El nuevo Consejo de Ministros

Las tres claves del Gobierno de Sánchez: igualdad, ortodoxia económica y territorial y 'marketing' político

Los nuevos ministros y minsitras esperan para prometer su cargo ante el rey Felipe VI.

Hace una semana, la moción de censura contra Mariano Rajoy ni se había votado, y este miércoles el nuevo presidente, Pedro Sánchez, anunciaba la composición de su Gobierno, que tendrá su primera reunión el viernes, cuando se convocará el primer Consejo de Ministros de la nueva etapa. El órgano más próximo a Sánchez estará compuesto por 17 ministros, de los cuáles únicamente dos –Carmen Calvo y Josep Borrell– han ocupado carteras ministeriales previamente, y su composición lanza fundamentalmente dos mensajes: un fuerte impulso a la igualdad de género –por primera vez hay más ministras que ministros, 11 de 17– y una defensa de la ortodoxia económica socioliberal.

Sánchez ha tenido que diseñar un Gobierno en tiempo récord, ya que no ha tenido ni una semana para elegir a sus ministros: el viernes fue elegido presidente, y este miércoles se reunió con el rey para comunicarle los nombres que compondrán su gabinete (17, el número más alto desde los 18 ministros del segundo gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero). Se trata de un Ejecutivo en el que, por primera vez en democracia, habrá más mujeres que hombres, y además éstas dirigirán puestos de la máxima responsabilidad como Defensa, Justicia, Economía, Hacienda o la propia Vicepresidencia del Gobierno. El Ejecutivo destaca además por la vitola de expertos en sus campos con la que llegan varios de los nuevos responsables de departamento.

El nuevo presidente ha tenido las manos libres para elegir a quienes le acompañarán en el breve mandato que tiene por delante. Su gran capacidad de maniobra dentro del PSOE se debe a la debilidad de los barones críticos con su gestión, cuya capacidad de influencia dentro del partido está muy tocada desde que Sánchez ganó el año pasado el congreso a la presidenta andaluza, Susana Díaz, y se convirtió por segunda vez en secretario general del PSOE. Fuentes socialistas explican que, a diferencia de lo que es tradicional en el partido, el presidente no ha "negociado" con los barones el nombramiento de sus ministros, pero sí ha atendido a los equilibrios territoriales del partido. De entre los responsables procedentes de la formación hay dos catalanes (Borrell y Meritxell Batet), tres andaluces (María Jesús Montero, Carmen Calvo y Luis Planas) o una vasca (Isabel Celaá). 

El nuevo gabinete aún no se ha reunido, pero con su mera composición Sánchez ya ha mandado un claro mensaje: tras seis años y medio de Gobiernos del PP con clara mayoría de hombres, su intención es componer un Ejecutivo feminista, además de inclusivo. En este sentido, destaca la figura de Carmen Calvo, ex ministra de Cultura entre 2004 y 2007 en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero y que ahora será la mujer más poderosa del Ejecutivo: a la cartera de Igualdad sumará la Vicepresidencia del Gobierno y el control del ministerio de la Presidencia, lo que en la práctica convertirá la igualdad de género en un elemento clave que afectará a toda la acción del gabinete.

Y es que Calvo, desde su posición de número dos del Ejecutivo, podrá llevar a la práctica los postulados que lleva años defendiendo. Buen ejemplo del pensamiento de una dirigente que siempre se ha definido como feminista son las declaraciones que hizo el pasado mayo, cuando pidió al feminismo "pasar a la acción" y legislar. "No solo queremos escuchar, aportar, proponer y debatir. Queremos pasar a la acción. Queremos objetivos: debate y acción. Queremos saber qué leyes hay que modificar, qué nuevas propuestas y reformas legislativas queremos impulsar. Las calles son imprescindibles. Es algo necesario y emocionante", aseguró entonces. Y fue más lejos al afirmar que "el machismo es incompatible con la democracia".

