Empleo

La pandemia duplica la "alta tensión" laboral y pone ya en riesgo la salud del 45% de los trabajadores

Un trabajador frente a su ordenador, en una imagen de archivo.

¿El trabajo dignifica al hombre? Puede. Pero también puede matarlo de un infarto. Hecho así, como casi la mitad de los currantes se ven empujados a hacerlo en España, es más justo decir que el trabajo perjudica seriamente la salud. La conclusión se extrae del capítulo Condiciones de trabajo, riesgos psicosociales, salud y desigualdades en tiempos de pandemia, incluido en un informe de más de 150 páginas sobre desigualdad publicado este miércoles por la Fundación Alternativas. Sus cuatro autores ponen un dato encima de la mesa: el trabajo bajo de "alta tensión", un factor de riesgo cardiovascular y psicológico, se ha duplicado en España con la pandemia.

El estudio se basa en las encuestas laborales disponibles –y comparables entre sí– desde 2005 a 2021. La comparación esencial es entre 2016, cuando un 22,3% de la población asalariada se encontraba en situación de "alta tensión", y 2021, cuando este porcentaje alcanzó el 45,8%. Es decir, se duplicó, con la pandemia como detonante, como prueba el que en 2020 se situase en el 44,3%. El porcentaje global del 45,8% contiene a su vez desigualdades según la ocupación. Más de uno de cada dos trabajadores en puestos manuales están expuestos a "alta tensión" (53,3%), cifra que se reduce a dos de cada cinco entre los no manuales (38,5%). La "alta tensión" es más frecuente en los puestos de trabajo que son una extensión del trabajo doméstico y de cuidados, "menos valorados socialmente y muchos de ellos feminizados, evidenciando las desigualdades estructurales de clase y género y la falta de prevención de riesgos laborales", señala el informe.

Alta exigencia, baja recompensa

Pero, ¿qué es trabajar en situación de "alta tensión"? Los autores del estudio, los investigadores Salvador Moncada, Clara Llorens, Albert Navarro y Sergio Salas, describen una "situación especialmente nociva para la salud, caracterizada por tener altas exigencias laborales y poca autonomía y oportunidades para aplicar y desarrollar habilidades en la realización del trabajo". Se trata de un cóctel de "altas demandas", "bajo control", "escaso apoyo social de los compañeros y supervisores", "baja justicia relacionada con los procedimientos de trabajo" y "desequilibrio entre el esfuerzo y las recompensas". "Trabajar en condiciones de alta tensión significa tener muchas exigencias laborales (muchas tareas que hacer, emociones que manejar, alto ritmo de trabajo...), a la vez que un bajo nivel de control sobre el trabajo (que implica poco o nulo margen de decisión y pocas oportunidades para desarrollar o adquirir habilidades)", sintetizan.

El trabajo bajo "alta tensión" y otras formas de inseguridad laboral no son un producto de la pandemia. En realidad, como detallan los autores, "estos problemas vienen de más lejos y se relacionan con las políticas económicas y laborales, las relaciones laborales, la organización del trabajo y las prácticas empresariales". Lo que hace la crisis sanitaria es agravarlos. "La pandemia ha empeorado la situación y ha contribuido a visualizar, a veces de forma dramática, algunos de los problemas más acuciantes, como, por ejemplo, las penosas condiciones en sectores como las residencias de gente mayor (ratios únicamente sostenibles a costa de la salud de las trabajadoras y de las personas dependientes, métodos de trabajo taylorizados, horarios imposibles)", explican.

Doble riesgo cardiovascular

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Moncada, Llorens, Navarro y Salas enfatizan el impacto de este problema sobre la salud. Con los datos de las Encuestas Europeas de Condiciones de Trabajo, estiman que alrededor del 5,5% de episodios de enfermedad cardiovascular –primera causa de muerte en España– y el 20% de los trastornos de salud mental podrían ser evitados entre la población trabajadora eliminando la "alta tensión", un factor que "dobla el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y acorta en cerca de dos años la esperanza de vida libre de discapacidad".

El deterioro del estado de salud de los trabajadores durante la pandemia queda plasmado en la encuesta Condiciones de trabajo, inseguridad y salud en el contexto del covid-19, en la que participaron en 2020 la Universitat Autònoma de Barcelona y el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud de CCOO. Un 36,7% de los trabajadores manifestaron un empeoramiento de su estado de salud, mientras que cerca del 42 % declaró "graves problemas" para dormir. El consumo de tranquilizantes y analgésicos opiáceos se duplicó con respecto a la situación anterior a la pandemia, mientras que el riesgo percibido de tener una mala salud mental alcanzó a algo más del 55%, cuando el porcentaje no llegaba al 24% en 2016. En 2021 el mismo estudio mostró una situación aún peor: el riesgo de mala salud mental alcanzó a cerca del 61%. Además, con una marcada desigualdad: las mujeres mostraron un 12% más riesgo que los hombres y los jóvenes de 16 a 34 años se vieron un 15% más afectados que los mayores de 50 años.

Los autores apuntan a las políticas necesarias para revertir este crecimiento de la "alta tensión" en el trabajo. ¿Ejemplos? El enriquecimiento de los contenidos del trabajo para las ocupaciones poco complejas; la introducción de fórmulas de participación directa en las empresas; el fomento de las formas cooperativas; las facilidades para la conciliación; el mantenimiento de las exigencias laborales "en unos límites razonables, considerando su relación con la salud". Obviamente, la estabilidad en el empleo y la perspectiva de un futuro en condiciones dignas también ayudan. Suena fácil, pero los hechos de muestran que no lo es. Los autores del trabajo advierten del coste sanitario de no hacerlo: "Probablemente pagaremos un alto precio en salud en términos de exceso de mortalidad y morbilidad evitable".

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