El arma secreta de la ultraderecha
El otro día a mi amigo S.G. le dio un ataque de ansiedad después de pasar varias horas mirando las redes sociales. S.G. es un tipo de 65 años, moderno y divertido. Le gusta mucho estar informado. Y por eso se quedó en Twitter cuando se convirtió en X, para poder estar conectado con la actualidad. Pero claro, X no te da acceso a la actualidad, sino que es una caja de resonancia de las estrategias narrativas de la ultraderecha: odio, bulos e informaciones depresivas.
Unos días más tarde otra persona muy cercana, de ochenta años, acabó una conversación entrañable con un osco: "el país va fatal y hay que asumirlo". Yo estaba intentando contarle la historia de S.G. para ilustrar mi teoría de que nos alimentan con miedo. Pero eso fue demasiado para ella: "Hay cosas que no se pueden negar". "Nunca estuvimos peor", dice una compañera de 35 años y Román casi me insulta cuando hablamos de este tema y me muestro optimista.
No dejo de pensar en cómo hacerle ver, a toda esa gente que quiero y admiro, que su convicción de que todo va fatal es solo una sensación que no se corresponde con la realidad. Porque es cierto que muchas cosas van mal. Pero otras muchas van muy bien.
Nos lamentamos de “lo mal que va todo” sin pensar si realmente va “tan mal”. La ultraderecha se empeña en hablarnos de ello constantemente. En explicarnos que nos vamos al traste. En eso coincidimos casi todas. La diferencia sustancial se encuentra en cómo vemos las soluciones.
La campaña de la derecha consiste en buscar culpables: el malo malísimo es Pedro Sánchez. Luego, de cerca, están las personas migrantes, más culpables cuanto más marcado sea su color de piel o su vulnerabilidad. La solución es sencilla: acabar con él y con ellas. La solución contra la pobreza, quitar los impuestos. La solución contra el cambio climático, no pensar en él. La solución contra la falta de vivienda, liberar el mercado. La solución contra la guerra, incrementar el gasto militar.
¿Y esto funcionaría? Pues no hay más que mirar a Estados Unidos, que está precisamente llevando estas medidas al extremo. La política fiscal del país ha conseguido que tengan una de las esperanzas de vida más bajas de la OCDE, 78,4 años en comparación con los 80,5 de la media. Incluso la clase alta de EE.UU. tiene menos esperanza de vida que nuestra debilitada clase media. La crisis de los opiáceos se está llevando por delante a 44.500 personas por sobredosis solo en 2025. La solución propuesta por Trump es invadir México. La solución propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum es que Estados Unidos trabaje para impedir el tráfico de fentanilo en su territorio e invierta en medidas de lucha contra la drogadicción. 2026 será el primer año en la historia de EE.UU. en que su población decrecerá. Los efectos de este fenómeno ya se dejan ver en algunas zonas. Uno de los casos más significativos está siendo Texas donde las políticas migratorias han dejado sin manos el campo, la construcción y los servicios técnicos. Lo mismo está pasando en otros países donde la ultraderecha gobierna. En Italia, con Meloni, los precios al consumo han subido un 17% en los últimos cinco años mientras los salarios solo crecieron un 9,6%, lo que equivale a perder un mes entero de sueldo. Cada año 100.000 jóvenes emigran a otros países y la población lleva una década encogiéndose. En Argentina, Milei prometió la motosierra como solución y lo que ha dejado es que, aun con la bajada oficial de la pobreza, los salarios reales han perdido un 5,5% bajo su gobierno y en diez años el poder adquisitivo ha caído entre un 24% y un 40% según el sector.
Ninguna de las medidas que proponen la derecha y la ultraderecha solucionaría los problemas que preocupan a los españoles
El laboratorio existe. Los resultados están ahí.
Ninguna de las medidas que proponen la derecha y la ultraderecha solucionaría los problemas que preocupan a los españoles. En todo caso los empeorarían. A veces pienso que quizás debería ganar la ultraderecha para que quienes la votan vean las consecuencias devastadoras de tener a esa gente en el poder. Texas, por ejemplo —un estado que parecía roca sólida para la derecha republicana—, está mostrando grietas profundas por las políticas de Trump. En la elección especial del Distrito 9 del Senado, un escaño en manos conservadoras durante más de tres décadas, el demócrata Taylor Rehmet dio la vuelta al distrito por 14 puntos, revirtiendo de golpe una ventaja de 17 puntos que tenía Trump. Lo que impulsó un voto de castigo de las familias trabajadoras e hispanas —Trump consiguió el 55% de los votos de estas últimas en 2025—. Y en ese terreno crece el seminarista presbiteriano James Talarico, del ala de Bernie Sanders, que lidera las encuestas demócratas para el Senado combinando valores progresistas con fe cristiana. El modelo que muchos decían imposible está ocurriendo por prueba y error.
