Residencias de mayores

Una supuesta agresión a un intelectual y familias estudiando una ofensiva judicial: DomusVi Chantada, en el ojo del huracán

Residencia DomusVi Chantada (Lugo).

Nació en Pontevedra en febrero de 1944, antes del final de la Segunda Guerra Mundial. Y poco a poco, se fue haciendo un nombre en suelo gallego. Sobre todo, entre los círculos jurídicos, políticos y culturales de la zona. Él fue uno de los abogados que el 14 de noviembre de 1970, en plena dictadura, envió una carta a la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de Abogados de Pontevedra solicitando "la supresión inmediata de la pena de muerte" e insistiendo en la "necesidad de aplicar" una amnistía con carácter general para los presos políticos. Estuvo muy ligado al Partido Galego Social Demócrata (PSDG). Sin embargo, su faceta más reconocida es la de escritor, poeta, ensayista o pintor. Es uno de los autores más reconocidos del movimiento lusófono, partidario del mantenimiento de la grafía portuguesa.

Ahora, con setenta y siete años a sus espaldas, J.L.F. es uno de los usuarios de la residencia que el gigante del sector DomusVi tiene en el municipio de Chantada, en Lugo. Un geriátrico que se encuentra en el centro de la polémica tras la decisión del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de la localidad de abrir diligencias contra su directora por una supuesta "agresión, amenazas y coacciones" al intelectual gallego. "Entró gritando de forma histérica. Me lanzó contra la pared, me golpeé en el hombro izquierdo. Me hubiese caído si no hubiese estado la pared. Fue entonces cuando yo le dije que no me tocase, que no me empujase y que se mantuviese a un metro de distancia, como dicen los protocolos sanitarios. Se marchó dando un portazo", relata el residente a este diario al otro lado del teléfono, quien sitúa el motivo de la discusión en la política de confinamientos del centro.

La denuncia fue interpuesta ante la Guardia Civil el 15 de mayo por un amigo del intelectual y por el presidente de la Federación Galega de Asociacións de Familiares e Usuarias de Residencias de Galicia (REDE), Paulino Campos. Ambos, declaran que el viernes 7 de mayo el abogado fue "agredido" en su habitación del centro por la directora. "Entró en la estancia con un tono de voz muy alto, exaltado y agitado", acusando a J.L.F. de "haber comunicado al exterior por teléfono las circunstancias en las que vivía en medio de un confinamiento ilegal que no respetaba los protocolos gubernamentales anticovid en centros sociosanitarios, protocolos vigentes en Galicia", recoge la denuncia, que continúa señalando que el señor fue "empujado y arrinconado contra la pared" en un "claro acto de agresión física".

Pocas horas después del incidente, continúa el escrito, los residentes "fueron liberados del confinamiento". Fue el sábado 8, cuando el residente "tenía la intención" de "denunciar" la "agresión y amenazas recibidas" ante la Benemérita, algo que, aseguran los denunciantes, no pudo hacer "por los impedimentos mostrados por la residencia para poder salir de las instalaciones". De hecho, el relato de hechos sostiene que tres días después sus hijos decidieron bloquearle el teléfono "a petición de la dirección" del centro "con amenazas y coacciones" y que se tuvo que poner en contacto con uno de los firmantes de la denuncia utilizando el móvil de un compañero. En aquella llamada, concluye la denuncia, el intelectual aseguró que ya había sido agredido en otra ocasión por otro residente "con las facultades perturbadas", algo que puso en conocimiento de la dirección de la residencia sin que esta "tomase medidas preventivas en ningún momento".

Uno de los fragmentos de la denuncia interpuesta ante la Guardia Civil.

