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Reflexiones a seis preguntas de Elorza

Santiago Ipiña

Odón Elorza planteaba en su blog el pasado 21 de octubre, seis preguntas que debían hacerse los socialistas ante la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy, abstención que el 60% de los miembros del Comité Federal aprobaba el 23 de octubre. Si bien podría declararme socialista si por ello se entiende que me adhiero a la "doctrina política y económica que propugna la propiedad y la administración de los medios de producción por parte de las clases trabajadoras con el fin de lograr una organización de la sociedad en la cual exista una igualdad política, social y económica de todas las personas", me temo que al especificar el señor Elorza que hablamos del socialismo del PSOE, me creo en la obligación de resaltar que no soy socialista tal y como se entiende por la praxis política de dicho partido. No obstante, ante la aparente discordancia ideológica existente entre una parte importante de la militancia del PSOE y la denominada Comisión Gestora que desde el 1 de octubre gobierna el partido, discordancia en el sentido de que dicha militancia –y seguramente una parte del Comité Federal– se sienten identificados con la anterior definición del término "socialismo", quizás estas reflexiones, derivadas de las preguntas que el señor Elorza propone, tengan sentido en un contexto en el que se debate sobre socialismo, PSOE y tipo de democracia que se ejerce en el interior de los partidos políticos.

Así, considerando las condiciones en las que se ha propuesto debatir sobre la abstención del PSOE ante la investidura de Rajoy, tenemos:

1. ¿Fortalece la democracia interna de la organización socialista, en medio de una situación de anomalía democrática, con una gestora atípica, sin plazos para las primarias y con miles de militantes en rebeldía? Una pregunta que a mi modo de ver es directiva, es decir, que la persona a la que se le plantea se la atrae hacia la respuesta que el autor de la pregunta tiene en mente. De este modo, el señor Elorza cree que la democracia interna del PSOE no queda fortalecida en esas condiciones, una respuesta con la que una gran mayoría de ciudadanos, socialistas o no, coincidiremos. No obstante, me pregunto si este reconocido dirigente del PSOE se cuestiona sobre el tipo de democracia interna a la que alude, es decir, ¿tienen los representantes elegidos por la militancia mandato imperativo? Desconozco la estructura funcional del partido y, sin embargo, me hubiera parecido más pertinente que el señor Elorza se dirigiese a la militancia, o a sus compañeros de la gestora, no con preguntas sino con la prevención de cuál es el papel de su representante; si éste tuviera un mandato imperativo y no lo cumpliera, lo ajustado a ley es denunciarlo en vez de aceptar lo que de resultas del incumplimiento pudiera derivarse.

2. ¿Ganará así la democracia representativa frente a una concepción de la democracia más transparente, más participativa y con rendición de cuentas que, por razones de excepcionalidad, pedía una consulta a la militancia? Otra pregunta directiva que resuelve mi anterior ignorancia sobre la estructura funcional del PSOE, es decir, el representante elegido por la militancia no tiene mandato imperativo, de aquí que no pueda ser denunciado ante un incumplimiento de las promesas por las que fue elegido. Lo que me hace sugerir al señor Elorza que en vez de plantear, en tiempos de convulsión como el presente, cuestiones que tocan al núcleo mismo de la democracia del partido, parece más apropiado que se hubiera concentrado en resolver tal imperfección en la característica del representante en tiempos no tan delicados.

3. ¿Acaso este ejercicio de responsabilidad o supervivencia garantizará la gobernabilidad del país, más allá de un semestre tras el cual Rajoy puede disolver el Parlamento? Se observa que continuamos atendiendo preguntas directivas, de forma que a la vista de que la abstención no garantizará la gobernabilidad del país más allá quizás de un semestre, me pregunto por el sentido que, para sus detractores, tiene dicha abstención una vez se ha aprobado por el aparato del partido. Parecería que es una ocasión inmejorable para mantenerse en el no a la investidura de Rajoy cuando se vote en el Congreso.

4. ¿Refuerza el sentido ético de la política tras renunciar con la abstención a cumplir firmes compromisos electorales con la mayoría social de no favorecer otro gobierno de Rajoy y de intentar gestionar un gobierno alternativo? De nuevo una pregunta directiva que ofrece como respuesta un claro no. Ahora, el autor de las seis preguntas nos propone trasladarnos hacia consideraciones éticas de la política, consideraciones que imagino estaban presentes antes de la irrupción de la actual Gestora. En otras palabras, personalmente tengo la impresión de que la alusión a la Ética es un subterfugio a destiempo del Sr. Elorza que bien podría haber planteado públicamente cuando el PSOE, de manera reiterada, ha incumplido sus compromisos electorales durante tantos años.

