Pedro Almodóvar: "Estamos en la situación más peligrosa de los últimos 50 años para la sociedad española"
Hay un momento crucial en Amarga Navidad en el que Mónica (Aitana Sánchez-Gijón) le tira un aluvión de verdades a la cara a Raúl (Leonardo Sbaraglia), pero en realidad estamos asistiendo a una muy acalorada discusión entre Pedro y Almodóvar, las dos caras de una misma persona, que utiliza a sus propios actores para hablar alto y claro consigo mismo sobre —y no vamos a desvelar apenas más— la libertad de creación y los límites de la autoficción.
"Hay muchas cosas que tengo en común con el personaje de Leo, que dice frases directamente mías", concede el cineasta, sentado ante la mesa de su despacho en El Deseo, repleto de premios, fotografías con colegas (tan célebres como él) y carteles de películas. Recuerdos de una vida dedicada al arte, todavía muy lejos de agotarse: "Afortunadamente, lo que no comparto con Leo todavía es la crisis creativa. Una sequía así no la he tenido todavía, no me ha llegado. Y le tengo terror, me da muchísimo miedo, así que haría lo que hace él, no parar de escribir hasta que encuentres algo".
Amarga Navidad —en cines este próximo viernes 20 de marzo— narra la alternancia de dos historias. Una protagonizada por Elsa (Bárbara Lennie), una directora de publicidad, en 2004, durante el largo puente de la Constitución de diciembre. La segunda ocurre en 2026 y la protagoniza Raúl, un guionista y director que está escribiendo un guion que pronto descubriremos que es la historia de Elsa, su novio Bonifacio (Patrick Criado) y sus amigas Patricia (Victoria Luengo) y Natalia (Milena Smit). Mezclada con ficción, Elsa, de algún modo, es el alter ego de Raúl, que recurre a la autoficción como solución a una larga temporada de sequía creativa.
"Todo lo que dice Leo sobre cine es de mi propia cosecha y, justamente por estar más cerca de mí, he tratado de no ser clemente con él", prosigue el manchego, concediendo que toda la "diatriba final de Aitana es voluntaria y una especie de autoagresión" materializada por él mismo en el guion: "No me va la marcha, pero encontré cierta delicia en poder ir en mi contra. Cuando llega a esa parte metacinematográfica, me encontré con un ejercicio pirandeliano donde podía hablar de mí mismo a través de los personajes, algo que me pareció muy interesante como autor porque no lo había abordado nunca. Y, por supuesto, una vez ya establecido de qué iba a ir ese tramo, lo último que quería era ser complaciente conmigo mismo".
La película narra, así, la estrecha relación entre realidad y ficción, entre la inspiración y la vida, planteando el mencionado debate sobre los límites de la autoficción. Una práctica que tiene el peligro de convertir al autor en "un ser muy egoísta", más todavía si está "en una etapa de sequía creativa", pues si entonces "encuentra una idea que desarrollar", aunque le venga "del dolor de las personas que tiene más cercanas", va a ir a por ella a pesar de los pesares. "Es casi imposible abandonarlo y en ese momento el autor es como un villano que no piensa, desgraciadamente, en las personas que tiene al lado", apostilla.
Toda mi vida se pasea por todas mis películas, por mi filmografía, pero está siempre parapetada detrás de cosas irreconocibles
"Reconozco que en ese momento el autor es egoísta y yo también lo soy, aunque con toda esta conciencia de lo que uno está haciendo, tengo mucho cuidado también de no hacer daño a nadie. Porque no hay una ley escrita que maneje los límites de la autoficción, pero sí que depende de tu sensibilidad moral poder hacer daño a alguien. Hay que tener cuidado de eso y yo lo tengo", asegura Almodóvar ante la terna de diarios congregados en sus dominios, entre ellos infoLibre.
"Toda mi vida se pasea por todas mis películas, por mi filmografía, pero está siempre parapetada detrás de cosas irreconocibles", apunta, en cualquier caso, antes de entrar en la libertad del creador, otro tema capital de la cinta. "Yo soy totalmente libre cuando estoy escribiendo. Las decisiones que tomo sobre el papel, no las tomo en mi vida, en la que me cuesta muchísimo trabajo y a veces no las tomo teniendo que tomarlas", asegura, antes de insistir: "Lo que abre esta película es un debate moral sobre los límites de la autoficción, porque debe haberlos. No soy yo el que pide una ley que los establezca, pero debe haberlos, aunque son límites personales que uno tiene con respecto a la propia vida y de acuerdo con su sensibilidad moral".
¿Pero cómo a un artista le vas a quitar algo a lo que todo el mundo tiene derecho, que es a dar su opinión sobre las cosas que está viviendo la sociedad y entre otros, él mismo, como parte de esa sociedad?
Precisamente esa sensibilidad moral es la que lleva al director a recordar lo sucedido semanas atrás en una Berlinale que terminó con un centenar de actores y directores firmando una carta abierta contra el festival por no posicionarse contra el genocidio de Gaza y denunciando censura a artistas. "Me parece terrorífico", sentencia Almodóvar, antes de lanzar una pregunta retórica: "¿Pero cómo a un artista, cineasta o lo que sea, le vas a quitar a lo que todo el mundo tiene derecho, que es a dar su opinión sobre las cosas que está viviendo la sociedad y entre otros, él mismo, como parte de esa sociedad? No sé si llamarlo censura, que es una palabra muy gorda, pero es una forma de censura para espíritus frágiles".
