Contra el medioambiente

Hoy, 5 de junio, el calendario de las efemérides mundiales nos marca el Día Internacional del Medio Ambiente. Esto de señalar un día concreto apenas tiene ventajas, porque el recuerdo efímero deja paso al olvido casi generalizado. Personalmente me sirve para recordar y homenajear a quienes avisaron hace años de los riesgos ambientales que corríamos si no escuchábamos las señales emitidas. Agasajo a Eunice Foote, quien en 1856, con unos aparatajes rudimentarios, demostró el efecto invernadero (influencia de la contaminación en el calor del aire), la antesala del aumento global de temperaturas. Pero claro, era mujer y científica, dos buenas razones en el siglo XIX para no hacerle ningún caso. Para colmo era sufragista. La otra homenajeada es Rachel Carson (1907-1964). Su Primavera silenciosa (1964), Silent Spring en 1962, vino a decirnos que los humanos no somos dueños de la naturaleza, sino uno más de sus engranajes; así nacía el movimiento ecologista proactivo. Advirtió que eran muchos los atentados que la especie humana estaba cometiendo en su “propia circunstancia”. En particular, señaló la contaminación del aire, de la tierra, de los ríos y de los mares. Por supuesto que la industria intentó silenciarla con ataques a su obra y a su persona. Luchó contra la aplicación del DDT —un insecticida muy extendido en el siglo XX— como insecticida en la naturaleza, e incluso en la fumigación de las ciudades (Atenas, octubre de 1947). Está prohibido en España desde 1994. 

Como aquí nos importa lo que se debería acometer para acomodar nuestras acciones a la mejora de la vida colectiva, vamos a tratar algunas cuestiones básicas en torno a decisiones políticas recientes. Los últimos resultados electorales en las CCAA han devenido en los llamados acuerdos o pactos PP-Vox. En mi candidez pensaba que habría un apartado dedicado al medioambiente. No ha sido así, a pesar de que es un escenario determinante en el mundo social, en la vida diaria. Es más, la forma en que las problemáticas ambientales son contempladas en los acuerdos de gobernabilidad (sic) firmados hasta ahora en las CCAA sonroja a quienes tengan un mínimo de sensibilidad ecosocial. A la vez, supone una grave incógnita, por alusión u olvido, para el bienestar colectivo. Este último asunto debería haber guiado los acuerdos; de otra manera parecen un corta y pega de los unos y de los otros, al menos en los pactos similares de Extremadura y Aragón. En Castilla y León han enunciado una colección de aforismos increíbles, casi como una construcción de lego. 

¿Cómo se puede olvidar la prevención ante un estado de la naturaleza tan común en España? Se supone que algo tendrá que ver con la economía social del mundo rural que dicen que van a proteger

Se dice que los mantras de cada cual se identifican en los textos. Ignorante y descreído como soy, me pregunto si a los partidos de la derecha europea se les ha inoculado el virus del odio al medioambiente. Me lanzo a comentar unos pocos detalles (cuidado de la naturaleza, salud ambiental, aumento de calor con sus olas, y poco más). En mi buena intención me digo que no se puede entrar en detalles en un pacto como estos (más centrados en otras prioridades nacionales y desregularizadoras). Siempre cabe la posibilidad de que poco a poco subsanen algunos de sus olvidos más flagrantes. Pero sepan que la ecosociedad es el entramado de la vida actual. 

Sabemos de siempre que el menosprecio intencionado hacia el medioambiente es una de las señas de Vox; en unos sitios habla de “aquelarre climático”, “suicidio de políticas verdes”, “el fanatismo climático pone en peligro a la población”. Incluso alguno de sus dirigentes ha llegado a preguntarse a propósito de la dana de finales de 2024: "¿Cómo vamos a restaurar la naturaleza, si lo que tenemos que hacer es dominarla?". Toda una muestra del menosprecio hacia el entorno que acuna nuestras vidas; que son esencialmente ecodependientes. Una gran falta: la revisión de las sequías y sus consecuencias les debería llevar a una reflexión más seria. Pero la palabra/estado vivencial sequía no aparece en los pactos firmados. ¿Cómo se puede olvidar la prevención ante un estado de la naturaleza tan común en España? Se supone que algo tendrá que ver con la economía social del mundo rural que dicen que van a proteger. ¿Y qué expresan sobre la ola de calor que azotó en mayo a Europa? Las glaciaciones prehistóricas y la “Pequeña Edad de Hielo” europea (siglos XVI al XVIII) refuerzan a quienes afirman que “siempre ha habido cambios climáticos”. No es consuelo; sabemos que el actual se ha generado en pocos años y es de una magnitud desconocida. Si tienen dudas, consulten la evolución del glaciar Aneto-Maladeta en las investigaciones del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC).