Preguntada por el caso, la empresa se remite al comunicado que lanzó en su momento. En el escrito, muestran su firme apoyo a la directora, Petra Rodríguez: "Los hechos de los que se le acusan son totalmente infundados, distorsionados y no se corresponden con la realidad". La compañía, además, dice que "valorará emprender acciones legales" frente a las "graves calumnias" que "ponen en entredicho" la "ética profesional de la directora", quien se pone "a disposición" de "cualquier investigación que se lleve a cabo" con el fin de "defender su inocencia". Sobre el supuesto encierro, DomusVi señala que solo los casos positivos "estuvieron confinados", mientras que el resto de residentes tuvieron "total libertad de circulación" y se "facilitó el contacto con sus familiares en todo momento", negando haber requisado el móvil u ordenador de ningún usuario. En todo momento, prosigue, se garantizó "la libertad de expresión".

La nota también señala que el centro cuenta con el total apoyo de la familia del usuario, que no ha dudado en ningún momento de la "buena gestión" realizada por la residencia. Y prefiere evitar pronunciarse sobre el "perfil" y el "estado de salud" de las personas implicadas en los hechos. Este diario ha conseguido también ponerse en contacto con uno de los hijos del residente. Y, efectivamente, confirma que "toda la familia es una piña" y la directora "cuenta" con su "total apoyo", un respaldo que le trasladaron personalmente. De hecho, la familia cuenta que se puso en contacto con Campos antes de la interposición de la denuncia para explicarle cuál era la situación concreta de su padre, aunque prefieren no dar más detalles al respecto.

El presidente de REDE señala, en conversación con este diario, que uno de los hijos del jurista le llamó tras interponer la denuncia. "Me pidió que la retirara y me dijo que su padre tendía a exagerar los procesos", cuenta. Sin embargo, Campos se negó. "Estamos hablando de una presunta agresión, por eso actué y seguiré actuando", sostiene, añadiendo que el residente "es una persona muy cuerda".

UNA ÚLCERA EN LA QUE "ENTRABAN DOS PUÑOS"

Beatriz López también conoce bien el centro, que con dos centenares de plazas autorizadas es uno de los más grandes de la zona. Fue allí donde la Xunta de Galicia, a través del programa de emergencia social, derivó a su padre, Jaime López, después de que estuviera ingresado en el hospital con coronavirus y con un infarto cerebral. "Ahora lloro lágrimas de sangre por haberlo metido en la residencia", relata al otro lado del teléfono su hija. Cuando Jaimito el de los Chistes, como le recuerda ahora López, llegó a DomusVi Chantada se le veía "espabilado", a pesar del alzheimer que arrastraba. Su niña, que vive en A Coruña, recuerda cómo la reconocía cuando hacían videollamadas, cómo le hacía algunos gestos, cómo era capaz de llevarse el teléfono a la oreja cuando tenía que hablar a través del aparato. "No hablaba mucho, pero era consciente de dónde estaba", relata.

Pero en la tercera o cuarta visita ya era "como si no estuviera". Se lo encontraron muy delgado, unos 10 kilos por debajo de su peso. De su padre, lo único que quedaba era un ligero hilo de voz prácticamente inaudible. Los pocos gestos que tenía cuando llegó, habían desaparecido por completo. Unos días después, López recibió una llamada de la residencia en la que le informaban de que el hombre tenía una infección de orina e iba a comenzar un tratamiento. Hasta ahí, relata la hija, todo normal. Días después, recibió otra en la que le comunicaban exactamente lo mismo. "Me sorprendió que me dijeran otra vez eso porque yo pensaba que el tratamiento ya lo habría empezado", cuenta. Y poco tiempo después, una tercera llamada que hizo que saltasen todas las alarmas en casa. Jaimito estaba ingresado en el hospital de Monforte.

A la familia, relata López, se le informó de que había sido trasladado al centro porque "no respiraba bien y quizá se le podía haber metido comida por la tráquea hasta el pulmón". Desde la residencia les dijeron que le iban a hacer algunas pruebas. En cuanto colgaron el teléfono, enfilaron dirección al hospital. Y lo que allí les impactó. López cuenta que su padre tenía "una úlcera en la cadera" en la que "entraban dos puños". "Los del hospital nos dijeron que no habían visto una úlcera tan grande como esta", recuerda. Como su padre apenas comía, relata la hija, la herida era imposible que sanase. Jaimito, que fue capaz de resistir el coronavirus y mantenerse en pie tras un infarto cerebral, terminó falleciendo. Tenía 78 años cuando dejó sola a Marina, su mujer, quien llevaba a su lado desde los 14 años. Ahora, su hija asegura que prepara junto a REDE una querella criminal. "Contra la directora, contra la consejera delegada de DomusVi, contra la inspección de la Xunta y contra algún cargo de la misma por negligencias notorias", apunta Campos. 

