90 años sin Bebel García, el futbolista del Deportivo fusilado por “idealista”

Dos imágenes de Bebel García con el Deportivo y expediente “de orden público” tras su fusilamiento.

Miguel Pardo (Praza.gal)

“Bebel es zurdo para jugar y para pensar”. En uno de los relatos que componen el libro Espejos: una historia casi universal, Eduardo Galeano elevó a mito la figura de un exfutbolista del Deportivo apenas conocido. Su figura, como la de tantos represaliados, había sido prácticamente borrada de la historiografía por décadas de dictadura y unas pocas más de olvido forzado.

En aquel 2008, con la publicación de la obra, el autor uruguayo relató en unas pocas líneas una historia de rebeldía e insumisión acorde con el personaje pero ya sin testigos que la corroborasen. Bebel García, poco antes de ser fusilado por los golpistas, mandó parar y meó frente a sus verdugos. “Se desabrocha la bragueta, lentamente, botón tras botón, y de cara al pelotón echa una larga meada. Después, se abrocha la bragueta: ‘Ahora sí’”, cuenta Galeano de un hecho que navega entre la leyenda y las vivencias escondidas de la posguerra.

Fue el 29 de julio de 1936, hace hoy 90 años, pocos días después del golpe militar y del inicio de la Guerra Civil. En el Campo da Rata, al pie de la Torre de Hércules, donde tantos murieron fusilados por una represión que solo en la comarca de A Coruña asesinó a más de 550 personas. La historia de la meada era de las que circulaba en la ciudad o en la familia de Bebel, uno de los conocidos hermanos de la Lejía. Selva, su sobrina, relató en una entrevista a Praza.gal que ella misma había explicado la anécdota a Galeano antes de que el escritor investigase y la plasmase en su libro.

Hace 90 años Bebel García era fusilado por los golpistas; el relato que le dedicó Galeano arrojó luz sobre una figura hasta entonces olvidada

Rodrigo García Vizoso, mito deportivista, portero en los años 20 y 30 y luego entrenador del club, insistía en la historia que rodeaba el fusilamiento del que había sido su compañero en el equipo blanquiazul y a quien consideraba “un tipo genial, gran persona, oro de ley, todo un idealista”. “Lo quitaron de en medio por eso. Tenía tanto coraje que antes de que le disparasen, fue y se puso a mear delante del pelotón. Os lo juro. Fue de este modo”, explicaba en Historia do Deportivo (Flores y Mejuto, Xerais, 1993). En el mismo libro en el que otros testigos aseguran que Bebel bajó del coche camino de la muerte “cantando un tango”.

El relato cuenta cómo Bebel meó ante sus verdugos; sin testigos que lo corroboren, excompañeros como García Vizoso juraban que la historia había sido real

Antes de la sublevación militar y del inicio de la Guerra Civil, Bebel destacó en numerosos deportes y militó en el Deportivo varias temporadas, jugando los campeonatos gallegos de la época y también varias campañas en Segunda División, anotando más de una decena de goles. Curiosamente, era un destacado extremo derecho que priorizaba —como relataban sus compañeros— su activismo político. Situado en la orilla contraria. “Tenía unas condiciones fabulosas para el fútbol pero en la cabeza tenía otras cosas”, relataría el mismo Vizoso para La Voz de Galicia en 2008.

Implicado en numerosas acciones políticas, muchas no exentas de la violencia que marcaba la convulsa época, y miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, de las que era secretario e impulsor su hermano mayor, Bebel siempre fue reconocido por su arrojo, valentía y una cierta inconsciencia. En 1935 había sido detenido por llevar a cabo, con otro grupo de hombres, “ejercicios de formación” y “entonar cantos subversivos”. “Siempre insistía en lo mismo: tenemos que transformar el mundo porque es injusto con los oprimidos”, contaba también Vizoso, figura futbolística de principios del siglo XX vinculada a la tradición anarquista de su familia.

Bebel fue detenido en Guitiriz poco después del golpe militar cuando escapaba hacia Asturias, recluido en la cárcel provincial —cerca de la casa donde vivía la familia en Monte Alto—, juzgado por rebelión militar y finalmente fusilado el 29 de julio. Tenía 22 años. “Fue ejecutado en virtud Consejo Guerra sumarísimo”, dice el expediente “de orden público” en el que los golpistas reflejaron su fusilamiento.