Calvo será la única vicepresidenta. Pero otras dos mujeres más estarán en departamentos de Estado: Margarita Robles será ministra de Defensa, y Dolores Delgado pilotará la cartera de Justicia. Ambas proceden de la judicatura –Robles es jueza y Delgado, fiscal–, aunque la primera tiene un perfil mucho más político: fue secretaria de Estado en varios Gobiernos de Felipe González, y actualmente ocupaba la portavocía del grupo socialista en el Congreso. Por el contrario, Delgado no ha tenido responsabilidades políticas hasta ahora, aunque ha sido una crítica muy activa de algunas de las medidas tomadas por el Ministerio de Justicia desde la Unión Progresista de Fiscales y formaba parte del Consejo Fiscal, principal órgano asesor de la Fiscalía General del Estado.

Una ministra de Economía con la ortodoxia por bandera

El área económica estará también completamente gestionada por mujeres: Nadia Calviño en Economía, María Jesús Montero en Hacienda, Reyes Maroto en Industria y Magdalena Valerio en Trabajo. De ellas, Calviño es la que menos perfil político tiene: su carrera se ha desarrollado fundamentalmente en Bruselas, donde comenzó como subdirectora general de Competencia y pasó posteriormente al área de Mercado Interior de la Comisión Europea, para ocupar hasta hace unos días la Dirección General de Presupuesto. Por el contrario, Montero sí milita en el PSOE, y procede del Gobierno andaluz, donde lideraba la Consejería de Hacienda en el gabinete de Susana Díaz,tras ocupa la cartera de Sanidad en el Ejecutivo andaluz entre 2004 y 2013.

Con estas dos mujeres al frente de la economía española, el mensaje de Sánchez es claro: nada de virajes bruscos a la izquierda. Frente a la opción de Manuel Escudero, responsable de Política Económica de la ejecutiva socialista y de corte mucho más izquierdista, el nuevo presidente ha escogido a Calviño, una economista mucho más moderada y heredera de la línea ideológica de ministros como Miguel Boyer o Carlos Solchaga. Dirigentes del PSOE definen a Calviño como "la expresión pura de la ortodoxia económica". Su nombramiento, de hecho, ha sido bien recibido por los poderes económicos: la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, aseguró que "es una garantía de que España seguirá aumentando su peso en las instituciones europeas".

La designación de Calviño es también una llamada a la tranquilidad de las instituciones europeas. Y lo mismo ocurre con el nombramiento de Luis Planas como ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, un dirigente que cuenta con una amplia experiencia en la UE: hasta ahora era secretario general del Comité Económico y Social Europeo (CESE), fue eurodiputado durante varios años e incluso llegó a ser vicepresidente del grupo socialista del Parlamento Europeo. Planas procede de la federación andaluza del PSOE, pero no es en absoluto susanista: de hecho, trató de enfrentarse con ella en 2013 para ser el candidato socialista a la Presidencia de la Junta de Andalucía, pero no consiguió los avales necesarios para concurrir a las primarias.

Palo y zanahoria en lo referente a Cataluña

El tercer mensaje que Sánchez traslada con su Ejecutivo es el de diálogo, pero con firmeza, en Cataluña. Y eso explica varios nombramientos, pero especialmente el de Meritxell Batet como ministra de Política Territorial y Función Pública, el departamento que se va a encargar directamente de gestionar la crisis catalana. En el gobierno en la sombra de Sánchez, Batet ocupaba el área de Federalismo, y en la ejecutiva del PSC es responsable de la secretaría de Impulso Federal, por lo que Sánchez pretende impulsar una vía alternativa a la independencia y al modelo autonómico actual.

Y si Batet representa el diálogo en la apuesta de Sánchez, la parte de la firmeza recae en Josep Borrell, nuevo ministro de Asuntos Exteriores, que se ha significado muy claramente contra el independentismo en los últimos meses. El dirigente es un apasionado europeísta y, de hecho, llegó a presidir el Parlamento Europeo entre 2004 y 2007, además de haber desempeñado diversos cargos relacionados con la UE y de haber participado en la redacción de la fallida Constitución Europea. No obstante, sus apariciones en los medios en los últimos tiempos se han debido a su frontal oposición al independentismo catalán, que ha rechazado casi unánimemente su elección. Hace unos días, Borrell aseguraba que "es injusto para Le Pen compararla con Quim Torra". Y el propio president de la Generalitat tachó posteriormente de "pésima noticia" su nombramiento.