Sobre este caso concreto, infoLibre preguntó a la compañía qué tenía que decir al respecto, por qué no se avisó a la hija de la situación sanitaria real de su padre y por qué no se trasladó al hombre al hospital en cuanto la úlcera comenzó a desarrollarse. "Lamentablemente, no podemos comentar con los medios de comunicación detalles del historial médico de un residente por motivos de protección de datos. Respetamos la confidencialidad de nuestros residentes y sus familias y creemos que no resulta ético compartir dicha información de forma pública", dice DomusVi, quien añade que cada residente "cuenta con un familiar de referencia" que es "la persona de contacto a la que se le informa de cualquier cambio o dato referente al residente".

"Desde la residencia se informaba puntualmente del estado y evolución de dicho residente a su familiar de referencia así como se le daba respuesta a todas sus consultas. La compañía actuó con total profesionalidad en todo momento, cumpliendo con el compromiso que tiene con el bienestar de sus residentes y familiares", concluye.

el paso de la directora por sarria

Antes de recalar en la residencia de Chantada, la actual directora ya contaba con experiencia en otros centros sociosanitarios. Hace algo más de una década, trabajó a poco más de 50 kilómetros de allí, en el pequeño municipio lucense de Sarria. En concreto, en la residencia de ancianos Nuestra Señora del Carmen, un geriátrico de titularidad municipal con algo menos de un centenar de plazas autorizadas. Por aquel entonces estaba "fija" como "enfermera", aunque tenía "otro trabajo en paralelo", según cuenta al otro lado del teléfono Claudio Garrido, entonces regidor con las siglas del PSOE –actualmente gobierna el municipio con la marca Camiña Sarria–. La dirección de aquellas instalaciones estaba en manos de un organismo dependiente del Consistorio, que encabezaba quien fuera entonces concejala municipal de Asuntos Sociales, Violeta Bernardo.

El alcalde de Sarria, Claudio Garrido (2i), y la exconcejala de Asuntos Sociales Violeta Bernardo en una imagen de marzo de 2009. | CONCELLO DE SARRIA

Sin embargo, a finales de de 2009, siempre según la versión del alcalde, la corporación municipal decidió "rescindirle el contrato". "Llegamos a un acuerdo de rescisión del contrato porque tenía otro trabajo en paralelo y eso no se podía", cuenta Garrido. El regidor, sin embargo, asegura que "tiempo después" le llegó que "se había contemplado" la "apertura" de un "expediente disciplinario" por unos "supuestos problemas o negligencias profesionales", aunque dice desconocer "cuáles eran"."¿Y por qué no se denunciaron?", pregunta este diario. "Supuestamente, en un pueblo pequeño a veces es más conveniente no montar mucho escándalo", apunta. No obstante, afirma tajante que después de lo visto durante la pandemia en los geriátricos es necesario "despreciar" con contundencia "actitudes" impropias con los residentes y "faltas de profesionalidad".

Este diario trató de recabar la versión de quien fuera entonces concejala municipal de Asuntos Sociales, quien entonces encabezaba el organismo que controlaba la residencia municipal. Violeta Bernardo, ahora apartada de la política, declinó hacer declaraciones.

infoLibre también se puso en contacto con la actual directora de la residencia de DomusVi en Chantada para recoger su versión de lo sucedido en aquellos años. Primero, directamente con ella. Y luego, a través de la empresa. En ambos casos, rechazó con contundencia esa versión de los hechos. "La directora de DomusVi Chantada puede confirmar que nunca se le ha abierto un expediente disciplinario por ninguna acción profesional y su salida de la anterior residencia fue una salida voluntaria por desavenencias con la dirección del centro", dice la compañía.

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