Cultura

La experiencia trans se abre paso en los escenarios pese a la reacción conservadora

Una escena de Transformación, de Paloma Pedrero, en el CDN.

En el escenario del María Guerrero, una de las sedes del Centro Dramático Nacional, están Marc, Charlot y Leo, tres chicos jóvenes que comparten vivencias entre sí y con el público. Tres chicos trans interpretados por tres actores trans, protagonistas de la obra Transformación, escrita y dirigida por Paloma Pedrero, en cartel hasta el 8 de noviembre. Unas calles más allá, en las Naves del Teatro Español, se baja de escena As one, la primera ópera escrita y protagonizada por una persona trans, con libreto de la cineasta estadounidense Kimberly Reed y Mark Campbell, con música de Laura Kaminsky y producida y dirigida en España por Marta Eguilior. En un momento de reacción conservadora contra los avances en los derechos de las personas trans, las artes escénicas comienzan a saldar una larga deuda con la representación del colectivo.

“Para mí, hubiera sido maravilloso encontrarme como espectador con un personaje como el mío”, dice Zack Gómez, Marc en Transformación y coprotagonista junto a Álex Deo Silleras y Alan Castillo. Como actor trans, denuncia que en el teatro y en el cine hay “una gran falta de referentes diversos”, y cree que el arte tiene “la responsabilidad y la oportunidad” de mostrar “que hay cuerpos distintos, que hay vivencias distintas”. La obra de Paloma Pedrero incide, de hecho, en esa gran variedad de experiencias: los tres protagonistas entienden de maneras distintas su identidad, se encuentran en momentos diferentes de su transición, tienen relaciones distintas con la familia, con la sexualidad o con la masculinidad. Transformación se centra en la representación de la transexualidad masculina, que tiene su propia carga de invisibilidad, pero tiene su reflejo en As one. La ópera, estrenada en Estados Unidos en 2014, cuenta la historia de Hannah desde la preadolescencia a la madurez, un personaje que se desdobla en dos intérpretes: barítono para Hannah Antes, en la etapa previa a identificarse como mujer, y mezzo-soprano para Hannah Después.

Ambas obras comparten una característica fundamental, a ojos de sus creadores: están basadas en las experiencias personales de personas trans. Kimberly Reed dejó en el libreto de As one su experiencia biográfica desde su adolescencia en Montana (donde se esforzaba por alcanzar todos los requisitos de la masculinidad: quarterback, representante de su clase, muy popular), hasta la asunción de su verdadero yo, un viaje que entraña libertad pero también riesgo. Transformación, por su parte, bebe de distintas vivencias en torno a la transexualidad masculina: de la de Paloma Pedrero y del proceso vivido junto a su hijo cuando este salió del armario como chico trans, de las distintas personas que formaron parte de los talleres organizados por su compañía, Caídos del cielo, y de las de los propios actores. “Yo he utilizado mucho mi experiencia como madre”, cuenta Pedrero. “También fueron muy importantes las improvisaciones donde los chicos iban expresando sus vivencias. Y también invitamos a sus familiares para que nos dieran su testimonio”. El equipo de As one, mayoritariamente cis (no trans) dedicó parte de su trabajo a la documentación y a la escucha, partiendo del documental de Kimberly Reed Prodigal sons, que retrata su regreso a Montana, y teniendo a las autoras como referencia.

Las producciones ponen especial cuidado en quién se encarga de representar a estos personajes trans. En el caso de As one, el propio libreto impone la utilización de dos voces, una masculina y una femenina, huyendo de la tendencia cultural tránsfoba de que quienes interpreten a mujeres trans sean hombres, como puede verse en la serie Transparent, donde Jeffrey Tambor encarna a Maura, o en Dallas Buyers Club, donde el personaje de Rayon fue representado por Jared Leto. En Transformación, la compañía va un paso más allá, dando los papeles de hombres trans a actores trans. Para los talleres que serían la base del proyecto, Paloma Pedrero contactó con chicos trans que estuvieran relacionados con las artes escénicas, como Álex Deo Silleras, que interpreta a Alma/Leo. Posteriormente, el Centro Dramático Nacional organizaría un casting para encontrar al personaje de Marc, en el que pedirían expresamente la participación de actores trans. Ahí apareció Zack Gómez: “Nunca había visto un casting en el que buscaran chicos trans. Para mí fue muy especial y me dio mucho vértigo, porque aunque llevo años trabajando nunca había abierto esa parte de mí a la industria, no lo sabía ni mi representante”. El hecho de que haya tres hombres trans en escena en uno de los centros de producción más importantes del país habría sido, dice “impensable hace años”.

