Club de lectura

"Granada, calle de Elvira..."

La Alhambra, en Granada.

Chary Arbolí

Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.

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Siempre hay una buena excusa para visitar Granada, asomarnos a ella desde cualquier perspectiva, descubrirla o volverla a sentir. Además del enfoque cultural y literario que deseamos, este viaje de los clubes de lectura de la biblioteca pública de Sanlúcar la Mayor (Sevilla) tuvo algo especial y anecdótico con respecto a los anteriores de nuestros clubes de lectura. Hasta ahora sólo íbamos los lectores, pero en esta ocasión nos acompañaron otras personas interesadas, usuarios de la biblioteca y parejas de algunos miembros. Subimos al autobús 20 mujeres y 4 hombres, en esta ocasión algunos más, pero el sector masculino sigue resistiéndose a participar. La ciudad ya era conocida por todas, así que la ruta elegida tenía que ser  diferente y atractiva. Llevábamos a Lorca en nuestro pensamiento pero íbamos también a buscarlo en su ciudad natal.

 

Granada, calle de Elvira, / donde viven las manolas, /las que se van a la Alhambra, /las tres y las cuatro solas. /Una vestida de verde, /otra de malva, y la otra, /un corselete escocés /con cintas hasta la cola.

Como siempre ilusionadas, alegres y con los sentidos abiertos, como si viajáramos por primera vez, comenzábamos a disfrutar del fin de semana. Leímos durante el viaje poemas de Federico y también cantamos los versos de Miguel Ríos, “Vuelvo a Granada… vuelvo a mi hogar…”, mientras el paisaje se colaba por las ventanillas.

Durante nuestras breves estancias literarias hemos tenido diversos alojamientos: casa rural, hotel, albergue y esta vez La Hospedería Comendadoras de Santiago fue nuestra peculiar morada durante el fin de semana. Un convento creado en 1501 que fue la primera fundación de religiosas femeninas de Granada. Desde hace varios años y para no vivir de los donativos, las propias monjas, en su mayoría indias, son las que se encargan de su funcionamiento. Nos beneficiamos de una buena ubicación, precios asequibles y ambiente acogedor. Algunas evocamos el tiempo de los internados infantiles donde vivimos varios años: largos pasillos de mármol, días tristes, olor a sopa y silencio interrumpido por el rezo del rosario. Aquí las religiosas siguen llevando hábito y estamos rodeadas de santos pero huele a comida casera y el alma está tranquila, aunque seguimos hablando  entre murmullos.

Deseábamos aprovechar al máximo el tiempo limitado en la ciudad así que contamos con el  servicio de algunos guías pertenecientes a la Asociación Pura Vida, entidad cultural sin ánimo de lucro compuesta por escritores, artistas y trabajadores de la cultura. Dedicaríamos un día a la ciudad y otro a García Lorca.

"Dale limosna, mujer,/que no hay en la vida nada /como la pena de ser /ciego en Granada", leímos en un azulejo mientras paseábamos en la noche granadina después de cenar. No fue fácil encontrar sitios para comer 24 personas sin reserva, pero la suerte estuvo de nuestra parte en la Corrala del Carbón, asador tradicional muy recomendable. Se hizo tarde y no había mucha gente por las calles, la mayoría estudiantes celebrando el viernes. Cualquier  rincón nos parecía sugerente, bohemio. Nos atraía la historia y la magia de sus callejones bajo la penumbra de las farolas.

El sábado amaneció gris pero eso no mermó nuestra curiosidad por subir de nuevo al autobús para comenzar  la jornada por uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad:  El Sacromonte.  Lo que más nos atrajo de este pintoresco lugar a las afueras de Granada fue su emplazamiento privilegiado. Se podían admirar  las impresionantes vistas a la Alhambra, el Albaicín, el río Darro y los picos de Sierra Nevada. El primer fin de semana de febrero suben en romería todos los granadinos en honor al patrón de la ciudad, San Cecilio, primer obispo de Granada, cuyos restos fueron encontrados en este lugar. Y nosotras lo celebramos porque llevamos a un compañero con el mismo nombre, nuestro patrón del viaje. Este maravilloso complejo artístico, cultural y religioso se compone de las Santas Cuevas, la Abadía del siglo XVII-XVIII, el Colegio del siglo XVII y el Seminario. La Abadía del Sacromonte está situada en la cumbre del monte Valparaíso y conserva un valiosísimo patrimonio cultural, artístico y religioso, aunque no todo se puede ver.