5. ¿La abstención consolida y aporta más credibilidad al proyecto de cambio del PSOE, algo defendible desde la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad? Una pregunta directiva que alude a un proyecto de cambio del PSOE basado en la ética de las convicciones y de la responsabilidad y que acaso podría haber sido sugerido cuando el PSOE presentó un proyecto de investidura junto a Ciudadanos, una formación política esta última que dista mucho de lo que imagino que el Sr. Elorza tiene en mente cuando habla de convicciones (socialistas).

6. ¿Constituye esta abstención tardía un buen ejemplo de práctica política que refuerce la relación de confianza entre la ciudadanía y la política de los partidos? Esta pregunta final, de carácter directivo naturalmente, ofrece una generalización que, en mi opinión, deslegitima su planteamiento pues nadie puede pensar que lo que suceda con el PSOE sucederá con el resto de partidos. Pero, probablemente más importante, me parece que la confianza de la ciudadanía en los partidos pasa por el hecho de cambiar la relación entre representado y representante en el sentido de que este último sea depositario de un mandato imperativo por parte del primero. Mandato, por cierto, que ha sido aludido por el señor Fernández, presidente de la comisión gestora del PSOE, al referirse a los miembros del Comité Federal no partidarios de la abstención y con la evidente intención de forzar su voto en el Congreso de los Diputados cuando se discuta la investidura de Rajoy.

Es preocupante, a mi modo de ver, que considerando una perspectiva más amplia que la que pueda ofrecer el funcionamiento interno del PSOE, los elegidos mediante votación popular no estén obligados a cumplir el programa por el que han sido votados, es decir, no tengan un mandato imperativo del representado. Que históricamente pueda dársele una justificación –por ejemplo, M. Alba Navarro ofrece una sinopsis del artículo 67 de la Constitución Española- no debería suponer un obstáculo para poder corregir la falta obvia que se deriva de que el representante, en el ejercicio de su labor, pueda ignorar a su representado (“El esquema constitucional así configurado parece coherente. Y de hecho lo sería si las circunstancias ambientales y sociales a las que se aplica fuesen las de dos siglos atrás. Sin embargo, si esto fue cierto en algún momento del liberalismo más clásico e incipiente es evidente que ha dejado de serlo no ya en los albores del siglo XXI sino bastante antes […]”, comenta el letrado de las Cortes Generales Alba Navarro en la anterior sinopsis). Un problema, no obstante, es que el legislador, es decir, el político elegido en una legislatura, es quien debe cambiar la legislación que le afecta.

Otra alternativa a tener en cuenta acaso pueda ser la relación existente entre el elegido y el elector en la cultura luterano-calvinista, relación basada en la confianza entre unos y otros en el entendimiento de que la traición a dicha confianza, en general, no admite segundas lecturas. El affaire Toblerone de la ministra sueca Shalin, el plagio de la tesis doctoral de la ministra alemana Schavan, la multa de tráfico del ministro británico Huhne, o el escándalo Lewinsky de Clinton, son algunos ejemplos recientes de dimisiones por conducta irregular en relación a dicha confianza (resalto para el lector de memoria más frágil, que el caso Lewinsky y el impeachment de Clinton que obligó su dimisión no está relacionado con su conducta sexual extra matrimonial sino por haber mentido reiteradamente al electorado). No parece exagerado destacar que en otras culturas no luteranas de nuestro entorno más inmediato la frecuencia de realización de ejemplos similares es anormalmente baja.

No me resisto a dejar constancia del estupor que me causa la evidente diferencia que existe entre obras maestras de la mente humana como el Teorema Central del Límite (A. de Moivre - P. Laplace - A. Liapounoff), el Don Quijote de M. de Cervantes, las Variaciones Goldberg de J. S. Bach, el Guernica de P. Picasso, la Teoría de la evolución de las especies de Ch. Darwin, o el Plan Delta de la ingeniería holandesa, de un lado, y la estructura funcional de las sociedades humanas, de otro. Siendo la misma mente la responsable de ambos extremos, ¿qué impide construir otra obra maestra cuando de la estructura organizativa de la sociedad humana se trata?

Santiago Ipiña es socio de infoLibre

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