Retrocediendo en el tiempo, hasta aquellos Goya del 'No a la guerra' de 2003, recuerda incluso que "hay mucha gente que piensa que desde ese momento el PP" les convierte en su "bestia negra". "Pues sí, nos convierte en eso, pero nunca habíamos sido la bestia blanca del Partido Popular, que nunca había tenido el menor interés en el cine español". "Pero ni desde Berlanga, nunca. Concha Velasco dijo que los artistas no debían politizarse porque ella hacía teatro para todo el mundo. Y yo hago películas para todo el mundo, pero sé quién no va a ir a verlas. Bueno, pues así son las cosas, yo tampoco voy a sus mítines y, si puedo hablar mal de ellos, hablo mal de ellos", remarca.
Dicen las encuestas que al 25% de los jóvenes españoles no les importaría vivir bajo una dictadura como la de Franco. Son cosas de echarte a temblar, y parece que no estamos haciendo nada
Por todo ello, insiste, decir que "un autor no debe manifestarse políticamente es de pronto cortarle un brazo a alguien sin ninguna razón para hacerlo, porque es un ciudadano como cualquiera". "Es más, en muchos casos son ciudadanos más cultos y más preparados para hablar", resalta, subrayando además la importancia de no callarse, "sobre todo en este momento que estamos viviendo, en el que hay que soltarlo todo para hacer frente a lo que está ocurriendo, con la ultraderecha subiendo como la espuma sin hacer nada".
Y todavía prosigue: "Dicen las encuestas que al 25% de los jóvenes españoles no les importaría vivir bajo una dictadura como la de Franco. Son cosas de echarte a temblar, y parece que no estamos haciendo nada. Por fin parece que en las izquierdas ahora hay una voz que quiere que nos pongamos todos de acuerdo en lo que estamos de acuerdo, que son más cosas que en lo contrario. Yo me pregunto muchas veces qué podría hacer yo y no se me ocurre nada más que firmar los documentos que me presentan y hablar cuando me preguntan. Porque, en efecto, estamos viviendo una situación peligrosísima. Estamos en la situación más peligrosa de los últimos 50 años para la sociedad española".
Por fin parece que en las izquierdas ahora hay una voz que quiere que nos pongamos todos de acuerdo en lo que estamos de acuerdo, que son más cosas que en lo contrario
Puede que "suene a tópico hablar de empatía", continúa, pero a su juicio esa es precisamente la "clave" para que "empecemos a vivir en un mundo un poquito mejor del que vivimos". "Yo la practico cuando puedo", comentando acto seguido esa supuesta ola mística y religiosa que viene de vuelta de la mano de la ultraderecha, recordando incluso lo que se escandalizaron los católicos por la protesta de Rita Maestre en la capilla de la Universidad Complutense: "¿Un católico puede escandalizarse por lo que sea y yo no por todo lo que están diciendo los obispos cada vez que abren la boca? ¿No me voy a escandalizar ante la suma ingentísima cada vez de más gente abusada por la Iglesia, mientras ésta no hace absolutamente nada? Cada uno se escandaliza por las cosas que le escandalizan, pero esa sensibilidad católica no debe ser reconocida como un leitmotiv para censurar nada".
Una vez cumplida su máxima de no callarse ninguna opinión, reconoce el cineasta de 76 años que todavía quiere "hacer muchas películas y el tiempo pasa". "De hecho, en los últimos cinco años he hecho mucho más que en los otros diez porque veo que el tiempo se me va. No es que piense morirme mañana, estoy bien de salud, pero noto mucho el paso del tiempo", confiesa, antes de agregar que su "lucha ahora mismo es ir corriendo detrás del tiempo para que se detenga un poco".
Quiero hacer muchas películas y el tiempo pasa. En los últimos cinco años he hecho mucho más que en los otros diez porque veo que el tiempo se me va. No es que piense morirme mañana, pero noto mucho el paso del tiempo
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Inmerso en semejante frenesí creativo, anticipa que ya tiene escrito el guion de su siguiente película, en la que "se filtra el horror de la sociedad en la que estamos viviendo". "No sé si es una película pesimista, porque yo quiero ser optimista y me lo digo cada mañana cuando me levanto, sabiendo incluso que tengo razones para ser pesimista, pero lo que se me ha colado del mundo exterior es bastante negativo y oscuro porque, sin pretenderlo, la realidad encuentra siempre una rendija y se cuela quieras o no", avanza, antes de conceder que se trata de una "comedia muy negra". "Recupero el humor porque el tema me lo pedía", resalta.
Eso sí, lo que seguro que no será es una tv movie —un proyecto para plataformas televisivas—. Porque volviendo al principio para hablar de la creación y terminar cerrando el círculo como él hace en Amarga Navidad, afirma que le parecería un "insulto" que alguien dijera de una de sus películas que "es como una tv movie". "Esto no quiere decir que a mí me parezca fatal que la gente haga un original de una obra y venda su trabajo, que para eso se es profesional. De hecho, me parece que una de las cosas de agradecer es que por fin en España existe el audiovisual como industria, y eso se debe a las series. Lo que ocurre es que, como autor, lo último que quiero es hacer un original para una plataforma, y también huiré con todas mis fuerzas y con todo lo que se me ocurra de hacer una tv movie", señala, cogiendo prestadas otras de las palabras que Aitana Sánchez-Gijón le espeta a Leonardo Sbaraglia en su encontronazo culminante.
"Pero eso no quiere decir que yo esté en contra de todo lo que hacen las plataformas, en absoluto. Porque, entre otras cosas y, sobre todo, están dando mucho trabajo, y eso es ponderable", indica, para acto seguido, ya sí del todo terminar: "Ahora, hacen las cosas de un modo que no las hace la gente, digamos, de cine. Conozco muchos casos de directores a los que les han encargado una película y lo que oigo es muy feo. Es cosa de gente que viene más de otras ramas, del marketing o de la televisión, pero no del cine propiamente dicho. La corriente cinematográfica no corre por sus venas. Espero que me disculpen, pero así es como es".