Inmortalizamos nuestra imagen en su precioso patio, con más de 28 arcos de medio punto, y lo más interesante fue la visita a las Santas Cuevas en las que durante el siglo XVI se hallaron una serie de reliquias y textos, además de la aparición de los libros plúmbeos, placas de plomo escritas en árabe donde se narraba el martirio de algunos santos. Nos llamó la atención ver la Estrella de David, el símbolo de los judíos, en diferentes lugares de la abadía. Granada fue sede de muchas culturas y esta podría ser la razón de que dejaran su huella, no sólo en el Sacromonte sino también  en otros lugares de la ciudad .

También quisimos visitar las otras Cuevas del Sacromonte, de carácter más profano. Se empezaron a habitar a finales del siglo XV por judíos y moriscos que aprovecharon las grutas naturales que ya existían. A partir del siglo XVI los gitanos se asentaron en ellas y las ampliaron excavando en la roca, convirtiéndolas en casas-cueva, donde normalmente convivían con los animales. Los lavaderos y los aseos eran comunitarios y se encontraban  en el exterior de las viviendas.  En el Museo Etnográfico del Sacromonte se recrea, a lo largo de 10 cuevas, las condiciones de vida y los oficios tradicionales de sus habitantes, y las cuevas están decoradas con las herramientas y los elementos básicos que usaban sus pobladores en aquella época. Y llegamos nosotras queriendo fotografiar todo, admirando la cerámica, sentándonos en el telar, con los aperos de labranza y las trenzadas cestas de mimbre. Imaginamos la forma de vida de sus habitantes y nos maravilló lo primitivo de las instalaciones al mismo tiempo que apreciamos el entorno acogedor de las cosas sencillas.

La lluvia nos acompañó casi todo el día y por la tarde fuimos a la calle de la Calderería Nueva, más conocida como calle de las Teterías, donde apetecía sentarse a disfrutar de un té, saborear los dulces árabes y por qué no, fumar en cachimba. Llamado el pequeño Marrakech de Granada, esta zona está repleta de lugares en los que descubrir la cultura árabe, a través de comercios y artesanos. Llegamos a la Hospedería mojadas y con algo de frío pero nos reconfortó la agradable y gustosa cena de nuestras monjas. La jornada terminó con la visita nocturna al monumento más emblemático de la ciudad, algo que nadie del grupo había realizado.

Visitar La Alhambra de noche nos envolvió en maravillosas sensaciones que no siempre habíamos descubierto al contemplarla de día. Parecía que todos los sentidos estaban más abiertos para acoger lo que nos llegaba: los sonidos del agua, las luces y las sombras, los relieves de las yeserías, el olor de las flores…  Al ser menor el número de turistas permitidos era posible disfrutar con más calma de la belleza del entorno, aunque los expertos más puristas creen que  puede resultar algo artificial, porque su diseño no estaba pensado para la luz eléctrica. Para nosotras ha sido todo un lujo poder apreciar esta maravillosa ciudad nazarí desde otra perspectiva y aprender a “mirar” gracias al extraordinario oficio de nuestro guía. A nuestros pies dormía Granada, mientras todavía estábamos en un nivel superior, iluminadas por la Alhambra.

El domingo nacía espléndido y esperábamos temprano a nuestro cicerone en el centro de la ciudad, en la Plaza Mariana Pineda, bajo la estatua que rinde homenaje a la heroína de Granada que murió en defensa de la libertad durante el absolutismo de Fernando VII. No es casualidad que comencemos este agridulce domingo con la figura de una mujer granadina, mártir muy joven de la causa liberal y a quien Lorca dedicará una obra de teatro.

Detuvimos nuestros pasos delante del Centro Artístico Literario y Científico de Granada, nacido a finales del siglo XIX por la necesidad de los artistas y creativos de la época de tener un lugar donde compartir y exponer sus inquietudes, al mismo tiempo que  para mostrar sus creaciones. Federico García Lorca ingresó como socio en 1915 con 15 años. Desde muy joven estuvo vinculado a la cultura, tal vez intuyendo que su vida sería muy intensa, pero corta. Hay en el ambiente sentimientos contradictorios porque vamos en busca de Lorca a través de sus lugares y el recuerdo de sus vivencias, pero su fin trágico tiñe la experiencia de cierta angustia contenida. Comenzamos por el final, su última residencia, la Huerta de San Vicente, la casa de verano de la familia García  Lorca  desde 1926 hasta 1936.