En la misma línea está el nombramiento de Carmen Calvo, que fue la persona que negoció con el Gobierno de Mariano Rajoy la aplicación del artículo 155 en Cataluña, y que durante los últimos meses ha tenido un discurso duro contra los secesionistas.

Otro de los perfiles más moderados del nuevo ejecutivo es del juez Fernando Grande-Marlaska, que será ministro del Interior. Miembro del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) desde el año pasado, a Marlaska se le ha encuadrado tradicionalmente en el grupo de los magistrados conservadores, y de hecho accedió a este puesto a propuesta del PP. Fuentes socialistas se muestran sorprendidas por su designación, y la interpretan como la manera que ha buscado Sánchez de resaltar su desvinculación con los nacionalistas vascos y catalanes que le han apoyado para ser presidente del Gobierno, y también como una forma de reflejar dureza contra el terrorismo. Sobre su mesa estará, entre otras cuestiones peliagudas, la posibilidad de acercar a los políticos catalanes presos a cárceles de la comunidad, lo mismo que podría ocurrir con los etarras que cumplen condena fuera de Euskadi, una vez disuelta ETA.

Por tanto, en círculos socialistas interpretan que los nombramientos de Calvo, Borrell y Grande-Marlaska son a priori un antídoto contra el discurso más apocalíptico de la derecha sobre la unidad de España y el terrorismo.

Los expertos, los ministros con experiencia y los fichajes mediáticos

Además, Sánchez ha reservado varias carteras para recompensar la lealtad de varios de los dirigentes del PSOE más próximos a él: es el caso de Fomento (José Luis Ábalos), Trabajo (Magdalena Valerio) y Educación (Isabel Celaá, que también será portavoz del Gobierno). Ábalos es el único que no ha ocupado una consejería autonómica, ya que Celaá fue consejera de Educación de Euskadi entre 2009 y 2012 y Valerio ocupó los departamentos de Empleo– entre 2005 y 2007– y de Turismo y Justicia –hasta 2011– en Castilla-La Mancha.

Valerio tendrá como gran reto de su mandato abordar la reforma de un sistema de pensiones en el que es experta y que ha generado movilizaciones en los últimos meses, mientras Celaá deberá enfrentarse a la reforma de la ley educativa tras el rechazo de todos los grupos, salvo el PP, a la acutal Lomce. Por su parte, Ábalos se hace con un ministerio que cuenta con uno de los presupuestos más jugosos y que, además, otorga más visibilidad al ministro, ya que será el encargado de las obras públicas.

También tienen experiencia de gobierno la nueva ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y la responsable de Sanidad, Carmen Montón: la primera fue secretaria de Estado de Cambio Climático en el Gobierno de Zapatero, y la segunda ocupaba hasta ayer mismo la cartera de Sanidad en el Ejecutivo autonómico valenciano, liderado por Ximo Puig. Aunque tanto la atención sanitaria como la política educativa son competencia de las comunidades autónomas, sus ministerios serán los encargados de marcar las líneas maestras en estas dos áreas.

Por último, Sánchez también ha tenido espacio para incluir en su amplio Ejecutivo a dos fichajes de relumbrón mediático: el astronauta Pedro Duque, nuevo ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, y el escritor Màxim Huerta, que asume la cartera de Cultura. Su perfil es el de independientes –de hecho, ninguno tiene el carné del PSOE–, y ambos son los rostros de dos ministerios que vuelven a tener cartera propia tras ser suprimidos por el PP. Pero su principal fuerte, al menos de inicio, es su potente imagen, especialmente en el caso de Duque. En círculos socialistas señalan que son los dos nombres que responden de manera más clara al marketing político.

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