Política cultural

El 48,7% de los mayores de 14 años está "excluido" de la cultura

Escenario del Teatro de la Comedia, dependiente del Ministerio.

¿Por qué el 13,8% de los que muestran cierto interés en visitar museos no lo ha hecho nunca? ¿Por qué el 44,1% lo ha hecho hace más de un año? Se lo pregunta Javier Callejo, profesor de la Sociología de la UNED, en uno de los ensayos centrales del Informe sobre el estado de la cultura en España 2017 realizado por la Fundación Alternativas. Este año el trabajo lleva por subtítulo Igualdad y diversidad en la era digital y sus conclusiones son poco halagüeñas: después de las ediciones de 2011, 2014 y 2016, esta se dedica a analizar las consecuencias de una década de crisis en el desarrollo cultural. No solo desde el lado de la industria, sino sobre todo desde el lado de los ciudadanos. Porque la respuesta a las cuestiones de arriba es sencilla: porque no puede. El 48,7% de los mayores de 14 años no asiste nunca o casi nunca a una manifestación cultural ni adquiere dispositivos para hacerlo en casa. Y lo dice Callejo: "Si la evitación de la exclusión de la cultura debiera ser una especie de grado cero de la política cultural en los países desarrollados, su existencia pone en evidencia tal política cultural".

Hay un "derecho de acceso a la cultura" que está reconocido por la Asamblea General de Naciones Unidas desde hace ya medio siglo, recuerda Inmaculada Ballesteros, directora del Observatorio de Cultura y Comunicación en esta fundación afín al PSOE, un texto —el del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales— del que España es signatario. "Conviene repasar y hacer balance de los efectos que ha provocado la crisis y cómo las reformas que se pusieron en marcha bajo su paraguas han afectado [a ese] derecho", escribe. Spoiler: mucho y mal. Bastaron cinco años, de 2009 a 2014, para que se revirtieran décadas de política cultural. Ha sido así al menos en lo económico: entre una y otra fecha, las administraciones españolas (centrales, autonómicas y locales) recortaron en un 66% su aporte total al sector —y esto incluye desde construcción de salas de teatro hasta campañas de fomento de la lectura en los pueblos—, pasando de 7.068 millones de euros, a 4.253.

Las Autonomías dejaron de dedicar a cultura casi mil millones de euros hasta 2014 (últimas cifras validadas), un 49% menos. Pero no lo hicieron de igual forma: las que más invertían recortaron menos (Euskadi, -4%) que las que ya dedicaban poco (Murcia, -74%). Las locales habían reducido sus aportaciones en un 36% (1.400 millones menos), siendo curiosamente las más resistentes de las tres. Y el Gobierno central retiró un 57% de su inversión. Los Presupuestos Generales de 2017 no traen buenas noticias: la cultura ha vuelto a caer un 0,7%. Estas cifras, defiende el informe, no son meros números en rojo, sino un síntoma de dejación de funciones de los distintos Gobiernos. La falta de inversión pública, defienden, no ha permitido contrarrestar la violencia de la crisis. Javier Callejo utiliza los datos de la Encuesta de hábitos y prácticas culturales del Ministerio para certificar que la falta de acceso de gran parte de los ciudadanos a la cultura no viene de una falta de interés, como se defiende a menudo, sino de lo que no duda en llamar "exclusión". O, en sus propias palabras, "la manifestación de falta de interés es hacer de la necesidad virtud o una expresión de que las uvas están verdes, cuando no se pueden alcanzar".

La diferencia entre el interés y la práctica señalada arriba se produce también en actividades más populares, como el cine, al que no ha asistido en el período de la muestra el 6,6% de los que demuestran un interés más alto en la encuesta (los que le dan un 10). "Podría señalarse a las condiciones para llevar a cabo la práctica de consumo cultural como la responsable de tal distancia", no duda en señalar. El menor desajuste entre ambos valores re produce en los libros, luego museos, cine, teatro... hasta llegar a la ópera y la zarzuela, que obtienen ratios cercanas al 60% entre los valores de máximo interés y máximo hábito. No es difícil deducir que estas últimas son las expresiones menos populares y más caras de la cultura. "Hay una parte de la sociedad que no llega o no puede llegar a ciertos consumos culturales, aun deseándolo", denuncia el profesor.

A esa porción la llama los "excluidos", que cifra —después de un análisis de distintas variables, como la asistencia a representaciones culturales y la compra de dispositivos de acceso a la cultura, como sería un reproductor DVD— en el 48,7% de la población mayor de 14 años. Es el grupo que más ve la televisión, una media de tres horas en los días laborables, frente al de los "integrados", que la ven una hora menos. Callejo se pregunta si los excluidos son unos "fóbicos" a la cultura, "explicación que, teniendo en cuenta que se trata de casi la mitad de los adultos, sería ya un tanto llamativa". Pues no: entre los excluidos, un 40,9% tiene interés en escuchar música; un 35,5%, en la lectura; un 38,3%, en el cine —aunque lo que mayor interés suscita son los toros, con un 51,1%, a los que tampoco acuden—...

¿El problema? El precio, "primer motivo señalado para abarcar la distancia que va desde el relativo alto interés a la relativa baja práctica". Es el único motivo que esgrimen para no acudir a los museos, el cine, el teatro o los conciertos de música actual —en actividades como la ópera o el circo esgrimen también "falta de tiempo", lo que envidenciaría también un menor interés—. La mayor parte de los excluidos son personas mayores con bajas titulaciones y sin hijos a su cargo, pero también hay jóvenes, parados y estudiantes. El autor no puede sino proponer cambios en las políticas de precios mediante "estrategias de fidelización" de los consumidores, poniendo como ejemplo al fútbol, que ha mantenido gran parte de sus socios pese a la crisis. Pero el IVA cultural al 21% es señalado también como una mala política de precios: "Los intentos de acallar al sector con la reducción al 10% del IVA de los espectáculos en vivo no serán suficientes, por ejemplo porque, una vez más, el cine se queda incomprensiblemente fuera", dice Ballesteros sobre la decisión del Gobierno de dejar su tasa al 21% mientras la de los espectáculos en vivo bajan. 

Hay otro lazo evidente entre la desinversión de las instituciones y la desigualdad de acceso: "Se hace necesaria la puesta en marcha de medidas positivas que hagan más asequible la oferta y permitan que se reconozcan los derechos culturales como parte integrante de los derechos humanos", exige Ballesteros. La Fundación denuncia también la falta de "estadísticas sobre las forzadas carencias culturales de las minorías más vulnerables". Pero sobre todo carga contra "desarticulación y derivas de las políticas públicas culturales durante los últimos cinco años", a la que caracteriza con un "retroceso del gasto público cultural a niveles de 2003, con desorientación absoluta de objetivos y estrategias, con medidas contradictorias incluso con el reino del mercado que oficialmente quería implantarse". El que ha contribuido a llevar al 48,7% de los mayores de 14 años a la exclusión cultural. 

 

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