Cultura

Tras la máscara del Robin Hood de Vallecas

El Robin Hood de Vallecas, ataviado con una máscara, y el cineasta Elías León Siminiani.

"Caen el Robin Hood de Vallecas y su banda de las alcantarillas". Fue uno de los titulares que se publicaron allá por septiembre de 2013, cuando C. I. fue detenido por atracar dos sucursales bancarias en la ciudad de Madrid, a las que había accedido por el método del butrón desde las alcantarillas. "¿Sabéis quién soy? Soy del Rayo, el Robin Hood de Vallecas. Voy a robar el dinero de Botín". Eso decía el jefe de la banda a los empleados de las oficinas, según la prensa, y eso leyó el cineasta Elías León Siminiani (Santander, Cantabria, 1971), uno de los mejores documentalistas del panorama español. A partir de ahí, claro, su imaginación empezó a volar. ¿Y si aquello era el comienzo de esa película de atracos con la que soñaba desde siempre? Entonces decidió enviar una carta a ese tal Robin Hood, aún sin nombre, que esperaba el juicio en prisión provisional. Pero, claro, la vida no se parece en (casi) nada al cine, y en lugar del filme negro perfecto, Siminiani acabó rodando Apuntes para una película de atracos (en los cines desde el 5 de diciembre). 

"Soy un enamorado del cine negro, y las operaciones que he tenido que hacer en esta película han sido pasar de mi fantasía cinéfila a mi realidad vallecana", cuenta León Siminiani por teléfono. Este juego, la evidencia de que el documental es el resultado de algo que no fue, está presente desde el título. Es una referencia a los documentales —Appunti per un film sull'India, Appunti per un romanzo dell'immondizia, Appunti per un'Orestiade Africana— que Pier Paolo Pasolini filmó en preparación para películas futuras que jamás llegaron a rodarse. En ese sentido, este nuevo largometraje documental es heredero de Mapa, con el que se dio a conocer el director en 2012 y que acabó siendo nominado al Goya. Aquel era el relato de una historia de amor que no va como se espera y de un proceso de autodescubrimiento que se aleja del camino marcado por la autoayuda. Con todas sus diferencias, los dos largometrajes acaban hablando de lo mismo: de la vida, esa fuerza extraña que derrumba cualquier plan y acaba con cualquier guion cinematográfico

De justiciero a atracador familiar

Primero, aquel tipo que le esperaba al otro lado del cristal del cubículo de la prisión de Estremera no era el tipo rudo que Siminiani temía: "Creía que iba a ser una persona con la que me costase conectar y que igual no entendía ni lo que yo quería hacer ni el tipo de persona que puedo ser yo. Y lo cierto es que él no correspondía, tal y como me lo describió el policía, al perfil psicológico de lo que suele ser un atracador". De igual modo, el cineasta comenzó imaginando a un Robin Hood movido por la injusticia social: ¿no habría sido fantástico que en sus robos a una sucursal de Bankia y otra del Santander se reflejara el momento de tensión que vivía España? Sin duda, pero las muchas conversaciones mantenidas entre el cineasta y el atracador, apodado en la cinta como Flako, descartaban ese enfoque. "Cuando fui conociendo más al Flako", admite Siminiani, "me di cuenta de que sus motores no tenían que ver con la acción política. Imponerlo hubiera sido meter mi agenda". El documentalista cinéfilo comienza a rendirse ante la realidad. 

Porque lo que había tras esa figura contundente que aparecía en los vídeos grabados por la policía era una historia familiar. La de su padre, también atracador, ausente cuando él era un niño. La del joven que aprende junto a él un oficio, el de butronerooficio, estudiando los miles de kilómetros de alcantarillado que recorren el subsuelo de Madrid, conociendo qué tapas valen, qué bancos son accesibles desde abajo, qué túneles se pueden recorrer. La del Flako, cuya pareja se pone de parto el mismo día de su detención, y que se ve repitiendo el trauma familiar del padre encarcelado. De fondo, la figura de Albert Spaggiari, patrón de los ladrones del subsuelo y autor del "robo del siglo" que en 1976 desvalija una sucursal de la Société Génerale de Niza. Flako firma las cartas con su lema, "Sin armas, sin odio, sin violencia", aunque en sus golpes sí portaban pistolas. "El darme cuenta de que estaba ante un personaje extraordinario me animó a continuar", dice Siminiani, que señala la "necesidad de expresión" de su personaje. De hecho, en enero la editorial Libros del KO editará sus memorias, tituladas Esa maldita pared

