaba con continuar las movilizaciones, lanzaba advertencias a la actual gerente en Granada, Cristina López, a María Jesús Montero –ahora consejera de Hacienda, que impulsó inicialmente el plan de reordenación– y al propio Aquilino Alonso, titular de Salud, que se mantiene en el cargo hasta la fecha. A Martín Blanco, ya dimitido, le dijo: "Cuidadín, cuidadín, porque te vamos a seguir". "Esto no se ha acabado", insistió. Candel marcó el tono de portavoces de distintas plataformas. El mensaje es claro: esto sigue. Diversos portavoces sindicales, por su parte, ponían el énfasis en la oportunidad de diálogo que se abre con las dimisiones y los nuevos nombramientos.

Para ocupar los cargos, la Junta ha apostado en la viceconsejería por María Isabel Baena, doctora en Farmacia con larga experiencia institucional vinculada a la sanidad, y en la gerencia del SAS por el especialista en cardiología pediátrica Mariano Martín, que en diciembre –hace poco más de un mes– había estrenado responsabilidad como director gerente del hospital Virgen Macarena, en Sevilla, tras una dilatada trayectoria en el alto escalafón de la sanidad andaluza.

35 horas e 'interinización' masiva

El proceso de fusiones hospitalarias ha cosechado derrotas judiciales, problemas de implantación y protestas de profesionales. Asumida la marcha atrás en este punto, la Junta espera poder contener el malestar y que no se desborde. La estrategia de culpar de las movilizaciones a PP y Podemos no le ha funcionado. "Ya quisieran PP y Podemos poder montar algo así", bromeaba tras una de las manifestaciones un veterano socialista, crítico con la gestión de la crisis por parte del Gobierno andaluz.

Pero la Junta ha ido mucho más allá en su intento de frenar la crisis. El Gobierno de Susana Díaz ha hecho bandera de la vuelta de los funcionarios andaluces a la jornada de 35 horas, que el Ejecutivo de Mariano Rajoy (PP) no ha recurrido dos semanas después de su entrada en vigor. Esta medida ya se está plasmando en el sistema sanitario público. Además, está en marcha un farragoso proceso de conversión en interinos –"interinización", en la jerga sanitaria– de 15.000 eventuales, en otra medida destinada a aplacar los ánimos de una megaplantilla molesta tras haber cargado sobre sus espaldas con el peso de las mermas presupuestarias.

La sanidad, ayer principal orgullo del PSOE andaluz y hoy su mayor quebradero de cabeza, continúa en primera línea política. El consejero de Salud, Aquilino Alonso, comparece este miércoles en el Parlamento para explicar la crisis. La oposición –PP, Podemos e IU– pidió la semana pasada un pleno monográfico para poder poner el foco en Susana Díaz, pero Ciudadanos sumó sus nueve votos a los 47 del PSOE y libró del trago a los socialistas. El partido naranja, liderado en Andalucía por Juan Marín, ha sufrido desde entonces numerosos reproches y acusaciones de entreguismo. El lunes endureció su discurso y dejó dicho que, si Alonso no convencía con sus explicaciones, exigiría su dimisión. Un día después se despedían el viceconsejero y el gerente del SAS.

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