“Siempre insistía en lo mismo: tenemos que transformar el mundo porque es injusto con los oprimidos”, recuerdan sobre Bebel, uno de los hermanos de la ‘Lejía’

Junto a él fue asesinado su hermano France, de 24 años. Un tercero, Jaurés, también fue encarcelado y aunque en un comienzo no fue fusilado por ser menor de edad, finalmente apareció muerto, también en el Campo da Rata. Un cuarto hermano, José —Pepín—, de 25 años, fue juzgado por sedición pero consiguió huir en un barco pesquero y se unió a las tropas republicanas; tras el final de la guerra, se exilió en América del Sur.

Naturales todos de Ribadeo, eran apodados los de la Lejía por trabajar en una fábrica de producción y distribución de lejía, negocio familiar creado por su padre, de fuertes convicciones socialistas y desterrado de A Mariña por sus ideas. De ahí el nombre de sus hijos: Bebel se llamaba así en homenaje a August Bebel —cofundador del SPD alemán y figura relevante del movimiento obrero y marxista— y en la familia también estaban Voltaire o Berthelot.

Los hombres de una familia de ocho hermanos se vincularon desde muy jóvenes a formaciones marxistas y se movilizaron contra el fascismo y luego contra el golpe militar, participando en la defensa del Gobierno civil de A Coruña. Bebel y su hermano France fueron de los primeros fusilados en la ciudad, en esa península de la Torre de Hércules donde cientos vertieron sangre. A unos metros del cementerio de San Amaro, donde reposa su cuerpo pese a que hasta hace menos de dos años no se sabía con certeza. Ni mucho menos el lugar exacto.

Una investigación localizó hace dos años la fosa en el cementerio de San Amaro donde fue enterrado Bebel y 250 represaliados en la comarca de A Coruña

Selva García, la sobrina de Bebel e hija de José, siempre denunció que los tres hermanos asesinados estaban en una fosa en el cementerio, bajo montones de nichos, sin placa ni identificación posible para poder honrarlos. Hace casi una década, el investigador y miembro de la CRMH de A Coruña, Rubem Centeno, llevó a cabo pesquisas que partieron de una búsqueda personal —el lugar en el que habían sido dejados los restos de su tío abuelo— y que acabó dando lugar, en 2024, a una lista de 250 personas asesinadas en 1936 y enterradas en fosas en San Amaro.

La investigación permitió fijar el lugar en el que se encuentran los restos de Jaurés, Bebel y France García, los hermanos de la Lejía; también los de los fusilados de O Portiño o los de la fábrica de Brens, y así hasta unos 250 nombres. El exfutbolista es uno más —ahora símbolo y antes casi anónimo— de una lista de personas, varias de ellas sí trasladadas a nichos, entre las que se encontraban Joaquín Martín Martínez, secretario del Concello de A Coruña y vocal de la Liga de Derechos del Hombre; José Pérez Ferreño, concejal de Cambre; Antonio García Pita, alcalde de Sada; Francisco Pérez Carballo, gobernador civil de A Coruña; Eugenio Carré Naya, maestro e hijo de Uxío Carré Alvarellos; Pedro Galán, concejal en A Coruña por el Partido Galeguista; o el padre y un hermano de Pucho Boedo.

Escultura pero sin homenaje

En breve, muy cerca del camposanto, se levantará una escultura de doce metros ya elaborada por Ramón Conde que rendirá homenaje a esos cuatro hermanos y donada por Selva García. No muy lejos tampoco de la calle que el Concello les dedicó a todos en 2002.

Pepín, el único que sobrevivió al golpe, luchó en la Guerra Civil, perdió una pierna en la batalla de Brunete y una hija, muerta tras un bombardeo. Se exilió en Latinoamérica tras embarcar en el Winnipeg y regresó a A Coruña ya muerto el dictador Franco. Falleció en 1996 y está enterrado en el mismo cementerio que sus hermanos, a los que no pudo honrar en vida ni dedicarles siquiera una placa.

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En el Deportivo, pese a que el relato de Galeano prestó al club una difusión desconocida más allá del fútbol, nunca se le hizo homenaje ni reconocimiento alguno a Bebel. Ni a otros futbolistas o directivos que también fueron represaliados y señalados. “En el estadio, se pone la camiseta del Dépor. A la salida del estadio, se pone la camiseta de la Juventud Socialista”, recordaba el autor uruguayo.

Sí habrá actos por parte de otros colectivos. La peña Old Faces honrará la memoria de Bebel García este jueves a las 17 horas en el cementerio de San Amaro. “En estos tiempos actuales tenemos la obligación de recordar y defender nuestra historia y nuestra identidad”, dicen.

Además, el Grupo Deportivo Bebel García tiene preparadas unas jornadas para el próximo sábado 1 de agosto que incluyen una ruta de la mano de Rubem Centeno, una ofrenda floral, un partido de fútbol y una comida popular.

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