Un protagonista ausente

León Siminiani inserta en Apuntes para una película de atracos, como hizo en Mapa, las dificultades de la producción. Aquí, el desafío apareció con la oposición de la abogada y de la pareja de Flako a que participase en el documental. La película respeta a rajatabla la estructura del cine de género: presentación de personajes, preparación y golpe. Solo que en todas ellas el protagonista está ausente. "El reto es construir un personaje en torno a una persona que no se puede ver, es como en Mapa construir un documental en torno a una persona [un desengaño amoroso] que se ha ido", cuenta el director. Se saca entonces de la manga un truco cinematográfico al que no era ajeno: si su personaje no está, él da un paso al frente y se pone delante de la cámara. Aparece en escena Ainhoa, su pareja. Se establece un paralelismo entre la paternidad de Siminiani y la de Flako, porque sus hijos nacieron casi a la par. Y son ellos dos, Ainhoa y Elías, quienes realizan, como atracadores profesionales a las órdenes del Robin Hood de Vallecas, toda la preparación. 

"Yo quería respetar esa estructura, lo que no sabía es que lo iba a hacer con Ainhoa. Yo había pensado en hacer eso con él, o solo, porque él tiene una orden de alejamiento de esos bancos", cuenta el director. La pareja se encarga, primero, de averiguar si los bancos valen para el robo: tienen que hacer esquina para tener la certeza de que la alcantarilla lleva a sus bajos, y ser edificios antiguos con sótano. Visitan los lugares del crimen como si trataran de emularlo. Y, finalmente, es el propio Siminiani el que baja a las alcantarillas siguiendo un mapa trazado por Flako. "Tanto el policía como él me decían: 'Hasta que no bajes no vas a entender'. Yo supe que tenía que bajar. Pero me daba miedo, no sé... Entonces bajé una vez, lo hice, no pasó nada ni me dio ansiedad", recuerda. Bajó siete veces acompañado por poceros del Ayuntamiento de Madrid, y la última vez, la que aparece en pantalla, recorrió los mismos túneles que Flako había utilizado para acceder a uno de los bancos. Allí seguía, por cierto, el agujero realizado por la banda. (Un inciso, en palabras de Siminiani: "Los poceros del Ayuntamiento es para hacerles un reportaje chulo. Te cuentan cosas desde haberse encontrado un muerto a haberse encontrado un coche").

Pero llega un momento, cuando Flako sale de la cárcel, que la película bascula. Acuerdan que podrá aparecer en cámara, ataviado con una máscara —muy cinematográfica— construida para la ocasión. Entonces el atracador pasa, por fin, a protagonizar su película, León Siminiani da un paso atrás hasta el punto de cederle la voz en off. "Aquí", cuenta el cineasta, "se da todo la vuelta. Si él me había enseñado su técnica, yo le enseño la mía". Flako cuenta en primera persona la historia de su familia, los avatares del oficio, sus inquietudes expresivas. Como antes ha hecho el director. Aunque Siminani aclara que esta aparente exhibición de Flako está perfectamente pautada con una asesoría legal —"Él está pagando por su condena sus penas y tiene un expediente de reinserción inmaculado. Pero son temas delicados, no es él solo, es el mundo que hay detrás..."— y con su familia. 

Siminiani habla desde las oficinas de Bambú, la productora con la que trabaja en una serie documental sobre los crímenes de Alcàsserpara Netflix. El proyecto le llegó después de realizar Lo que la verdad esconde, una producción similar sobre el caso Asuntacaso Asunta. Pero no ve estos encargos como algo ajeno a su filmografía: "Asunta fue importante porque me dio una serie de apuntes que ampliaron mi mirada sobre la sociedad. La vocación periodística era mucho mayor y me hizo acercarme a un sumario, a un juicio. Todo eso no deja de ser una labor de aprendizaje de una persona que viene de hacer una película super cinéfila muy embebida en sí misma". Mientras, fantasea con hacer otra película con Ainhoa —"Eso, si me sigue soportando"—, una especie de continuación de Mapa que se enmarcara en la genealogía de trabajos como la serie británica Seven Up! o Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta, "emblemas cinematográficos del paso del tiempo". Pero Siminiani ha aprendido que la vida dicta. A saber qué documental le puede asaltar mañana mismo desde las páginas de un periódico. 

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