"Estoy en la Huerta de San Vicente, una preciosidad de árboles y agua clara, con Granada enfrente de mi balcón, tendida a lo lejos con una hermosura jamás igualada…", escribe Federico a su amigo y paisano Melchor Fernández Almagro en 1928. Fue en ella donde el poeta escribe algunas de sus obras más relevantes, como Romancero gitano, Yerma y Bodas de sangre. Convertida en Casa-Museo en 1995, está rodeada por un parque que lleva el nombre del poeta y la gran finca tiene como centro el que fue su hogar. Lamentablemente no pudimos entrar porque estaban restaurándola, pero nos informaron que la mayoría de enseres, obras de arte y objetos son originales y muestran aspectos de la vida cotidiana y la obra de Lorca. Paseamos por el parque y los alrededores. Escuchamos el canto de los pájaros en una atmósfera ideal para caminar, leer o meditar. Sosiego y misterio al contemplar este hogar que quedó mudo cuando se llevaron a Federico, mientras nos hacemos fotos junto a la fachada, en la puerta que le dijo adiós .

Continuamos en autobús y en orden cronológico inverso, hacia la casa natal del poeta en Fuente Vaqueros, a 17 kilómetros de Granada. Federico García Lorca nació el 5 de junio de 1898 en la casa de la maestra del pueblo, su madre. Una típica casa de labranza construida en 1880, lugar donde pasó sus primeros años de infancia. En 1986 comenzó a funcionar como museo con objeto de “mantener viva su memoria y convertirla en un espacio desde donde incide la emoción del recuerdo, se alimenta su ideario y se proyecta su figura”. Al entrar viajamos en el tiempo a través del universo íntimo de la infancia del poeta. Paseamos por el comedor, la cocina, los dormitorios… pero fueron las imágenes las que más nos emocionaron. Sobre el piano familiar vimos una foto de Federico pulsando sus teclas y la emoción recorrió el camino del corazón a los ojos. Algunas miradas líquidas se entrecruzaron en la estancia detenida.

El granero se ha convertido en sala de exposiciones donde pudimos leer sus cartas, mirar sus dibujos, contemplar antiguas ediciones de sus libros y algunas de las pocas imágenes que se conservan de Lorca, con sus compañeros del grupo de teatro La Barraca durante su viaje a Montevideo. La rabia se colaba entre las vitrinas y a través de las vigas del granero, mezclándose con nuestra profunda admiración. Y es que volvimos a lamentar tristemente la pérdida prematura del poeta con mayúsculas, del creador de obras inmortales, del artífice del teatro universitario, y sobre todo nos dolía el asesinato absurdo del hombre joven, libre, alegre, inquieto y con mucha vida por delante. Salimos a la plaza que el municipio dedica a Federico e hicimos una lectura improvisada, en voz alta, de algunos de sus poemas. Volvieron la emoción y también la calma en nuestro sencillo homenaje. No queríamos marcharnos con el corazón enojado.

Un pequeño arroyo de montaña en la sierra de Huétor, entre jaras y retamas es el inicio del río Darro. Se trataba de nuestra última parada y nos apetecía terminar esta ruta con un nacimiento. En el paraje llamado Fuente de la Teja nos rodeaban enormes arces, sauces y alisos dando sombra a las aguas de los manantiales. Nos asomábamos a una gran alberca de agua cristalina , recién surgida de la tierra  y poblada de una diversa vegetación con múltiples tonos de verde. Los romanos lo bautizaron como Dauro, el río que "da oro" y los árabes como Hadarro, aunque esa tonalidad que las piedras adquieren en los inicios de su cauce se debe a mineral de hierro y cobre y no a la presencia del preciado metal amarillo.

En el camino de vuelta pasamos por el Barranco de Víznar, aunque no paramos y en cierto modo lo agradecimos. En este entorno, donde podrían yacer 2.000 víctimas de la Guerra Civil, es donde se cree que fue fusilado Federico García Lorca en la madrugada del 18 al 19 de agosto de 1936.

 

Quiero dormir el sueño de las manzanas,alejarme del tumulto de los cementerios.Quiero dormir el sueño de aquel niñoque quería cortarse el corazón en alta mar  (…)Porque quiero dormir el sueño de las manzanaspara aprender un llanto que me limpie de tierra;porque quiero vivir con aquel niño oscuroque quería cortarse el corazón en alta mar.  

Y los clubes de lectura de Sanlúcar la Mayor terminaron otro viaje cultural, literario, intenso, hermoso y mágico.  El grupo regresó cansado pero repleto de nuevas sensaciones y experiencias. Como de costumbre, nos quedaron muchas cosas pendientes para poder volver en otra ocasión. Llevamos una nueva mirada sobre esta ciudad cosmopolita y culta, mestiza y generosa. Siempre en nuestros corazones, Granada libre y eterna de Mariana y Federico.

Lorca, "virtud y tragedia de España"

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