Felipe González y otros
El punto álgido de las soflamas de Felipe González contra Pedro Sánchez se alcanzó sin duda hace unos días en los Desayunos del Ateneo de Madrid cuando afirmó, sin inmutarse, que en las próximas elecciones generales “votaría en blanco” si Sánchez es el candidato. Pero las críticas o el distanciamiento del ya histórico líder socialista con el actual presidente del Gobierno y secretario general del PSOE vienen de lejos.
En octubre de 2016, Felipe González, junto a Susana Díaz y con la colaboración del diario El País –dirigido en ese momento por Antonio Caño, actual presidente del Consejo Editorial de The Objective– lideró un movimiento de acoso y derribo a Pedro Sánchez como secretario general del PSOE que culminó con su dimisión ante la falta de apoyos. Hay que recordar que cuando Pedro Sánchez fue elegido secretario general del PSOE en 2014, Susana Díaz pronunció, refiriéndose a Sánchez, aquella frase de “este chico no vale, pero nos vale”. La lideresa socialista andaluza consideraba que todavía no había llegado su momento de “dar el salto a Madrid” y le parecía que Pedro Sánchez podía ser simplemente un secretario general “de transición”. En 2017, Pedro Sánchez recuperaba la Secretaría General del PSOE, tras ganar las primarias. Desde ese momento, y salvo breves y puntuales etapas de aparente acercamiento o más bien “complacencia”, las críticas de Felipe González a Pedro Sánchez han sido constantes. El motivo fundamental ha estado siempre en sus pactos con los partidos nacionalistas catalanes y vascos y la aprobación de la Ley de Amnistía para normalizar la situación en Cataluña.
Pero la lista de líderes socialistas críticos a Pedro Sánchez tiene otros nombres, algunos de larga trayectoria en el PSOE, como Joaquín Leguina, expulsado del partido tras pedir el voto para Isabel Díaz Ayuso; Alfonso Guerra o Nicolás Redondo Terreros. Entre los líderes en activo tiene un protagonismo especial Emiliano García Page, presidente de Castilla La Mancha, que no cesa en sus ataques a Pedro Sánchez, ampliamente recogidos por medios de comunicación afines al Partido Popular. Pero volviendo a Felipe González y a su intervención en los Desayunos del Ateneo de Madrid, cuando se le preguntó si se había planteado dejar el PSOE su respuesta fue clara: "¿Por qué voy a querer dejar el PSOE? ¿De verdad tengo que dejar el PSOE? Si alguien tiene que dejarlo, que lo deje el que lo destroza".
Lo que los críticos como Felipe González quieren realmente es “otro PSOE”, el de toda la vida, el del bipartidismo
Hasta ahora las críticas constantes de Felipe González a Pedro Sánchez no habían tenido respuesta por parte de la dirección socialista, pero en esta ocasión son varias las voces que se alzan al considerar que el ex presidente del Gobierno ha superado todos los límites y que debería plantearse abandonar el partido. Hay que decir que también ha tenido defensores, en concreto Ignacio Urquizu, sociólogo y exdiputado socialista, que desde las páginas de El País criticó los ataques al histórico líder socialista destacando su gran aportación durante su larga etapa de gobierno “al Estado de bienestar que hoy disfrutamos”. Pero Urquizu, habitual tertuliano televisivo, no se ha enterado de la “película”. Nadie cuestiona, todo lo contrario, lo logrado para nuestro país por Felipe González durante sus 14 años en la presidencia del Gobierno. El problema es el papel político que juega en la actualidad defendiendo posiciones coincidentes en muchas ocasiones con las defendidas por el Partido Popular. Aquí es donde está el problema; Felipe González ha llegado a decir que pactaría antes con Vox, con la extrema derecha, que con Bildu.
Llegados a este punto cabe preguntarse por qué no se produce una escisión en el PSOE, por qué este grupo de críticos, de disidentes con la actual dirección socialista, no crea un nuevo partido para el que propongo un nombre, Partido Socialdemócrata Conservador, PSC –curiosa coincidencia de siglas con el socialismo catalán– que tendría sin duda como “Presidente de Honor” al propio Felipe González. Pero esto no va a ocurrir porque saben que una nueva marca no tendría futuro electoral, lo que quieren realmente es “otro PSOE”, el de toda la vida, el del bipartidismo. Un PSOE alejado de los pactos con Bildu y con los independentistas catalanes. Esta referencia a “otro PSOE” no es nueva. Feijóo, en sus primeros tiempos como presidente del PP, cuando decía que iba a hacer “política para adultos”, hablaba de que “se podían rehacer puentes y consensos” con otro PSOE en el que no estuviera Pedro Sánchez. Pero además las críticas al PSOE de Pedro Sánchez, se han utilizado por votantes del PP –voto absolutamente respetable– para blanquear su conservadurismo con argumentos como que Sánchez se había cargado la socialdemocracia y que votarían sin problemas al viejo PSOE, al que Felipe González también quiere votar cuando “Pedro Sánchez se vaya y deje de destrozarlo”. Pero hay Sanchismo para rato, porque, como ya ha dicho el presidente del Gobierno: “estoy encantado de que Felipe González siga siendo militante del PSOE y de que en un futuro vuelva a votar al partido socialista, pero será un futuro lejano porque voy a volver a presentarme”.
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Rafael Sánchez Sánchez es socio de infoLibre.