Suspiro y pienso… podría ser. Pero luego recuerdo el caso de Madrid. Veo cómo Ayuso y Almeida están destrozando la comunidad y la ciudad. La lista de horrores de la presidenta no tiene límites, pero a la vista de los resultados electorales parece que da igual. Para cuando la clase media se dé por aludida con la privatización de la sanidad, ya será demasiado tarde para recuperar el sistema público de salud. Cuando ya no queden más bancos para sentarnos, ni más sombra bajo la que cobijarnos, necesitaremos años para reponer lo que se ha quitado en meses. ¡Pero si uno de los problemas más graves de la capital es la vivienda y Ayuso no ha ejecutado la ley nacional que defiende a los más vulnerables y sigue culpando al gobierno central de algo cuyas competencias son autonómicas! Como hace con todo, por otra parte. Una dirigente que tiene en su haber la responsabilidad no asumida de la muerte de más de 7.000 ancianos en residencias públicas y no ha sido castigada electoralmente por ello. Lo imagino en el plano nacional y se me hiela la sangre. Así que no podemos dejar de luchar porque los gobiernos progresistas ganen.
Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las opciones de izquierdas es el pesimismo. Que todo el mundo esté de acuerdo en que todo va mal es un problema enorme. Y es un problema creado. Hay toda una maquinaria funcionando al servicio de ese fin. Tan efectiva es que se dedican millones de euros a analizar “lo mal que estamos”. Los medios de comunicación se ven arrastrados por ese flujo sin ser conscientes de que lo alimentan. Solo se habla de desgracias, de sucesos y de odio. Y las ciudadanas estamos a merced de esta narrativa destructiva. Tanto es el miedo a lo que ya está siendo que nos quedamos inmóviles, como animales deslumbrados.
Lo único que nos queda es recuperar la esperanza por un mundo mejor. La realidad es que no estamos tan mal. De hecho estamos mejor que nunca en muchos sentidos. La medicina está avanzadísima. El conocimiento en general es asombroso. La interconexión, histórica. Con las herramientas que tenemos, usadas de la forma adecuada, podríamos construir un futuro increíble, disminuyendo la desigualdad hasta límites insospechados. Solo necesitamos un horizonte hacia el que caminar y propuestas concretas para poder alcanzarlo paso a paso. Tenemos que despegarnos del presente que ya fue. Además, tenemos que mirar pequeño. Las noticias en su justa medida. Las informaciones seleccionadas. Saber “lo malo” es importante. Ponerlo en perspectiva es cuestión de vida o muerte.
Últimamente dedico parte de mi tiempo a buscar noticias positivas. La mejor que he encontrado en estos días: Vivaan, Ariana y Avyana, tres jóvenes indios de 16 años, que han creado un método natural que elimina microplásticos del agua usando polvo de semillas de tamarindo. Me parece una noticia alucinante. El sistema, que se llama Plas-Stick, agrupa las partículas plásticas para retirarlas fácilmente con un imán, sin necesidad de electricidad ni filtros complejos.
Pero no es fácil encontrar cosas tan chulas. Y en realidad me he dado cuenta de que no necesito “noticias positivas”. Necesito fijarme en qué cosas vivo que son inspiradoras. Porque esa es mi realidad. Que mi familia esté sana es maravilloso. Que vivir sea una opción y no una obligación es increíble. Que Fernando haya dejado su taller a su ayudante en lugar de traspasarlo a una franquicia es flipante y puedo seguir saludando todas las mañanas a este mecánico entrañable que siempre me regala una sonrisa. Que el sindicato de inquilinas logre parar un desahucio me emociona. Que en la fundación Bocatas hayan formado a 30 chavales para ser cocineros y camareros este curso y estén trabajando mas de la mitad es un notición. Que en la concentración para evitar el desahucio de Mari Carmen hubiera muchas personas y cantaran Ismael Serrano y Rozalén me devuelve la esperanza en la humanidad. Mari Carmen en sí misma me parece un milagro, luchando por su vida mientras nos enseña a las demás que la vida de una es la vida de todas. Son pequeñas cosas que no son tan pequeñas.
Y mientras tanto, pico y pala construyendo. Saludando a mis vecinas, parando para escuchar y sonreír. Convencida de que el amor acabará triunfando. Porque vivir en lo bueno es vital. Es la forma más radical de resistencia que existe.