Mark Rutte, Europa y España

José Luis Carpintero

El pliegue incondicional de los líderes europeos ante la agenda de Donald Trump, con Mark Rutte como su ejecutor más dócil y aventajado, no es pragmatismo diplomático: es una claudicación ideológica y un acto de vasallaje político que dinamita los cimientos de la paz y la soberanía en el continente. Desde la perspectiva del pacifismo de la izquierda europea, la sumisión de esta tecnocracia a los dictados de Washington es la constatación de una traición. En lugar de erigir una Europa que actúe como contrapeso diplomático y defensora de la desescalada, líderes como Rutte han preferido convertir al continente en el patio trasero y el cajero automático del complejo militar-industrial estadounidense. Rutte aplica una cínica doble vara: obediencia ciega hacia arriba y puño de hierro hacia abajo. Su humillación pública a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, para proteger el relato de los bombardeos estadounidenses desde bases en Italia, es el reflejo de un lacayo institucional que prefiere dejar expuesta a una aliada europea antes que contrariar a sus verdaderos jefes en Washington.

Bajo la batuta de Rutte y la complicidad de las capitales europeas, los lobbies armamentísticos de EEUU han logrado capturar el debate público implantando una narrativa tóxica: la de que la guerra es inevitable y la paz es una quimera. Al ridiculizar cualquier intento de pilar defensivo europeo autónomo como "la nada", estos líderes de rodillas asumen el marco mental de Trump. El plegamiento a la doctrina Trump impone un coste social devastador que debemos denunciar con indignación en tanto que para satisfacer el apetito voraz de las multinacionales de las armas y cumplir con las exigencias atlánticas, la tecnocracia europea está dispuesta a normalizar una economía de guerra permanente.

Se desmantela el modelo social europeo para transferir riqueza pública europea y financiar la maquinaria de destrucción de un imperio ajeno

El resultado es una estafa financiera piramidal a costa del ciudadano europeo: se exige aumentar el gasto militar al 2% o más del PIB, pero como estos mismos dirigentes boicotean la creación de fondos comunes con cláusulas de soberanía, el dinero se desvía en bloque a comprar cazas y sistemas de armas estadounidenses.

Cada euro que Rutte y los líderes subordinados desvían hacia contratos opacos de mantenimiento, licencias de software y sensores controlados desde el Pentágono, es un euro que se le roba a la sanidad pública, a las escuelas, a la vivienda y a la transición ecológica. Se desmantela el modelo social europeo para transferir riqueza pública europea y financiar la maquinaria de destrucción de un imperio ajeno. Los ejércitos europeos se convierten de facto en franquicias militares de Washington que operan con armas cuyo software y componentes críticos pueden ser desactivados o restringidos unilateralmente por Estados Unidos si los intereses geopolíticos de la UE no coinciden con los de la Casa Blanca. Es una soberanía de cartón piedra.

La izquierda europea y el ideal pacifista no pueden ser cómplices de este modelo de subordinación armada. Personajes como Mark Rutte no administran la seguridad de Europa, administran su sumisión ideológica y económica. El rearme que promueven no protege a las sociedades; protege los márgenes de beneficio de Lockheed Martin y Boeing a costa de la paz global y los derechos sociales del continente.

Frente a la docilidad de una clase política europea que agacha la cabeza ante Trump, urge levantar una alternativa de seguridad democrática: frenar en seco la captura corporativa de las instituciones, congelar la influencia de los lobbies de armas e imponer cláusulas sociales que impidan que el delirio belicista se pague con la dignidad de las mayorías sociales.

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José Luis Carpintero es socio de infoLibre.

José Luis Carpintero

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