El reto sigue estando en la trama. Para Álex Deo Silleras, es especialmente importante mostrar la diversidad de las experiencias trans, generar historias que no se centren solo en el proceso de transición, de la misma forma que las lesbianas, gais y bisexuales luchan por narrativas que van más allá de la salida del armario. “Todo lo que sea no mostrar esa diversidad es no mostrar toda la verdad”, defiende, “y hay que saber que nuestras realidades existen, que son posibles y que lo son desde un lugar apacible y feliz. Hay una tendencia a dramatizar nuestras transiciones”. A esa tendencia se enfrenta también As one, que contiene una escena de violencia tránsfoba: “Hay una escena que es bastante dura, pero como directora tienes que respetar también lo que hay en el texto. Yo no tengo problema en representar esa violencia, porque esa violencia está ahí y las autoras han querido que esté ahí”.

Tanto Zack Gómez como Álex Deo Silleras insisten en que la experiencia trans no es algo que pueda interesar solo a un público trans. El primero señala que en Transformación hay toda una reflexión sobre qué significa ser un hombre en 2020, y que “el debate trans también pone luz sobre todas las cuestiones que están mal enfocadas en la masculinidad”. Silleras incide en que las vivencias trans, como las de cualquier otra persona, no están atravesadas solo por la transición, y que las ficciones con protagonistas trans deberían ampliar sus intereses: “El arte es una manera de liberarse de lo que hay que hablar y de lo que no hay que hablar. Por ejemplo, de una sociedad que pone en el centro la enfermedad de nuestros cuerpos, cuando ¿quién no tiene un proceso con su cuerpo? Me parece que es importante que se diga que esta batalla no solo la tenemos las personas trans. Entre las personas trans no toda la gente se opera, no toda la gente se hormona, no toda la gente cambia su nombre, y es algo que nos concierne a todos la idea de que la identidad es lo que sabemos que somos, y no es una certeza física”.

Elle (Silleras prefiere pronombres masculinos o neutros) reivindica el valor la experiencia de crear Transformación más allá incluso del contacto con el público, dificultado por la pandemia y las restricciones vigentes en Madrid. “Para mí el arte tiene que ser subversivo. Pero la subversión puede venir desde muchos lugares”, dice. Desde los talleres, que fueron un “viaje” en sí mismos, a la relación con los distintos trabajadores del teatro o entre los propios artistas. Para Zack Gómez, algo más mayor que sus compañeros —también su personaje tiene una cierta relación paternal con los demás— esto ha sido especialmente importante. “Conocer a Alan y a Álex para mí ha sido muy liberador. Ellos han vivido su transición de manera mucho más abierta. Yo empecé hace 10 años, no se hablaba apenas de esto y había otras ideas. Ellos me han hecho abrir mi realidad, más allá de lo profesional”.

Pero no desdeñan el peso de que una obra como Transformación esté en cartel en un teatro público. “La potencia política de esto puede ser inmensa”, asegura Paloma Pedrero, que considera la obra especialmente importante en plena reacción conservadora contra los derechos de las personas trans. “Ves a estos tres personajes en escena y lo que pasa es que te enamoras de ellos. Son gente maravillosa que están sufriendo un rechazo social increíble. Quiero creer que cuando conoces a estas personas, ese odio se disipa”. La directora y dramaturga cree en el poder de “transformar el dolor en belleza” y en el de “hablar desde la verdad”. Para ello sí necesita al público. Por eso sueña con un futuro sin coronavirus en el que puedan representar la obra en sesiones matinales para público adolescente, un futuro en el que puedan girar: “Esto tiene que verlo el mayor número de personas posible”.

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