‘Dentro de la machosfera’, un documental sobre los ‘influencers’ que no aman a las mujeres
A través de Netflix tenemos una oportunidad de conocer a un destacado reportero británico estadounidense, Louis Theroux, participante ante la cámara en este documental dirigido por Adrian Choa.
Theroux, hijo del novelista autor de El señor de las moscas, se ha especializado en introducirse en ambientes de culturas poco conocidas y retratarlas con un punto de ironía. Según él, también riéndose de si mismo y su desconcierto.
Líderes de opinión tóxicos
En esta ocasión, ha compartido su tiempo con creadores de contenido digital muy tóxicos de la conocida como machosfera. Esa corriente que está reinventando el machismo y la misoginia para ganar dinero a costa de un público casi siempre infantil o adolescente.
La pieza podría ser mejor. Theroux no llega a extraer de sus protagonistas la clase de momentos sublimes que consigue Jordi Évole, por ejemplo. No completa la visita a estos influencers con expertos o expertas que expliquen claves del contexto de este fenómeno. O con chavales que cuenten lo que ha supuesto seguir sus postulados. Tampoco visualmente tiene un planteamiento rompedor. No hace grandes aportaciones al género.
Una mirada de primera mano
Sin embargo, merece absolutamente la pena invertir el tiempo viendo este trabajo por asomarse a la trastienda de algunos tipos de la tan nombrada machosfera de la órbita anglosajona. Podemos sacar nuestras propias conclusiones de primera mano. Detectar la inseguridad de estos comunicadores cuando es otro quien va a controlar el relato sobre ellos.
Una mínima aproximación psicológica, que no sirve para extraer conclusiones definitivas, sí detecta un patrón de infancias que no han tenido el modelo de unas relaciones igualitarias. La mayoría proviene de hogares desestructurados.
La trinchera del resentimiento
Algunos de los elegidos para este programa pertenecen a minorías racializadas. Podrían sentirse inclinados hacia la empatía, pero quizás anida en ellos un resentimiento que desplazan hacia la mujer y otros grupos.
A lo mejor simplemente han llegado a donde están porque las redes sociales han detectado una vulnerabilidad en la sociedad y se aprovechan de ella. La de que muchos adolescentes lo pasan mal teniendo que salir a ligar y digiriendo desagradables calabazas.
Aprovecharse del vulnerable
En ese momento aparecen estos vendedores de crecepelo contemporáneos con la receta mágica para ser independientes, ricos y cachas. Los mismos jóvenes que usan compulsivamente el desodorante Axe, cuya publicidad sugiere que, como varita mágica, triunfarán entre las chicas al llevarlo, caen en estas madrigueras que persiguen sacarles dinero o tiempo que también se convierte en dinero.
El primero en intervenir, conocido en redes como HsTikkyTokky, británico que vive en Marbella, se muestra a la defensiva, pero no puede evitar darse a conocer un poco más. Reconoce que lo que busca es el capturar a la audiencia para monetizarla.
Las mujeres detrás de los personajes
Theroux y su equipo se desplazan también a varias ciudades de Estados Unidos siguiendo a celebridades del sector. El documental consigue mostrar a varias de las parejas reales de estos famosos y que atisbemos las sensaciones de estas mujeres ante los mensajes machistas de sus novios o maridos.
La profunda misoginia suele ir acompañada de otro contenido. En varios casos homofobia o antisemitismo, siempre desde el prisma de distintas facciones de extrema derecha.
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Algo que se percibe en el documental es la profesionalización del odio. Los creadores saben que el algoritmo necesita mucho material y que premia la controversia. Ellos lo llevan al límite y varios han sido expulsados temporalmente por las plataformas por sus mensajes de odio.
Pero como contaba en InfoLibre Pablo de la Serna, una investigación de Safer Scroling, elaborada por la University College London y la Universidad de Kent concluyó que el algoritmo de TikTok recomienda cuatro veces más contenido misógino que feminista.
Monetizar el enfrentamiento entre grupos
Sus polémicas salen a cuenta. Estos líderes de opinión representan la cúspide de una pirámide de célibes involuntarios, o jóvenes que se están radicalizando, a veces sin conocimiento de sus familias.