Hubiera sido pertinente incluir las incógnitas que plantean las continuas y serias perturbaciones meteorológicas. Nos están proyectando un futuro difícil. Me digo que puede que “el olvido que seremos y padeceremos” por la inacción de los partidos firmantes viene incentivado por su estilo de nacionalidad. Sepan que las continuadas trasgresiones climáticas desconocidas hasta ahora son parte del cambio climático global, aunque no reconozcan su posibilidad. La ola de calor que hemos padecido ya en mayo sugiere que sea contemplada esta emergencia en un pacto de gobierno. El Servicio de Cambio Climático Copernicus de la UE avisa de que abril de 2026 ha sido el tercero más cálido desde que existen registros. Sabemos que cada año vendrán más; como los 38,8 ºC (29/05/2026) en Caspe (Zaragoza). ¿Cómo protegerán a la ciudadanía y a la actividad económica, a esa agricultura y ganadería que dicen querer como revulsivo rural? Atentos a la previsión de Copernicus: “Además de emergencia climática, la negación es desidia e incompetencia con el medioambiente rural y urbano sin una perspectiva de futuro incógnito”. Es más, con políticas manifiestamente cortoplacistas en el continuo periodo bélico electoral que España soporta desde hace unos años. Las consecuencias de la dana de 2024, su repercusiones todavía latentes, servirían como epítome y a la vez epitafio del mundo al revés.

Es deber de quien mira la ciencia advertir que cualquier anomalía en el sistema suelo-tierra-aire tiene repercusiones sociales. Pongamos por ejemplo Aragón. En el acuerdo pactado se deja libertad para contaminar el aire a discreción. Supongo que los firmantes o sus asesores son conocedores de las numerosas muertes y enfermedades atribuibles a la mala calidad del aire, en particular el urbano; si no que se informen en ISGlobal Barcelona o en el Instituto Carlos III de Madrid. El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) estima que alrededor de 3.832 fallecimientos en España en el periodo comprendido entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre de 2025 se debieron al exceso de temperatura; la mayor parte mayores de 65 años.

Podemos afirmar sin rubor que el fanatismo contra la “Agenda verde la UE” es una de las banderas ideológicas de los partidos firmantes y sus equivalentes europeos. ¿Quién sabe lo que puede suceder dentro de un año en España tras las elecciones generales? De hecho, los pactos muestran la disposición de los firmantes a restituir el dinero de las multas a los infractores ambientales que lleguen desde Bruselas. 

El odio a las renovables de los políticos de la derecha se renueva e incrementa. En la declaración de principios firmada en Castilla y León se dice (punto 31): “Exigiremos al gobierno de la Nación revertir una política energética que ha perjudicado a las familias y reducido la competitividad de las empresas” (sic). Cuando es de todos conocida la aportación eléctrica de las renovables en España ante el episodio de la guerra de Israel y EEUU contra el pueblo palestino e Irán, que provocó el cierre del Estrecho de Ormuz. Los precios de los combustibles, que proporcionaron elevados beneficios a las “pobres empresas energéticas”, provocaron subidas en muchos productos; dejaron a bastantes países pobres al borde del colapso total. Hubieran ahogado a la agroganadería de no ser por las ayudas. Será por eso que en Extremadura se han inventado “El Mapa de Capacidad de Acogida” de las fotovoltaicas y han anunciado la eliminación de la ecotasa a la Almaraz nuclear.

El odio a las renovables de los políticos de la derecha se renueva e incrementa

Estos partidos, y estos pactos, aumentan la ignorancia incentivada. Sin embargo, atraen a muchos votantes. Su desidia acumulada se convertirá seguramente en daño generacional; imaginamos lo que se encontrarán sus hijos y nietos. Los infractores del futuro merecen ser llevados ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). ¡No se puede/debe consentir tanto daño! Sin embargo, parece que la UE y el Parlamento europeo han abandonado en parte sus preocupaciones ecosociales. ¡Lo importante es que el PIB crezca!

Finalicemos felicitando a David Attenborough. El gran comunicador de la esencia de la biodiversidad al alcance de todos; nada se dice en los pactos de esa, como no sea potenciar la caza y acabar con “las alimañas”. Attenborough lleva con honor y claridad mental sus 100 años. Durante muchos cursos encaminé su palabra, sus documentales, a mis clases. Seguro que se pueden bajar de internet. Los encontraremos sin duda en la web de National Geographic. Nos quedamos con una frase premonitoria, imprescindible para repensar este día internacional. Declaraba y demostraba una y otra vez: "No podemos realmente amenazar a la Tierra. Lo que estamos amenazando es nuestra supervivencia".

Pensemos en las generaciones futuras; una buena manera de reflexionar en el Día Internacional del Medioambiente.

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Carmelo Marcén Albero es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.

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